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El estrecho que ha puesto al mundo en vilo

“Dios no bendice ningún conflicto”, ha sido el epígrafe de un pronunciamiento papal de severa condena a la guerra entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán, que ha desembocado en un cierre del estrecho de Ormuz.

Parecería que la inicial amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz, en el océano Índico, no tiene antecedente, pero lo evidente es que Irán, un Estado teocrático de prácticas y de posiciones extremistas y fanáticas, lo ha venido haciendo desde hace por lo menos cuarenta años, principalmente como represalia a la presión internacional de la OTAN por su programa nuclear. Lo que sí es inédito es la efectivización del bloqueo, acción que para los bolivianos es casi cotidiana, que están acostumbrados a los graves retrasos económicos que ello importa. Pero cuando hablamos del cierre de un enclave natural que une el golfo Pérsico con el golfo de Omán y su desembocadura al océano abierto, hablamos de uno de los puntos de congestión estratégica más importantes del mundo; por tanto, de un accidente geográfico en el que no ha intervenido la mano del hombre, a diferencia, por ejemplo, de los canales de Panamá o el de Suez, cuyas soberanías descansan en el derecho que sobre ellos ejercen Panamá y Egipto respectivamente.

Y a diferencia de esas ya recurrentes amenazas del pasado, Irán hoy, bélicamente, es un país distinto, pues sus recursos principalmente armamentísticos han experimentado un avance tal, que las grandes potencias de occidente no pierden pisada respecto a sus progresos en esas materias, y principalmente a las intenciones que el país musulmán tiene de desarrollar armas nucleares que pondrían en riesgo no solo la seguridad de la región, sino del planeta. De lo que se infiere que el conflicto que lleva algunas semanas, apareja graves consecuencias; se ciernen, yo diría, consecuencias inimaginables de persistir las posiciones irreductibles de ambos frentes.  Así, más allá de que Irán puede estar en condiciones de cerrar el paso de un importante porcentaje del petróleo que consume el mundo, o Estados Unidos adopte igual medida, como ya lo están haciendo, la pregunta es: ¿Pueden esas potencias, o cualquier otra, cerrar ese estrecho en el marco del derecho internacional? Y a pesar de la autoridad que desde ambos lados se atribuyen, la respuesta tiene que ver con la elucidación sobre la naturaleza que el derecho internacional le asigna a esa porción marítima que separa las costas de Irán de las saudíes.

Dado que el mundo tiene más agua que tierra, existen muchos estrechos. Sin embargo, este es clave para el suministro de petróleo del Golfo Pérsico y está clasificado como ‘estrecho internacional’, ya que cumple con todas las características naturales y políticas que exige el derecho internacional. Luego, si Ormuz tiene ese rango jurídico, cualquier bloqueo, aun si viene de Irán, que tiene soberanía sobre sus aguas por ser territoriales, es absolutamente ilegal, ilegítimo e inhumano. La única salvedad para que Irak tenga el derecho de cerrar se daría si eventualmente el tránsito por el estrecho tuviera fines de invasión, ataque o daño a su territorio, no siendo el caso de los buques que en doble sentido pretenden transitar desde el Asia a Europa y América, y viceversa, y según la procedencia de las naves en la visión egoísta tanto de Irán como de EEUU. De tal manera, el cobro de tasas y mucho más, y el bloqueo por parte de la primera potencia mundial, cuyas aguas territoriales están a miles de kilómetros del lugar, son todavía más violatorios del ordenamiento jurídico internacional y de la propia moral que pretende defender.

Las tensiones entre Irán y Estados Unidos están castigando al mundo subdesarrollado. Por un lado, Irán impone leyes propias sobre el estrecho que ignoran el derecho internacional; por otro, el actual presidente estadounidense toma decisiones erráticas. Estas arbitrariedades conjuntas ya están provocando efectos negativos en la economía global. El mundo se encuentra en ascuas porque, a medida que pasan los días, el crudo se hace más escaso en las grandes concentraciones poblacionales y con ello se produce el alza de los precios. Pero la seguridad alimentaria es un ítem que también está en riesgo. Ni los unos (por represalias a los ataques o a las sanciones económicas sufridos) ni los otros (para asfixiar las finanzas de Teherán y eliminar sus ambiciones nucleares) tienen derecho a interrumpir el “paso inocente” de buques con fines comerciales.

El comercio global hoy se encuentra en un callejón sin salida y la comunidad internacional, azorada e impotente, ve cómo la arteria energética más importante del orbe se convierte en el epicentro de una crisis sin precedentes que desafía todas las leyes del derecho internacional y consuetudinario.

Augusto Vera Riveros es jurista

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