Esqueletos en el ropero

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Juan Antonio Morales

Los economistas se han prestado la expresión “esqueletos en el ropero”, de la serie negra de novelas policiacas, para discutir las deudas y otras barrabasadas que los gobiernos no informan. El gobierno de Macri en Argentina se encontró con que la deuda pública era mucho más grande que la que el gobierno de los K hacía conocer, según documenta el excelente informe sobre la crisis de Federico Stunzenegger, expresidente del Banco Central de la República Argentina. Lenín Moreno, en el Ecuador, también encontró que el gobierno de Correa había ocultado datos de la deuda y que la situación económica heredada era más grave de lo que éste admitía. Por eso llama la atención la desfachatez del expresidente criticando a su sucesor.

Los ejemplos anteriores nos invitan a examinar de cerca lo que dejará la gestión económica de los últimos 14 años, aparte del discurso triunfalista del gobierno del presidente Morales. ¿Cuál es la verdadera deuda pública, externa e interna? ¿Está contabilizada la deuda con los acreedores no-financieros como son las empresas constructoras o las de consultoría? Los ejecutivos de esas empresas se quejan de que con frecuencia el Gobierno utiliza pretextos para no pagarles o para demorarles exageradamente los pagos.

Es también cierto, en el extremo opuesto, que el Gobierno ha efectuado pagos por obras que se las ha dejado a medio construir. Nos hace falta una auditoría técnica de todos los contratos estatales. Si se contabilizara los pasivos ambientales, la situación sería mucho más compleja todavía. Esa contabilización, empero, no es una práctica generalmente aceptada.

Quedan también muchas dudas acerca del PIB y su tasa de crecimiento. El que las instituciones financieras internacionales (IFI) y la Cepal rocíen las cifras con agua bendita no implica que sean correctas. Las IFI y la Cepal tienen sus propias motivaciones y normalmente aceptan lo que les llega de los países miembros con muy pocos ajustes, a no ser que sean flagrantemente absurdos. Sea dicho de paso, ya estamos con el tercer trimestre vencido de 2019 y hasta ahora no hay datos para este año, ni siquiera para el primer trimestre. Suponemos que es porque el chef Acurio no ha terminado todavía su lección de cocina.

Las 32 empresas públicas son cajas negras. Se sabe por informaciones parciales del MEFP que sus flujos financieros mostraron pérdidas para el conjunto de empresas entre 2011 y 2018. La estatal Quipus no sería sino una muestra de lo que pasa en todo el sector. La situación de las empresas estatales sería probablemente mucho peor si se descontara el subsidio crediticio que les da el BCB.

Donde más dudas se tienen es acerca de la verdadera situación de los hidrocarburos. Las declaraciones jactanciosas del Ministro del área son difíciles de creer, si se toman en cuenta los datos duros que ya se tienen. El sector de hidrocarburos no deja de caer desde 2015, según información de las cuentas nacionales. El año pasado cayó en un abultado 7,8%. Sería bueno que se nos informara de cuál es la situación de nuestras negociaciones con Brasil y la Argentina, más allá de los bifes de chorizo de los rodizios y habida cuenta de los grandes cambios en sus mercados internos de energía, tanto institucionales como de producción.

También sería importante que informaran cuáles han sido los resultados de las inversiones en exploración. En una discusión más amplia, ¿cuáles han sido los beneficios y costos de la nacionalización? Los beneficios inmediatos, sobre todo políticos, son claros pero nos queda la duda de cuán sostenibles en el tiempo serán los beneficios económicos, dados los magros hallazgos. Uno de los problemas más grandes, si no el más grande, para el próximo gobierno, cualquiera sea su color, será el de los hidrocarburos.

Está haciendo falta un debate serio sobre los esqueletos que nos están dejando el MAS en el ropero. Tal vez, se le debiera dar un contrato de consultoría a Agatha Christie.

Juan Antonio Morales es economista y expresidente del Banco Central de Bolivia.