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La aporía de un país

“Y por una eternidad, no dejó de conocer y de no entender” –Paul Valéry

“Estamos dejando de ejercitar nuestra propia capacidad para analizar, dudar e interpretar el mundo” –Slavoj Žižek

Maurizio Bagatin

Aporía significa literalmente camino sin salida. ¿Será donde nos encontramos ahora? Sobre esta palabra Aristóteles tenia su idea y otra idea, tal vez hasta más amplia, la tuvo Derrida, el cual incluya la posibilidad de una aporía del perdón, pero este es un tema que necesita mucho más tiempo y mucho más espacio para ser desarrollado. Lo tendremos a futuro. Una cosa es defender lo indefendible que están exponiendo muchos desubicados de hoy y otra es perdonar lo imperdonable que propuso Derrida.

En El hombre sin atributos, una de las obras que ofrece uno de los panoramas ensayísticos más completos sobre las tendencias y las aporías del espíritu contemporáneo, Robert Musil escribe: “Ya que era un alma noble no conocía la ley de la prudencia según la cual el hombre se comporta en la vida privada al contrario que en su profesión. No sabía que los hombres políticos, después de haberse presentado en asamblea del impostor y del ladrón, en el restaurante almuerzan amistosamente unos junto a otros”. Parece ser una sugerencia para intentar conocer también la enmarañada actualidad de este país. Comprender sigue siendo imposible.

Deberíamos reescribir la historia cada dia, a cada paso, a cada pulsación de nuestros corazones, cada vez que abramos y cerramos los ojos. Escribió Carlo Ginzburg, el historiador que nos dejó hace algunos días, que “pensar de verdad era en definitiva pensar contra uno mismo”. Recordarnos que la Historia no puede ser Historia sin las microhistorias. Tenemos que deshacernos de muchos estereotipos, de una infinidad de prejuicios y de preconceptos que tomamos por ónticos. Muchos reconocerán que estamos haciendo la Historia, pero no sabemos qué Historia estamos haciendo.

La brutal Historia de Bolivia es la brutal consigna de seguir agarrándose en la Tesis de Pulacayo que no ha generado nada más que una dictadura sindical, sin permitirse o permitir una mirada y una acción de vayan un poco más allá. Nos ha dejado algunos privilegiados que dirigen y obligan a una muchedumbre que vemos cada día más tristemente servil. Algo que vieron también en la cultura incaica viajeros lúcidos y cronistas sinceros: “…a cambio de una obediencia absoluta ofrecía una seguridad absoluta”. Lo decía muy bien Jesús Urzagasti en este su “imaginario clandestino” que es Tirinea: “A esta altura de mi vida estoy convencido que lo único que hace uno es librarse de un montón de cosas: librarse, por ejemplo, de ser un traficante del sindicalismo, librarse de discutir las condiciones favorables para el desarrollo de los países colonizados; en buenas cuentas, librarse de ser un atorrante de siete suelas”.

La destrucción del tejido social llevada a cabo durante los veinte años del llamado Proceso de cambio hoy podrá finalmente abrazarse con la demolición sistemática de las instituciones fieles al evismo y el socialismo de siglo XXI que estos cincuenta días de bloqueos se ha logrado ver.

Estado de excepción y cuarto intermedio, se viene el “Año nuevo aymara”, en el país de las contradicciones no hay nada de relevante que no se haya hecho con sangre y con fiesta.

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