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Bienvenidos a Bolivia

Un muñeco cuelga del letrero luminoso donde se marca la velocidad de los automóviles. Amenaza muda ¿para quiénes? Rateros, violadores, estafadores y, supongo en esta área rural, opositores al mal dicho “proceso de cambio”. Carteles adulterados del 21F hablan de 21 fortalezas. Evo Morales va formando una muralla china, supuestamente inexpugnable, para ya no salir jamás del poder, para hacer del lucro y del aburrimiento su modus vivendi que es aquel de cualquier estático mediocre.

¿Implica el monigote atormentado allí en los cables eléctricos que el mentado proceso ha hecho de todos jueces? ¿Dioses? ¿Jueces-dioses? Alguien sugiere que luego de García Meza es García Linera el más funesto personaje de la historia nacional. Otros afirman que él y Zavaleta Mercado exceden al resto en brillantez y genio. Lo cierto, fuera de las elucubraciones en pro y en contra, es que hay gente arriba que quiere permanecer arriba, olvidando la anécdota de aquel Lucifer, hijo predilecto entre los ángeles que luego se insume en el abismo. El paraíso perdido… lo pensaba el ciego Milton, tal vez contemplando de joven, cuando caminaba por París en la compañía de Corneille, la pompa y el desenfreno del cardenal-duque, Richelieu, y los genes de lo que terminaría en pingajos de carne colgados por las calles francesas, cuando los sans culottes eliminaban todo lo que siquiera oliera un poco bien, el perfume de la burguesía.

Nada permanece, ni los atormentados amores. Las horas barren los desperdicios. No hay instantes de pérdida, las cosas se van sumando a un largo listado que sin falta ha de tener fin. Ilusos los que creen que con cartelitos de colores, con machetes, cánticos y azules colores que podrían ser mussolinianos, podrán aferrarse a un sitio. El agua fluye y si no lo hace se estanca y se seca. La greda que era viscosa suele solidificarse como el concreto del cual nada escapa.

Bolivia aparenta lentitud; es quizá lenta, aguantadora, sufrida, callada, la cima del martirologio americano pero no va por ahí. Cuentan los que no saben leer historia con características que a pesar de su profundidad tienen que ser superficiales. Si se rasca la herida, sangra, y ni el cuero más férreo, ni el acero, resisten al final. Hay maneras en que hasta el objeto más duro se ablande… o sea enterrado. Así como nada permanece, todo sucumbe, y Bolivia, Evo Morales, García no son excepción. En algún momento de la fiesta se toparán con la máscara de la muerte roja (Poe) y ni siquiera serán historia sino otro desperdicio barrido por las tormentas. Tal vez resistan menos que cualquier amor atormentado porque se trata solo de comercio y no hay asidero real desde el cual puedan volcar la tortilla. Nefasta fatalidad para algunos; alivio de otros.

Se pueden colgar muñecos, muchos. Degollar perros, demasiados. Nada va a alterar lo dispuesto, ni la lujuria verbal linerista (o su pornografía), ni el misticismo metalizado del señor Morales, ni el canibalismo cocalero en desenfreno, ni las hienas de falda y sombrero que le dan el añadido ¿femenino? a la tragedia. Tampoco al otro lado, en el puente opositor, tienen más que ganar que de perder. No hablemos de destino sino de procesos históricos donde los histriones poco o nada tienen que ver.

¿A qué apostar entonces si la taba que arrojamos ya va cargada? No sé, nadie quiere representar ser un simple catalizador. Todos apuntamos en relación a nosotros a niveles superiores a la realidad. Nos damos importancia que no tenemos. Eso, sumado a la estupidez, produce déspotas como los que nos rodean, que se creyeron el cuento del rey de las pelotas de oro o el mero chingón de la fábula machista.

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