«Me resulta difícil entender tu muerte en Londres/ en la niebla, como me resulta difícil/ entender mi vida, aquí en la claridad» Yehuda Amijai

Márcia Batista Ramos

Lamentablemente, el mundo es machista y misógino, a eso se suma que las historias son mal contadas, porque siempre ocultan algo, siempre hay una parte que no fue conocida, siempre aparecen versiones oficiales dirigidas, en fin, la verdad es mutilada de muchas maneras antes de salir a las calles.

Desde el ateniense Alcibíades Clinias Escambónidas, el psicópata prototípico que tenía un encanto irresistible, pero que era capaz de violencia y traiciones indescriptibles, por más patético que parezca, nuestra sociedad favorece la psicopatía y el narcisismo funcional.

El mundo está poblado de psicópatas narcisistas, feminicidas y parece no importarse a la hora de premiarlos y reconocerlos en algún campo que puedan sobresalir, como la literatura, por ejemplo.

El escritor inglés Edward James Hughes (1930 -1998), más conocido como Ted Hughes, considerado por la crítica como uno de los mejores poetas de su generación, fue un Alcibíades del siglo XX en sus relaciones de pareja. Hombre cautivador de carácter narcisista, capaz de elevar sus víctimas al cielo antes de tirarlas al infierno.

Eso porque el psicópata narcisista crea una idealización imposible y una erotización del poder. La víctima piensa que el narcisista está completamente encantado con ella, y eso encandila. Es muy propio de los narcisistas tener grandes amores repentinos, que también se desploman muy rápido.

La poeta Sylvia Plath (1932 – 1963) fue víctima de su trágica relación con Ted Hughes. Una mujer atractiva, inteligente y ambiciosa, parecía tener lo necesario para alcanzar el éxito, pero, infelizmente, conoció a Ted Hughes el 25 de febrero de 1956, en una fiesta en Cambridge, Inglaterra, cuando viajó becada por el gobierno de Estados Unidos.

Se casaron pocos meses después en junio de 1956. Siguieron escribiendo poesía. En 1957, Plath y Hughes se mudaron a Massachusetts para enseñar en el Smith College, el colegio de donde se graduó Plath. Para ella, resultaba difícil encontrar el tiempo y la energía para escribir mientras enseñaba. A finales de 1959, tras otra mudanza y un extenso viaje, la pareja volvió a Londres.

Frieda, la primera hija de la pareja, nació el 1 de abril de 1960. Al año siguiente, Plath abortó a su segundo hijo. Más tarde, se reveló en una carta para su terapeuta, que Ted Hughes la había golpeado dos días antes del aborto espontáneo. Silvia era víctima de violencia doméstica. El mundo prefirió cerrar los ojos para su tragedia personal y cobardemente, nadie puso el dedo en ristre para acusar al golpeador. Reflejando una aceptación del maltrato contra la mujer. Al tiempo que se queda claro que, Ted Hughes no era solo un mujeriego ambicioso y golpeador, sino también un narcisista maligno.

El aborto que sufrió Silvia Plath, aparece en algunos poemas, entre ellos «Parliament Hill Fields», donde empieza a mostrar rasgos depresivos y dejar en claro que busca una salida, pues se siente atrapada. Infelizmente, nadie pudo salvarla.

En 1962 nació su hijo Nicolás. La relación con Ted se complicó. El invierno de 1963 se recuerda en Londres como uno de los más fríos del siglo XX. El 11 de febrero, en un piso del barrio de Primrose Hill, la escritora y poetisa Sylvia Plath se levantó por la mañana, preparó galletas y leche para que desayunaran sus dos hijos, Frieda y Nicholas, de 3 y 1 año de edad, y cerró bien la puerta de su habitación, colocando incluso unas toallas húmedas en la parte inferior. Dejó sobre la mesa una nota para la niñera con el teléfono del médico. Encendió el gas del horno de la cocina, metió la cabeza dentro y murió asfixiada a los 30 años.

El suicidio de Silvia Plaht quedó en la historia como el suicidio de una mujer depresiva y desequilibrada, debió ser escrito como el feminicidio de una víctima de un psicópata narcisista. Porque el desequilibrio mental ocurre cuando la víctima se da cuenta y tiene arranques de agresividad o furia, sencillamente, porque no ve otra salida para defenderse, y entonces el narcisista le da la vuelta a la situación y perpetúa la relación tóxica. Hasta que la víctima no es capaz de expresarse con opinión propia por miedo. Además, el psicópata narcisista, pone en su contra a los demás; hace que la víctima parezca responsable de lo que le ocurre, la caricaturiza y hace que ella misma se desacredite.

En mayo de 1962, Silvia y Ted conocieron personalmente, a Assia Wevill y su tercer marido, el poeta canadiense David Wevill. Enseguida, Ted Hughes escribió, «El soñador en mí se enamoró de ella», y unas semanas después comenzó una aventura con Assia Wevill.

Pocos meses después de conocer a Assia, Silvia Plath y Ted Hughes se fueron de vacaciones a Irlanda. El cuarto día, Hughes viajó a Londres para encontrarse con Wevill, en un viaje de 10 días por España, a los mismos lugares que Plath y Hughes se fueron de luna de miel.

Cuando regresó a casa, negándose a terminar su relación con Assia Wevill, su matrimonio también terminó. Plath y Hughes se separaron en julio de 1962.  Silvia Plath intentó acabar con su vida.

Silvia Plath vivió en un apartamento con sus dos hijos durante el triste invierno de 1962-1963, básicamente como madre soltera de su hijo recién nacido y su hija pequeña. Como se sabe, se suicidó respirando gas en su cocina mientras sus hijos dormían profundamente en una habitación a lado.

Los meses transcurridos entre el descubrimiento de la traición por parte de Ted Hughes y su muerte fueron fructíferos como escritora y poeta, y muchos de los poemas que produjo durante este período, Ted Hughes los publicó póstumamente, porque al no estar divorciado al momento de la muerte de Silvia, él se quedó con el usufructo de los derechos de autor del trabajo de Silvia, su eterna víctima mortal.

La obra literaria de Sylvia Plath sin publicar, fue apareciendo de a poco, siempre bajo el cuidadoso control de Ted Hughes. Fue él quien tomó la iniciativa de publicar los diarios de Plath, aunque uno de ellos, el último, el relacionado con el acto final en la vida de la escritora, nunca vio la luz. Hughes decidió destruirlo para, según él mismo explicó en numerosas ocasiones, proteger a sus hijos.

Es sabido que Silvia Plath siempre tuvo en gran estima a la doctora Ruth Barnhouse Beuscher. En sus diarios hay constancia de ello; por ejemplo, en una entrada del 27 de diciembre de 1958: “Ayer tuve una sesión con Beuscher muy larga y muy profunda. Removí cosas que me lastimaron y me hicieron llorar. ¿Por qué solo consigo llorar con ella?” Con certeza había mucha confianza con la que era guardiana de los secretos de la poeta y había motivo, porque la paciente llegó a la consulta de la doctora tras haber intentado suicidarse por primera vez (después de casarse con Ted Hughes).

En 2017, una serie de cartas inéditas de Silvia Plath dirigidas a su psiquiatra escritas entre el 18 de febrero de 1960 y el 4 de febrero de 1963, nos trasladan a la parte final de la vida de la escritora, con una correspondencia que concluye una semana antes de su suicidio.

Las cartas exponen los malos tratos que Sylvia Plath habría recibido a manos de su marido, el también poeta Ted Hughes. Los golpes que recibió cuando estaba embarazada de su segundo hijo. Igualmente hay referencia a que el mismísimo Hughes había deseado que ella se muera.

En 2017, fue un librero de Massachussetts que puso a la venta una serie de documentos inéditos en los que se constatan los malos tratos que la escritora padeció a manos de Ted Hughes, quien fue su marido y responsable de la destrucción del último diario de la norteamericana. Esta documentación viene a suplir de sobremanera, aquellas páginas del último diario, mandadas al fatal fuego por Ted Hughes.

Como el depredador psicópata narcisista es incorregible, la relación de Ted Hughes y la poeta Assia Wevill fue tensa y problemática. Dejando en claro, en el trágico final, la continua infidelidad, los malos tratos y dos muertas (Assia y la hija de la pareja).

Assia Wevill era licenciada en Literatura por la Universidad de Vancouver. Divorciada en tres ocasiones, fue madre soltera que desafió las convenciones de la sociedad de su época. Nació en 1927 en Alemania. Hija de un médico judío de origen ruso que tuvo que escapar del nazismo y refugiarse en Palestina y, más tarde, en Tel Aviv. Assia viajó a Londres, donde se casó con el sargento británico John Steel, se separó. Regresó a Londres y conoció al joven poeta David Wevill (de él tomó el apellido final).

Después, del vértigo de enamorarse de Ted Hughes y la muerte de Silvia Plath, en pocas semanas, Assia se junta con el poeta, cuida de sus dos hijos. Por su parte, Ted escribía como redivivo, demostrando en sus poemas un poderoso espíritu recuperado. Al tiempo que soportaba los ataques de quienes lo hacían culpable del suicidio de Plath. Desde particulares, hasta colectivos feministas y hubo bibliotecas que se negaron a tener sus libros…

 Assia Wevill también fue traicionada por Ted y tuvo una hija con él y al igual a Silvia Plath, remató sus días junto a él abriendo la llave del gas. Extraña coincidencia ¿o la mano negra del mismo psicópata? Ted enterró a Sylvia en febrero de 1963. Y en marzo de 1969 a Assia y a la hija de ambos, Shura, que falleció junto a su madre intoxicada por el gas de la cocina. Cuando hallaron los cadáveres, Assia tenía la mano desfallecida en el pecho de su hija. El amorío había terminado.

Hughes repitió con Assia el mismo comportamiento que con Sylvia. Como todo psicópata narcisista fue arrebatador en la pasión inicial e inflexible en la indiferencia posterior. Los detalles verdaderos de la tragedia se pierden en los anales del tiempo, sobran muchas opiniones vertidas por Ted Hughes el psicópata, que sobrevivió a las dos poetas que después de amarlo, terminaron en la cámara de gas doméstica.