El desahuciado
Estéfani Huiza Fernández – Bolivia
Un buen caballero, uno culto e inteligente que hace uso de su erudición para copular y tener a quien le plazca, un buen día se enamoró. Desde entonces, vive desahuciado, adorando un matrimonio que él mismo ha matado y durmiendo en una cama que comparte con aquella que no ama.
Un cuento de hadas devaluado
María Elena Lorenzin – Argentina
La joven desfallecía de amor; así lo intuían los atribulados padres. Fueron inútiles sus esfuerzos por hacerla entrar en razón.
Enamorarse de un sapo, en los tiempos que corren, carecía de toda lógica.
Y de cualquier futuro monárquico.
Micro-ronda para no pensar
Nélida Cañas – Argentina
La niña llegó hasta el río por un sendero cortito. Se quedó a escuchar rumores sin pensar en nada más. Su mano rozó una piedra redonda como la luna y la arrojó sin pensar. Los círculos se hicieron leves, listos para acariciar a la luna que brillaba sin pensar en nada más. La niña quiso tocarla y se arrojó sin pensar. Un chapuzón luminoso la hizo girar y girar. La luna salió del agua con la niña de la mano hasta el sendero cortito, que la dejó por acá. Ahora caminan juntas sin pensar en nada más.
La mirada de Delon
Araceli Otamendi – Argentina
Esa noche, Juan me invitó a ver un film de Alain Delon. Dejamos los apuntes de la facultad, compañeros agotados por los exámenes, y nos refugiamos en un cine de la calle Lavalle. El film, puro magnetismo, nos hipnotizó. Al salir, bajo un cielo bordado de estrellas, Juan me tomó la mano y, con el corazón al descubierto, se declaró. Estuvimos juntos cincuenta años. Construimos una vida: hijos, nietos, recuerdos cosidos con amor. Pero Juan se fue, apagado por un amanecer frío. Ahora, en la soledad de mi casa, miro nuestra foto y siento que la mirada de Delon, intensa y eterna, me lleva de vuelta a esa noche donde todo empezó.
La superstición
karla I.Herrera – Honduras
—No te acerqués a la milpa. Quedáte en casa y ayudá a tu mamá en los quehaceres.
—Debo ir a dejarles el almuerzo y los utensilios.
—¡Te dije que no! No te queremos cerca de los cultivos mientras estés con la regla. Recordá lo que repetía el abuelo sobre los flujos del cuerpo: <<las mujeres en sus días estropean los sembradíos>>. ¡Si serás ave de mal agüero!
—No entiendo por qué no habría de ir, si mi mamá lo hace todo el tiempo, especialmente cuando está enojada con vos. Dice que con la «sangre de allá abajo» te devuelve tus mentiras y tus calenturas con la Agripina.
—¡Qué mujer más vengativa! Ahora entiendo todo.