Lucrar con los pobres

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Mientras más contrariedades experimenta, el presidente López Obrador se vuelve más locuaz. Perdió al presionar a la Corte para que fuera presidida por una ministra afín a sus intereses. La designación de la Dra. Norma Piña Hernández fortalece la independencia de ese organismo, en contra de los propósitos del presidente que detesta los equilibrios institucionales.

Como perdió su favorita, debido a la triste fama que adquirió cuando se supo que hizo fraude con la tesis, López Obrador se quiso desquitar con el escritor que dio a conocer ese plagio. El prestigio de Guillermo Sheridan, uno de los investigadores de la UNAM más destacados en el estudio de las letras mexicanas, se encuentra más allá de la maledicencia presidencial. Pero López Obrador comete un reprobable abuso de poder (que podría ser reclamado legalmente) cuando calumnia como lo hace en contra de ese escritor. 

El miércoles 4 de enero el presidente hablaba de Sheridan y, brincando de un tema a otro como acostumbra, terminó describiendo su utilitaria concepción del combate a la pobreza. Dijo que, en una reunión con empresarios, “les hice ver que para transformar se necesitaba una base social y que además era uno muy feliz ayudando a los pobres”. Ese alborozo no se debe a que mejore la condición de las personas a las que dice ayudar, sino a que se convierten en clientelas suyas. 

López Obrador se ufanó de tener la adhesión política de los beneficiarios de ayudas sociales que entrega su gobierno: “ayudando a los pobres va uno a la segura, porque ya sabe que cuando se necesite defender, en este caso la transformación, se cuenta con el apoyo de ellos, no así con sectores de clase media, ni con los de arriba, ni con los medios, ni con la intelectualidad. Entonces, no es un asunto personal, es un asunto de estrategia política”.

Así que el presidente se interesa en los pobres porque son más agradecidos: pesos a cambio de votos. Se trata de un trueque tan desvergonzado que la sociedad mexicana decidió suprimirlo, o al menos dificultarlo, con las reglas que prohiben el empleo faccioso de recursos públicos y garantizan la libertad del voto. López Obrador y su partido quieren llevarnos de regreso a aquella época de simulaciones y antidemocracia.

El presidente dice con todas sus letras que, a los pobres, los “ayuda” a cambio de su apoyo. Las clases medias y “los de arriba”, no le resultan así de manipulables. Lo mismo, medios e intelectuales que expresan las discrepancias razonadas que le irritan sobremanera a López Obrador. Con los pobres, considera que “va a la segura”. 

Los pobres no pueden decir lo mismo. Hoy en México, con el gobierno de López Obrador, hay más pobres que antes. A pesar del discurso presidencial, los programas sociales reciben menos recursos. Aunque el monto en pesos es ligeramente mayor al de otros periodos, el porcentaje del PIB dedicado a gasto social federal osciló entre 4.2% y 4.7% entre 2019 y 2022. En los tres primeros años del gobierno de Peña Nieto el gasto social federal había sido de entre 5.3% y 5.1%. Ese cálculo, a partir de información oficial, es del investigador Máximo Ernesto Jaramillo Molina, de la Universidad de Guadalajara y del Instituto de Estudios sobre Desigualdad. 

Al destinar la mayor parte del gasto público a obras de discutible utilidad social (aeropuerto en Santa Lucía, Tren Maya, refinería) López Obrador no privilegia los recursos para combatir la pobreza. El crecimiento del país ha sido precario y sin desarrollo económico es imposible revertir el empobrecimiento de los más desamparados. Las ayudas financieras, por otra parte, son paliativos pero no suscitan cambios estructurales.

Con López Obrador, las ayudas públicas se distribuyen a través de padrones confeccionados de manera clientelar e improvisada. El resultado ha sido que, ahora, hay menos personas que reciben apoyos del Estado. En 2016, el 67% de los mexicanos más pobres obtenía ayuda de al menos un programa social. En 2020, era únicamente el 43% En otras palabras: el 57% de los mexicanos en condición de pobreza extrema no recibía apoyo alguno. 

En cambio, durante este gobierno la cantidad de mexicanos que no son pobres, pero que reciben apoyos oficiales, pasó de 20% en 2018, a 27% en 2020.

Con López Obrador hay menos recursos públicos para los más pobres y, en cambio, quienes tienen más, reciben más. De acuerdo con el mencionado investigador, en 2018 el 10% de los mexicanos más pobres recibía el 23% de los recursos manejados por programas sociales. En 2020, quienes se encuentran en ese decil recibían únicamente el 10% de tales transferencias (Jaramillo Molina, “‘Primero los pobres’: Política social, desigualdad y pobreza durante el sexenio de López Obrador” en Análisis plural, del ITESO de Guadalajara. No. 1, 2022).

   En 2018 los mexicanos que constituyen el 10% con más recursos, obtenían el 2% de tales transferencias. En 2020, eran el 7%. No es exagerado decir, a partir de esos datos, que con López Obrador se benefician primero los que no son pobres. En 2018 México tenía 62 millones de pobres. En 2020, eran 67 millones. 

   La política social es diferente a la retórica de López Obrador. En este gobierno hay más pobres que antes. El presidente lucra políticamente con ellos.

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