La virtud de la tolerancia en la práctica con “el otro”

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La tolerancia es entendida como el respeto y la aceptación por los pensamientos, las formas de expresión y las acciones de terceros cuando resultan opuestos o distintos a los propios, sin que esto suponga una renuncia a las propias convicciones ni ausencia de compromiso personal (RAE y UNESCO). Pero, no nos engañemos, a todos nosotros nos falta ser tolerantes.

En el contexto nacional, el país ha dado el salto de uso de la tecnología digital para las campañas electorales de los partidos políticos (2020), no solo por las restricciones debido al coronavirus, sino por la influencia marcada tanto en jóvenes y adultos de distintos sectores sociales, puesto que estas personas interactúan de forma frecuente a través de las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram y YouTube); además, se informan por medio de ellas.

En efecto, la web y las redes se han convertido en herramientas significativas para expresar los pensamientos y las ideologías de cada usuario, demostrando una tendencia política de la forma más común y perniciosa (guerra sucia, discursos de odio, cuentas y noticias falsas). Lo que se resalta de ello es el rechazo, incluso, la negación del “otro distinto” con actitudes despectivas. Claro, la tolerancia no se limita únicamente al ámbito político, pero cada persona, grupo o sociedad trazará dicha línea por algún lugar.

De cierta forma, “nuestra tolerancia acaba donde termina nuestra educación, nuestro conocimiento, nuestra zona de confort, y ahí empieza el miedo que no nos deja aceptar lo que nos parece diferente: como es distinto, es malo. Un miedo que se transforma en rechazo y, en muchas ocasiones, lamentablemente, en crítica o ataque” (Mosquera, 2020). En la práctica cotidiana, debemos ser tolerantes, ser conscientes que ser diferente no nos hace mejor ni peor que el resto de las personas. Para la realidad actual, la tolerancia es un trabajo que debe promoverse desde las aulas, desde las casas y desde la sociedad misma para una coexistencia pacífica entre nosotros, ahora, entre bolivianos.

“Sin la virtud de la tolerancia, la democracia es un engaño” (Camps).