La soledad de Rosario

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Las palabras que aparecen a renglón seguido fueron detonadas por las cinco páginas de la última carta pública de Rosario Baptista, la reciente vocal renunciante del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Si bien Charo no incluye aún evidencias sobre sus angustias, es innegable que su encuadre del porvenir político de Bolivia es un disparador adecuado para empujar un debate urgente sobre las amenazas que van sitiando hoy a la democracia boliviana.

Baptista ha puesto el acento en la idea del partido hegemónico e incluso único como la mayor fuente de alarma a ser considerada.  El Movimiento al Socialismo (MAS) sería el impulsor de un proyecto consistente en consagrarse indefinidamente en el actor preponderante de la vida pública, sin el cual no habría orden imaginable en Bolivia.

En su carta desde la clandestinidad, Baptista subraya un hecho poco o mal reflexionado hasta ahora: desde 2005, contra el MAS languidece en el país un archipiélago de diez islas inconexo y cambiante, un mercado negro de siglas, una des-acumulación incesante de individuos y grupos en infinito ritmo de degradación y dispersión. Baptista nos advierte puntualmente sobre algo básico: en la práctica, en Bolivia “no existe un sistema de partidos”, sino solo una organización inmensa, el MAS, que no ha hecho otra cosa que fortalecerse en su convivencia promiscua con las instituciones estatales. En esas circunstancias, nos dice la ex vocal, la democracia pasó a convertirse en una farsa.

Son impactantes sus denuncias acerca del manejo interno del TSE. Baptista habla de la contratación de 60 personas en una sola semana, aprovechando su ausencia. Todas esas designaciones habrían ignorado el recuento de méritos inherente a las funciones planificadas. Dina Chuquimia, la nueva operadora de Palacio dentro del órgano electoral, una reincidente en estas lides, habría tomado la batuta en este desembarco. 

Más adelante, la ex autoridad repudia la falta de acceso a información relevante, el escamoteo de los derechos de auto-representación indígena y el modo en el que el método de elección diseñado para conformar las asambleas departamentales vuelca la carga a favor de las provincias con la meta de beneficiar groseramente a las organizaciones aliadas al MAS, que empezó a controlar férreamente el voto rural desde 1995. Baptista también alcanzó a presenciar el modo en el que los tribunales electorales departamentales van siendo barridos por el Ejecutivo a fin de someterlos a la plaza Murillo. El propósito es siempre el mismo: que ninguna autoridad en el país, dice Baptista, pueda ser neutral o equidistante.

El escenario que se construye es el de un Estado monocolor como el nicaragüense o cubano. El párrafo más estremecedor de la carta de Rosario bien podría ser el siguiente: “No hacer las correcciones al sistema que conforma a todos los órganos del poder público, distorsionado por una voluntad dolosa que ha secuestrado la soberanía del pueblo a favor de un partido político, conlleva la consolidación de un gobierno tirano, que ha desmantelado la democracia”.

¿Desde cuándo el MAS decidió transformarse en una plaga para la democracia plural?  Es claro que todo se jodió en diciembre de 2016, cuando en magno Congreso de ese partido, sus delegados tomaron la decisión de andar todos los senderos posibles que los pudieran llevar a postular por cuarta vez consecutiva a Evo Morales y a Álvaro García Linera en abierto desafío a la norma constitucional. Esa determinación solo tiene parangón histórico en la entrega de la Presidencia al general Hugo Ballivián por parte de Mamerto Urriolagoitia en mayo de 1951. Tanto en aquella vez como en ésta, un actor público confesaba de manera abierta su decisión de desconocer olímpicamente la voluntad expresada en las urnas.

Un partido político que asume oficialmente una postura como la señalada ha dejado de ser un actor democrático. Con ello, el MAS se puso al margen de la Constitución y no solo no recayó sanción alguna en su contra, sino que fue el mismísimo TSE diseccionado por Baptista, el que avaló aquella cuarta postulación.

¿Cómo consentimos ahora los bolivianos que sea Baptista y no aquellos vocales, quien deba temer ahora por su seguridad?  La soledad de Rosario queda en nuestro inventario moral como otra de las omisiones en las que estamos incurriendo durante este periodo de la Historia patria. Callar es asentir. Callar ahora es transformarse en ayudante de quienes en 2016 asumieron que la voluntad expresada en las urnas era ya un obstáculo para desplegar su supuesta Revolución.

Rafael Archondo es periodista.