Rodigo Villegas

Chi. Este es el nombre. Y parte del slogan de su campaña: “Chi puede”. O algo así. Idiota. Básica. Así como él. El candidato. El Hombre. El Macho. El imbécil. Chi.

Este personaje que se ha colado en el imaginario del pueblo boliviano no por su posible talento como líder ni por sus amplios estudios universitarios, sino por sus declaraciones fachas, pelotudas, ancladas en el más rudimentario cristianismo, es uno de los varios candidatos a gobernar nuestro país. Es (¡gracias al cielo!) prácticamente imposible que resulte vencedor de los comicios de Octubre, pero el hecho de que su nombre figure en la papeleta electoral como una opción resulta de una comicidad tan vergonzosa como trágica.

¿Por qué? La democracia es eso, dirán algunos. El poder escoger, elegir a la persona que desee la mayor parte del pueblo. Que cualquiera se puede postular, que tiene derecho. Diga lo que diga, piense lo que piense. Su libertad de expresión. Y sí, claro que es así… pero… ¡No! Un hombre que asegure que los incendios de la Chiquitania fueron provocados por los pecados de los homosexuales, lesbianas, transexuales y otros y otras que decidieron optar por la adopción de géneros más cómodos a su ser, que Dios castiga con fuego sus “pecados” y “promiscuidades”, que es la nueva Sodoma y Gomorra. Que una mujer debe callar cuando el hombre habla y que si fue golpeada seguro su pareja, el Hombre, tuvo una justificación. Es decir, ¿en serio una persona así puede si quiera ser considerada a gobernar un país? ¿Es así de libre lo que conocemos como democracia? Al parecer, sí. Porque su rostro aparecerá en el papel que tendremos en frente de aquí a unas semanas, donde elegiremos nuestro destino los siguientes cuatro años (o más).

¿Por qué no nos resulta tan sorprendente? Porque no es el único, pero sí, hasta el momento, más desfasado. Ya Patzy aseguró que una de las causas de violencia intrafamiliar se debía a que el marido, el Hombre, no acompaña a su esposa al trabajo. Victor Hugo Cárdenas dejó ya olvidadas otras aseveraciones acerca del comportamiento “correcto” de las mujeres. De regalar armas, también. Medidas aceleradas y por demás imbéciles. ¿Quién carajo los asesora? O es que sí, esa es la estrategia. Apelar al odio, al resentimiento del macho. Al orgullo dormido, a la autoridad del “Rey de la casa”. Y así ganar votos. ¿Lo logran? ¿Consiguen así lo que quieren? Quizá. Es decir, se ha visto en Brasil, se ha visto en Estados Unidos. Pero… mierda, ¿en serio tenemos que acercar nuestros ojos a sus jetas el día que votemos por el siguiente Presidente? Qué lástima que sea así. Qué pena.

Y si no es eso, ya son últimos chillidos de agonía. Hace una nada el candidato por el MNR, Virginio Lema, estuvo en Red Uno, en el programa de entrevistas de los lunes (creo que Uno decide), con altísima audiencia, y, fiel a su estilo (se autodenomina “Loco”) aseguró que una de sus medidas será hacer su número de celular público para que todo el mundo pueda escribirle al WhatsApp, que así se enteraría de primera mano de las necesidades del pueblo. Ah, y que cuando fuera Presidente obligaría a todos los ministros y funcionarios públicos a hacer lo mismo. Que él respondería todos los mensajes que le llegaran. Que ya lo tenía planeado.

¿Nos cree imbéciles? Al parecer, sí. Digo, lo aseguró en televisión nacional. Convencido de que esa era la clave del cambio.

Y bueno, así estamos de jodidos. Porque de los dos que siguen a Evo, los que tienen algo o muchas posibilidades, ya conocemos todos sus defectos, cada día más notorios. No son tan obvios ni tarados como los sobrantes, pero quién te dice que cualquier rato salen con cualquier huevada. Digo, Doria Medina confirmó su apoyo a Mesa, su alianza…

Por motivos como esos es que Morales puede ser reelegido. Con trampa y todo. Porque la competencia es una barra de ineptos. Por lo menos eso nos han demostrado en lo que va de campaña. Y, llegado el momento, en el “cuarto oscuro”, los famosos indecisos votarán con la mano en el bolsillo, en la billetera, y preferirán la estabilidad (el alimento seguro) a la cada vez más desvalorizada democracia. ¿Por qué? Porque, frente a la papeleta, al ver las siglas de los partidos políticos y las caras sonrientes de los violentos, de los que exigen que los distintos pidan perdón por sus pecados y así Santa Cruz deje de arder, de los que aseguran otras barrabasadas, muchos de nosotros les diremos ¡Pelotudazos!