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Después del título

“…si es cierto que la retina retiene la última visión” –Daniele Del Giudice

Maurizio Bagatin

Hay sabores fuertes que se quedan en nuestra memoria. Como, por ejemplo, el sabor de las manzanas, no de cualquier manzana sino de las manzanas antiguas, las de cáscara gruesas y con una veladura grisácea alrededor del pedículo. Huelen a tiempo inmemorable, a pasado que retorna, a presente envuelto en la historia.

En el jardín hay una planta de origen africana, la oreja de león. Los pueblos hotentotes, los zulú y los bosquimanos la usaron durante siglos con fines medicinales. Otros la llamaban marihuana salvaje o marihuanilla (Wild Dagga) dada la asociación entre los efectos del THC y la leonurina. Aquí vigorosamente flamea, exuberante entre las cucardas de todos los colores, la magnolia y el viejo molle. Nadie la observa más que de pasada, sin detenerse frente a sus extrañas características. De lejos parece formar una trinchera floreal, al acercarnos su doble, y a veces triple flor, nos sumerge en un viaje botánico que da envidia a Julio Verne.

El vino de hoy “nunca va en vinagre”. Tal cantidad de sulfito no lo permite, es vino muerto que no sigue su ciclo vital, el ciclo de la vid, el tiempo biológico de la tierra. El auge del vino en diferentes lugares tuvo un desenlace trágico, el poeta Andrea Zanzotto narra cómo la expansión del cultivo de las vides del prosecco fue la causa de la devastación de un entero territorio, las zonas que rodean Conegliano y Valdobbiadene en particular. En Tarija estamos por el mismo camino, el monocultivo de la vid está brutalmente erosionando los suelos, y el uso indiscriminado de agroquímicos está envenenando enteras comunidades. Escribía Vitaliano Trevisan “Antes el vino, además de ser mejor, costaba menos y era más fácil venderlo. Ahora también están las palabras de todos esos periodistas “insaporitori”, y de alguna manera hay que mantenerlos”.

La Epifanía debería ser una revelación, donde profetas, chamanes y médicos brujos, oráculos o astrólogos sigan visiones más allá de este mundo. Por un tiempo fue también el dia de los tres Reyes Magos que visitan al niño Jesús. Otros, los cristianos orientales siguen conmemorando el bautismo de Jesús en el río Jordán. De niños frente a la enorme hoguera recorríamos las vivas chispas del fuego, comíamos la “pinza” y cantábamos juntos a los ancianos, dejando que el año viejo se vaya en ceniza. Calendario agrícola hoy eclipsado por el ruido del progreso.

Libros buenos y libros malos, el libro más importante que leí este año es un libro que se publicó por primera vez en 1936, Chaco de Luis Toro Ramallo. Cierto, tuvo una segunda edición en 2014 con el Proyecto Biblioteca Plurinacional, pero por diferentes factores pasó casi desapercibido. Novela tal vez autobiográfica -hay quien sostiene que el autor nunca pisó el Chaco durante la terrible Guerra-, y sobre todo novela antibelicista, antinacionalista, fenómeno raro en aquella época donde si no eras nacionalista, no eras nadie. Acompañaría esta estupenda lectura con las “Impresiones de la Guerra del Chaco”, que a pesar de su “capricho futurista”, son estupendos textos antibelicistas que escribió durante aquello años Hilda Mundy.

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