Game of Thrones – Bolivia

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Xavier Jordán / Inmediaciones

¿De qué sirve la literatura o las películas o las series si no podemos reflejar en ellas nuestra realidad? Aún los relatos más fantasiosos están permeados por las cosas que nos aterran y por los tipos humanos que nos rodean y de ahí viene su importancia universal. Pasa con Juego de Tronos, por ejemplo, donde podemos advertir que cada uno de sus personajes nos representa de una u otra manera así como se nos hace ilustrativo que los fans se inclinen y se identifiquen con algunos de ellos. Me preocupa, por ejemplo, tanto fan de Daenerys Targaryen que -a todas luces- es la versión rubia y voluptuosa de nuestro propio emperador. Evo=Dani. LPMQLP.

Veamos. Brutalizada física y sexualmente por su hermano, Dani es vendida a una horda de salvajes cuyo líder la sodomiza hasta que ella se enamora. Después se muere y ella tiene que empezar de cero, sorteando el hambre, la pobreza y la exclusión hasta lograr tener el apoyo de las masas explotadas que la convierten en ídolo exacerbado y madre de los dragones ondeando las banderas de la libertad y la soberanía. Pero ella sólo quiere el trono, put0s ¿no se dieron cuenta? Es una megalómana que achicharra a todo aquel que no se le postra y exige que se arrodillen ante ella a todos, incluso al bastard0 de Jon Snow que tenía potencial hasta que decidió ser la perr4 de esa perr4. Es el relato populista del triunfo de los de abajo y la moraleja de su peligrosidad.

Dani liberó a esclavos que ahora la siguen e idolatran babeando acríticamente (como al presi), usa y castiga a sus más fieles e inteligentes seguidores cuando la cuestionan (como el emperador), quiere solucionar todo con fuego y en pelotas a través de la violencia y la amenaza (como el jefazo) y se hizo un ejército de bestias brutales y analfabetas que no tienen huevos y se creen inmaculados (como los warriors de ya saben quién)

Su vida triste y su triunfo exacerbado, su desesperación por el trono y la eterna reelección, su egocentrismo desmedido y su discurso simplista y demagógico, emparentan a este personaje -como analiza Carrión- con esos líderes populistas de nuestro Siglo XXI, entre ellos, nuestro Daenerys Morales. Salvando las distancias -y la estética- claro. Por eso hay que ver bien las señales implícitas del relato para identificarse con los héroes, porque la gente es bien cojud4. Se enamoran de la que tiene buen cul0 y doma dragones, o de los valientes, o de los buenitos, o de los bonitos, o de los sufridos que se hacen poderosos, cuando en realidad los grandes de la serie son los más ninguneados.

Samwel Tarly, gordito y medio inútil, descubrió como chingars3 a los zombies, curó la lepra, tiene conocimientos ancestrales que descifran claves profundas y va salvar el mundo, a lado de Bran Stark, que es paralítico pero ve el futuro y el pasado, hace profesías del caraj0 y te mira con una cara de psicópata que te hace cag4r de miedo. Lord Varys será eunuco y chismoso, pero la tiene clara, maneja los hilos en pro de la convivencia racional y el enano de mierd4 lo propio, bebe y sabe cosas. Esos dos deben gobernar. Nos los merecemos.

Los bolivianos tenemos que pararla con ese caudillismo de veneración a esos héroes de la política del resentimiento, a esos haraganes hechos a los cancheros y libertadores. Ya está bueno del endiosamiento de cualquier pendejo que se crea una khaleesi de los andes y ya está de verg4s que estemos eligiendo mesías demagogos para que nos lleven a un paraíso inexistente. La literatura y todo relato de ficción, sirven en el fondo para que nos eduquemos y no cometamos errores. Habiendo en Bolivia Tarlys ¿Para qué put4s queremos Targaryens?