Evita

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Pensemos, puerquitos mios. Lo de la Presi no está mal en si porque no tenga derecho (que si lo tiene) ni porque sea ilegal (que no lo es). Tampoco por el hecho de que haya dicho primero no y ahora sí. ¿O ustedes nunca han vuelto con su ex tóxico (a) después de jurar que no? No jodais. Lo que es una guevá es que la decisión de la Presi es peligrosa para la estabilidad política del País.

Primero porque la Presi ha nombrado al que es ahora Presidente del TSE lo que ya pone en duda la transparencia del proceso electoral. ¿Se acuerdan de un orate que hizo lo mismo? Se llamaba Evo y ahora está huído. Segundo porque su decisión reafirma la idea de que las pititas fue un golpe de estado. El orate ya lo está repitiendo como loco, está feliz bailando de una pata con la decisión de la Presi. Tercero porque su decisión confirma que la clase política es ambiciosa y sólo vela por sus intereses personales. La mina no estuvo a la altura de su desafío histórico, se equivocó y se dejó llevar por la sensualidad del trono, como el Evo.

Así, más allá de la dispersión del voto (que dicho sea de paso no debiera preocuparnos en virtud de que de eso se trata la democracia, de elegir) la candidatura de la Presi le hace el juego al masismo, revalida su discurso y pone en riesgo la estabilidad del proceso. No, la Presi se rifó en seco su misión y su función y con eso amenaza la tranquilidad y sobre todo la ecuanimidad del juego electoral pues, evidentemente, a no ser que seas un bobalicón en provisión nacional, todos sabemos que la Presi utilizará los recursos y el aparato del Estado para su campaña. Eso es obvio. Como lo hizo el Evo. De ahí que al igual que nuestros hermanos argentinos, los bolivianos ya podemos decir que tenemos nuestra propia Evita