Descentralizar las políticas educativas

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La necesidad de descentralizar las políticas educativas representa una oportunidad para llevar a cabo algunos cambios importantes para renovar la educación. Entre los principales aspectos de reforma que necesitan atención, se tiene lo siguiente. En Bolivia, el problema del “acceso” a la educación ha sido plenamente superado, puesto que la cantidad de escuelas y colegios fiscales o particulares se ha incrementado de manera substancial. El hecho de acceder a la educación primaria y secundaria es relativamente fácil, abriéndose oportunidades para todas las clases sociales.

El equipamiento, mantenimiento y dotación de infraestructura educativa se ha concentrado en las acciones de los gobiernos autónomos municipales, lo cual es un significativo avance en materia de políticas descentralizadas, como lo muestran los datos en el periodo 2000-2019. Sin embargo, estos aspectos materiales y los problemas relacionados con el financiamiento no son, en sí mismos, aportes a la calidad educativa y al rendimiento de los niños y jóvenes del siglo XXI.

Las demandas de calidad en la educación provienen de los padres de familia y el ambiente internacional, donde es claramente perceptible que la renovación de conocimientos, el uso inteligente de las tecnologías educativas y la posibilidad de liberar diferentes potencialidades de creatividad o emprendimiento, tienen sus orígenes en las alternativas que pueden ofrecerse desde una nueva y ambiciosa reforma educativa para todas las escuelas, sean públicas o privadas.

El nuevo despegue económico para las metrópolis como La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y El Alto, que se caracterizan por la oferta de servicios especializados de todo tipo, está directamente unido a la cantidad y calidad del capital humano calificado, lo cual coloca a sus escuelas y universidades en la función de ser instituciones aceleradoras de la innovación y puesta en práctica de novedades organizacionales para la cultura, el comercio y el diseño de políticas públicas más eficientes. Por esto se requiere una reforma inmediata, sobre todo para reestructurar el financiamiento y la provisión de mejores maestros.

La economía del conocimiento en Bolivia debería estar fundamentada en un conjunto de actividades productivas que dejan de depender de la transformación de la base física de la producción, es decir, de objetos (materia y energía transformadas en productos manufacturados). Todo pasa a depender de la transformación de las bases intelectuales de la producción, es decir, de las representaciones de los objetos.

La nueva economía del conocimiento transita hacia una producción cuya razón de ser es la ciencia y la tecnología, destacándose la inversión en tecnologías avanzadas, buenas escuelas y excelente educación universitaria.

El proceso educativo y el aprecio de los conocimientos se convierten en un esfuerzo comprehensivo, en el que, además de los elementos objetivos, lógicos o racionales del conocimiento, también se valoran varios elementos subjetivos, analógicos y emocionales; es decir, otras formas de conocer como la misma intuición, sensibilidad y las más valiosas y finas expresiones artísticas. 

La educación de hoy debe ser creadora, muy imaginativa, utilizar la tecnología digital y, sobre todo, formar consciencia en torno a una ciudadanía democrática, responsable y compatible con las incertidumbres del saber y la ciencia.

Algunas ciudades como La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija o Sucre asumieron con responsabilidad el hecho de mejorar la educación con políticas descentralizadas para la construcción de nuevas escuelas, mantenimiento de la infraestructura y dotación de equipamiento. No hay lugar a dudas de que los gobiernos autónomos municipales hicieron notables esfuerzos para satisfacer un conjunto de demandas siempre crecientes, aunque todavía no ha comenzado una discusión abierta sobre el mejoramiento en la formación de los maestros.

El debate sobre la posibilidad de implementar, por ejemplo, un “bachillerato internacional” o acciones para competir de mejor manera entre los mejores colegios, tanto privados como públicos, nos hace ver que se requiere romper con la dinámica de los procesos de enseñanza y la formulación de políticas “demasiado centralizadas”, en la que  la gran mayoría de las escuelas, lamentablemente, mantienen todavía una lógica de repetición de conocimientos, siendo notoria la falta de reflexión crítica para el cultivo de una conciencia más abierta y libre. Contra la repetición, el exceso de ideologización y las viejas prácticas conservadoras de la educación mercantilizada, es que la descentralización de las políticas educativas puede aportar un verdadero espíritu de transformación.

Franco Gamboa Rocabado es sociólogo.