Viviana Gonzales

El otro día publiqué la foto de mi hijo con un breve post acerca de lo que está haciendo estos últimos días: leer. Algunas mamás interesadas, al saber que mi hijo es todavía un niño, me preguntaron cómo logro que lea sin llegar a aburrirse, es decir, ¿cómo inculcar el hábito de la lectura en los niños (o incluso en los adultos)?

Yo no puedo hablar de una receta mágica, es más, mi hijo tiene temporadas muy largas en las que no agarra un solo libro. Me desespero, debo confesarlo, sin embargo, creo que puedo dar algunos consejos que, a lo mejor, podrían servirles.

  1. No es una obligación. Cuando hablo con jóvenes a los que imparto talleres de lectura, con mi hijo o sus amigos veo que todos coinciden en algo: no leen porque es algo que les obligan y eso, ¡a quién no!, les produce rechazo. Decía Borges, y creo que con total razón, “la lectura es un modo de la felicidad y a nadie se le puede obligar a ser feliz”.
  2. Leerles historias nosotros. Antes de pedirles que lo hagan solos, lo mejor es leerles nosotros. Es un momento maravilloso entre padres e hijos. A ellos les gusta escuchar.
  3. Contar historias. El hombre siempre ha tenido la necesidad de contar sus historias a lo largo del tiempo y, lastimosamente, eso se ha ido perdiendo, ya sea porque estamos más ocupados en otras cosas, porque las redes sociales y el mundo digital nos alejan cada vez más de los que tenemos cerca o porque la vida tiene otro ritmo. Lo importante es volver a contar historias, nuestras anécdotas, nuestros recuerdos. A los hijos les gusta escuchar cómo éramos a su edad, qué hacíamos, etc. Yo suelo contarle a mi hijo cómo era la casa en la que vivía, qué cosas comía, quiénes eran mis amigos, qué jugábamos.
  4. Leer. Dicen que las verdaderas enseñanzas no llegan por las palabras sino por el ejemplo. Es importante que nuestros hijos nos vean leer.
  5. No creer que la literatura nos hará mejores. Es mentira, la literatura no nos hace mejores personas, con mejores sentimientos. Siempre les digo a mis alumnos que la literatura no hará, lastimosamente, que sean más exitosos o que hagan más dinero, simplemente los hará felices. Es un ejercicio individual, no hay nadie, salvo tú y la historia.
  6. Buscar temas que nos interesen. No hay nada más terrible que leer algo que no nos interesa. Abandonar un libro porque no nos gustó ¡está bien!, debemos leer todo aquello que realmente nos interesa. En la práctica yo vi que a los jóvenes les gusta mucho la ciencia ficción o el terror, con esos temas se sienten identificados, luego podemos hablar y relacionarlos con sus vidas, películas, música, etc. porque la literatura es eso, se debe relacionar con nuestra vida, debe ser parte de ella.
  7. Leer poesía. Tristemente la poesía en el mercado editorial (que es regido por el mismo sistema que maneja todo, es decir, el mercado editorial también responde a los intereses privados, es decir, a las editoriales más que interesarles la cultura les interesan los números, las ventas) no despierta interés, ¿por qué? Porque es el género que menos ingresos representa, nadie compra poesía. La poesía es, para mi, el género mayor. La poesía es el canto del hombre a través de los siglos, es la súplica a los dioses, es nombrar lo innombrable. Es un gran ejercicio, cada vez menos practicado, memorizar poemas, aprenderlos, repetirlos.
  8. Entender por qué leemos. Siempre pregunto a mis alumnos ¿por qué leer? Y responden que es bueno para mejorar el lenguaje, para escribir sin errores ortográficos, etc. Todo eso está bien pero creo que lo importante de leer es para ser libres. Para imaginar, para conocer, para tener el poder que no solo los gobiernos nos han quitado, sino también las redes sociales, la cotidianidad, etc. Leemos para entender al otro y para entendernos a nosotros. Los libros cuentan las aventuras y desventuras de los hombres, ahí están los mensajes ocultos. Ahí están las verdaderas profecías. Pensemos en 1984 y esa idea de un “big brother” que todo lo ve, ¿no estamos viviendo ahora algo que la literatura ya lo había anunciado?
  9. Hay buenos y malos libros. Como en toda industria hay libros de calidad y libros que no valen la pena. Siempre les digo a mis alumnos no todos los libros que encuentran tienen que tener algo que decirnos. Hay libros muy malos que ni mejorarán nuestro lenguaje, ni nos harán conocer cosas que necesitamos. Piensen en los libros de superación personal, están ahí por mero interés del mercado, porque generan muchas ventas pero eso no quiere decir que sean literatura de la buena.
  10. Dejemos que la magia haga su trabajo. El amor por los libros es también una cuestión de magia, cuando llegamos al libro correcto en el momento correcto ese libro hablará de algo que necesitamos, contará nuestra propia historia y esa conexión nos marcará de por vida, además seguramente nos abrirá la puerta a otros autores y otros libros. Es como el amor. Es un encuentro mágico que si se da es para siempre. Yo me he hecho lectora en la biblioteca de mi colegio, ahí encontré un libro de Antonio Paredes Candia que se llamaba “Cuentos de miedo para niños. De almas, duendes y aparecidos”, ese maravilloso libro me invitó al mundo de las leyendas y de las narraciones orales. Si tengo que volver a un libro en mi vida, siempre volveré a él, me ha seguido por todo lado y también me ha servido de vínculo en largas noches de lectura con mi hijo.