“Filosofía y poesía”

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Estuve releyendo el libro Filosofía y poesía, de María Zambrano, filósofa, ensayista y poeta española (nació en Málaga en 1904 y falleció en Madrid en 1991). En este libro ella intenta dilucidar la aparente dicotomía entre esos dos géneros. Zambrano señala que el tema debe ser abordado porque “hoy poesía y pensamiento se nos aparecen como dos formas insuficientes; y se nos antojan dos mitades del hombre: el filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método”.

En uno de los capítulos la gran pensadora se pregunta: “¿Qué raíz tienen en nosotros pensamiento y poesía? No queremos de momento definirlas, sino hallar la necesidad, la extrema necesidad que vienen a colmar las dos formas de la palabra. ¿A qué amor menesteroso vienen a dar satisfacción? ¿Y cuál de las dos necesidades es la más profunda, la nacida en zonas más hondas de la vida humana? ¿Cuál la más imprescindible?”

Me llamó la atención esta cita: “En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser”. En mi caso, debo confesar que desde que empecé a leer filosofía esta disciplina me ha ayudado a encontrar y realizar preguntas acerca de la vida, la existencia y el cosmos y la poesía me ha ayudado a encontrar las respuestas.

Zambrana afirma que “de no tener vuelo el poeta, no habría poesía, no habría palabra. Toda palabra requiere un alejamiento de la realidad a la que se refiere; toda palabra es también, una liberación de quien la dice”. Luego añade que si el pensamiento es abstracto “la poesía ha sido en todo tiempo, vivir según la carne. Ha sido el pecado de la carne hecho palabra, eternizado en la expresión, objetivado”.

Coincido con Zambrano en que no existe una definición posible de poesía, porque la definición atentaría contra su propia existencia. Un día me preguntaron acerca de la definición y yo respondí que para mí, escribir poesía es hacerle el amor al lenguaje y la poesía sucede cuando Dios y el Diablo se descuidan y nos dejan ser plenamente humanos, con todos los riesgos que eso conlleva; es decir el asombro ante la vida, lo divino, la naturaleza y el universo, representados por la palabra.

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