Maurizio Bagatin

Las casas no acaban nunca de construirse, el revocado carece de final, la pintura casi no existe. El mundo andino es así: lugares y espacios sin fin y sin acabarse. Sigue el abismo entre el campo y la ciudad, el mundo rural está abandonado a la nostalgia que logró sembrar el tiempo, el mundo campesino de ayer en el salvaje retorno que será antes de que muera la esperanza.

Lugares y espacios, parcelas revolucionarias y tiempos inmóviles, movimientos que solo han cambiado algunas fisionomías, mínimamente los trajes y el color de la bandera. Todo cambia y nada cambia, millones de años y siempre así en la espera y en la desesperación.

“Las perdidas nunca serán expuestas, cuanto hemos perdido para siempre”, eternamente simple la respuesta de lo que ocurrió y de lo que nunca ha ocurrido…el sol de invierno que cambia las proyecciones de nuestras sombras, el color de las flores del tajibo y de las estrellas de Navidad, dos oxímoros del invierno valluno…mientras el tiempo ofrecía su lugar a muchas cosas. Un día acariciamos los discos LP, en sus rayas descubrimos el tiempo, como en los anillos de un árbol, la voz de Ella Fitzgerald o el fuego. Otros momentos, en otros lugares y espacios, los ojos de una mujer, ahora ya señora, que entraron en nuestro imaginario sin dejarnos paz alguna; será como al mirar las fotos del pasado -que son siempre de ese tiempo- en un lugar que hoy nunca encontraremos como ayer -nosotros tampoco estaremos ahí ahora- construyendo otros lugares y otros espacios, eternamente.

También los ríos necesitan de una tierra sobre la que fluir. Dejo filtrar la primera fuente de felicidad, la imaginación.

Imagen: Dominante en azul (Alfredo La Placa – 1960)