Hace algunas semanas, Bolivia y Chile firmaron un “memorándum de entendimiento”. Según la prensa, ese memorándum incluiría temas como comercio, turismo, conectividad aérea y gestión fronteriza; y también la modernización del ACE 22.
Ese acuerdo (ACE 22) es el menos ambicioso de todos los que firmó Bolivia. Baste decir que es el único firmado por nuestro país (y me animaría a decir que el único vigente en toda Latinoamérica) que corresponde al nivel de “Zona de preferencias arancelarias”, que es el menos ambicioso de todos. De hecho, actualmente todos los acuerdos de integración –incluso los más modestos– se conciben a partir de una “Zona de libre comercio”.
Incluso en el ámbito académico, en Bolivia debe mencionarse el nivel de “Zona de preferencias arancelarias”, aunque en varios textos editados los últimos años este nivel ya ni se menciona. Si se quiere estudiar ese nivel de integración, debe recurrirse a textos antiguos, o mejor aún, al libro “Teoría de la integración económica”, del economista húngaro Bela Balassa, base teórica de los distintos niveles de integración… editado el año 1961. Ese es el grado de obsolescencia del ACE 22 con Chile
En tal sentido, es una buena noticia que se quiera “modernizar” ese acuerdo, aunque esa intención se vería limitada por los niveles estándar de integración, que se traducen básicamente en rebajas arancelarias.
A estas alturas del s. XXI, estoy convencido de que –aunque mayores preferencias arancelarias siguen siendo convenientes– se debe apuntar a otro tipo de acuerdos, que no se limiten a pensar solo en pagar y/o cobrar menos aranceles, sino a concebir nuevos tipos de acuerdos, que permitan aprovechar no solo las características geográficas y ventajas absolutas, comparativas y/o competitivas de los países firmantes, sino las características de cada país, procurando que éstas sirvan para lograr beneficios para todos los países involucrados de manera natural en cierto rubros de negocios que fluyen con mucha mayor eficiencia en ausencia de barreras de todo tipo.
Bolivia ya forma parte de la CAN, tiene acuerdos comerciales prácticamente con todos los países de la ALADI, y está considerando su ingreso pleno al MERCOSUR. Añadir mayores preferencias arancelarias estaría bien, pero esto no representaría un avance cualitativo importante. Lo que Bolivia debe hacer es identificar con qué otros países le conviene trabajar de manera conjunta, y en qué rubros.
Veamos las posibilidades que ofrece la búsqueda de nuevos acuerdos con los países limítrofes:
Chile
Queda claro que el acuerdo menos ambicioso firmado hasta ahora es el ACE 22 con Chile, que es quizás el socio potencial más atractivo para nuestro país, bajo un criterio de complementariedad económica. Debe trabajarse con Chile para lograr un acuerdo que busque generar beneficios para ambos países, aprovechando el potencial de cada cual.
Consideremos los siguientes hechos:
- Chile es un actor clave en logística y transporte por el océano pacífico, y Bolivia carece de salida al mar.
- Chile es líder regional en ciertas ramas de minería, incluyendo las referidas al litio, y Bolivia tiene grandes reservas de este mineral.
- Chile conforma, junto a Argentina y Brasil, el llamado “Triángulo del litio”.
Reiterando la obvia complementariedad entre Bolivia y Chile en estos rubros, debería resultar natural el empezar a trabajar en un acuerdo más allá de los niveles de integración que habitualmente se usaban en el siglo pasado. Debemos ser capaces de pensar ya no en un acuerdo que nos permita comerciar entre ambos países, sino en uno que nos permita trabajar juntos, tal como nuestras complementariedades e intereses lo muestran, de cara al mundo.
Brasil
El gigante sudamericano es un socio siempre interesante no solamente por su tamaño, sino porque es un país limítrofe al nuestro, y con demandas inmensas que bien podrían ser satisfechas –al menos en parte– por Bolivia.
Debería buscarse un acuerdo comercial de amplio alcance (especialmente si se decide no formar parte del MERCOSUR). A mediano/largo plazo, Bolivia debería buscar un acuerdo de cooperación energética. Para eso, nuestro país debe priorizar la exploración de nuevos campos gasíferos (tarea descuidada por casi dos décadas), y trabajar en la generación de energía eléctrica. De manera natural, estos acuerdos se relacionarían con algunas industrias, como siderurgia, fertilizantes y agroindustria.
Perú
Bolivia y Perú son socios naturales no solo por aspectos geográficos, sino también culturales e históricos. En los hechos, como ambos pertenecen a la CAN, ya no se necesita otro acuerdo comercial (lo mismo aplica a Colombia y Ecuador).
Sin embargo, Perú parece ser un socio con gran potencial para integrar las cadenas de producción minera, y para trabajar juntos en temas logísticos, retomando el tema de los corredores interoceánicos, en el que se empezó a trabajar hace ya algunas décadas (en los años en que se hablaba de la Zona Franca de Ilo). Considero que hay potencial en ese tema, aunque deberían actualizarse las prioridades de ambos países.
Argentina
El caso argentino es especial. Su alta inestabilidad política y macroeconómica exigen prestar atención tanto a esos temas como a nuevos planes de acuerdos y similares.
De todas formas, más que pensar en acuerdos comerciales (que podrían considerarse, de todas formas, sobre todo si Bolivia finalmente decide no entrar al MERCOSUR) creo que el tema a considerar con nuestro vecino del sur es el energético (ya se mencionó el “Triángulo del litio”).
Este análisis se enfoca en la posibilidad de un trabajo conjunto, debido a que Bolivia es limítrofe con todos los países mencionados, y eso no deja de ser una ventaja para nuestro país.
No debe olvidarse, sin embargo, la posibilidad de relacionarnos comercialmente con países más allá de nuestras fronteras, incluso fuera del continente, bajo nuevos esquemas de acuerdos integrales (que podrían o no incluir temas arancelarios).