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Del estadio al streaming

La inauguración del Mundial fue vista por 1200 millones de personas. Tan sólo en China, los primeros partidos los vieron 192 millones de espectadores únicos. En México más de 64 millones sufrimos, nos entusiasmamos y entristecimos durante el partido de nuestra selección contra Inglaterra.

El futbol es ritual colectivo, evento identitario, espectáculo universal, acontecimiento épico e industria muy próspera gracias a la televisión. El Mundial se ha convertido en el fenómeno cultural, realizado regularmente, de mayor alcance global. 

Esa globalización es favorecida por la televisión, aunque en ella el futbol es distinto al que se mira presencialmente. En la pantalla se pierden la experiencia sensorial que dan el estruendo, la emoción multitudinaria y la percepción espacial que solamente se experimentan en el estadio. A cambio de ello, mirarlo en televisión permite comprender mejor el partido gracias a los distintos emplazamientos, al zoom y a las tomas elevadas de las cámaras, así como a las repeticiones de jugadas clave.

La televisión, al mismo tiempo, es un elemento disruptor en el futbol. La aborrecible pausa de hidratación terminó convirtiéndose en oportunidad para más anuncios comerciales. El VAR, en vez de beneficiar decisiones justas, se ha convertido en obstáculo para la continuidad del partido y está desplazando al sentido común y al juicio responsable de los árbitros. Los horarios del Mundial fueron acomodados según las audiencias regionales que verían los juegos por televisión. Las gráficas que acompañan a la transmisión complementan, pero también condicionan nuestra apreciación del juego. La supeditación del futbol a la televisión incluso condiciona el comportamiento de los jugadores que, sabiendo que cada gesto suyo es registrado por las cámaras, se tapan la boca cuando dicen algo.

El futbol depende de la televisión para construir y mantener audiencias enormes pero, también, como su principal fuente de financiamiento. Un estudio previo al Mundial estimaba que la actividad económica global debido a ese evento ascendería a más de 80 mil millones de dólares. La FIFA esperaba recibir este año ingresos por 8900 mdd, de los cuales más de 3900 serían por derechos para las transmisiones de televisión

El Mundial de 2026 se ha visto en 220 países y territorios en todo el mundo. Este año, además de difundirse en televisión, se transmite a través de plataformas digitales que en muchos casos amplifican, pero en otros limitan el acceso de sus audiencias. La televisión ha democratizado la propagación del futbol y de muchos otros espectáculos. Con la expansión de la televisión de paga, hace varias décadas, para acceder a esas transmisiones se hizo necesario suscribirse a ellas. Ahora el auge del streaming, que es la tecnología con la que se difunden contenidos en línea, permite que el acceso a contenidos como los partidos del Mundial sea más versátil (uno puede conectarse desde un televisor, o en un celular) pero también, en no pocos casos, más excluyente porque hay que pagar para verlos.

El anhelado quinto partido, cuando el 5 de julio México perdió 3-2 ante Inglaterra, fue visto por 35.8 millones de personas a través de canales y servicios de Televisa y 27.9 millones en TV Azteca, según la consultora Mediu. De la audiencia en Televisa, 28.3 millones fueron para los canales Las Estrellas, 5 y TUDN y 7.5 millones a través de la plataforma Vix.

En México, de los 104 partidos del Mundial solamente 32 pudieron verse en televisión abierta. Para ver los 72 restantes, fue necesario tener suscripción a Vix y comprar un paquete con esa programación. Las transmisiones en esa plataforma han sido de desigual calidad. Muchos suscriptores se han quejado porque la aplicación no admitía sus claves, la señal se congelaba, la pantalla se ponía en negro, aparecían mensajes de error, audio e imagen no estaban sincronizados o la imagen era borrosa. (Mientras escribo el borrador de este texto estoy viendo el reñido Argentina-Suiza y, durante varios minutos, la imagen en mi iPad queda suspendida). Además, aunque se trata de un servicio por el que hemos pagado, en muchas ocasiones al iniciar sesión Vix nos obliga a ver varios minutos de anuncios comerciales.

Televisa ha promovido su plataforma Vix con los partidos del Mundial gracias a que compró derechos de exclusividad para las transmisiones en México. Aunque se trata de la principal empresa de televisión abierta, privilegió a su servicio de paga en línea. El 30% de los partidos, entre ellos los de más interés, los difundió en TV abierta y reservó el resto para los aficionados dispuestos a pagar por ellos. Al sacrificar la transmisión en señal abierta, ese consorcio perjudicó a la mayor parte de los telespectadores.

Algunas de las deficiencias técnicas en las transmisiones de Vix, y sobre todo la posibilidad de cobrar una cuota a quienes las contrataron, se deben a la tecnología utilizada para difundir contenidos en línea. En la transmisión en radiodifusión abierta, o broadcasting, una misma señal llega directamente a todos los televisores que la sintonicen, siempre y cuando tengan antena y se encuentren en el área de cobertura. La señal es la misma, independientemente de que sea sintonizada por 20 o por 200 mil televisores. Ese ha sido el modelo de la televisión tradicional, que económicamente es muy redituable porque una misma señal puede ser vista (o escuchada, en el caso de la radio) en una gran cantidad de receptores. A diferencia de la industria de manufacturas, en donde cada pieza que se produce requiere de insumos adicionales (si quiero fabricar 100 sillas necesito más material del que necesito para hacer 50) en la radiodifusión el mismo contenido se propaga independientemente de cuántas personas lo reciban.

En la transmisión en línea, en cambio, cada programa (en el caso que comentamos cada partido de futbol) se convierte en un paquete de datos único que viaja por Internet, desde el servidor desde donde se emite hasta el equipo en donde lo recibimos. Necesitamos un dispositivo digital —televisor inteligente, tableta, celular, computadora— y conexión a la Red. A diferencia de la televisión abierta, en donde una sola transmisión llega a muchos televisores, en la propagación de contenidos en streaming mientras más usuarios haya, se requiere más infraestructura.

Al referirse a la emisión en línea de los partidos del Mundial Jorge Bravo, especialista en telecomunicaciones, explica los pasos principales de ese proceso técnico: “Todo comienza en el estadio. Decenas de cámaras capturan el partido. Esa señal se comprime, se codifica y viaja por fibra óptica o satélite hacia centros de producción. Los técnicos la procesan, añaden gráficos, repeticiones, publicidad, mejoran el audio y el video y la envían a los servidores de la plataforma de streaming. Esos servidores distribuyen la señal hacia miles de puntos de presencia de México o del mundo. Desde los servidores el video llega al enrutador de tu casa, a tu teléfono o a tu televisor”.

 “Ese recorrido —añade Bravo— toma entre tres y 30 segundos. En cada punto puede surgir un problema. Un pico de tráfico que satura los servidores. Un cuello de botella en la red de tu proveedor de Internet. Una configuración de caché insuficiente para absorber millones de peticiones simultáneas. O una mala estimación de la plataforma sobre cuánta gente se conectaría al mismo tiempo”.

Mientras más usuarios se conectan a la misma transmisión, más se sobrecarga la red. Es como si en el estadio de futbol hubieran vendido más boletos que asientos disponibles: los aficionados sin lugar desplazan a los que ya están sentados, o se quedan sin entrar. Se requiere mayor capacidad de difusión en línea pero, también, de las empresas que proveen de conexiones a Internet.

Cuando hubo fallas en las transmisiones del Mundial, Vix y Televisa fueron víctimas de su propio éxito. Un éxito, vale decir, forjado en el acaparamiento de los derechos de transmisión de ese torneo. Millones de aficionados tuvieron que suscribirse a Vix, o pagar una cuota adicional a esa plataforma, para ver todos los partidos del Mundial. Esa fue una imposición monopólica, y de legalidad discutible, en contra de las audiencias en México.

La legislación en materia de telecomunicaciones y radiodifusión impone limitaciones a Televisa por ser la empresa preponderante en televisión. Entre otras restricciones, no puede tener exclusividad en la transmisión de eventos deportivos que la autoridad reguladora considere de alta audiencia. Televisa eludió esa disposición al vender a Televisión Azteca la transmisión de 32 partidos. Así, no hubo exclusividad en las transmisiones por televisión abierta. Pero sí la hubo en el resto de los juegos, difundidos por Vix. Televisa utilizó su plataforma en Internet, que no tiene restricciones legales, para darle la vuelta a la ley. Las autoridades en materia de telecomunicaciones y en competencia económica podrían haber impedido esa acción monopólica de Televisa pero fueron liquidadas como instituciones autónomas,  las integraron al gobierno y en buena medida quedaron neutralizadas.

El reemplazo de la televisión (abierta o de paga) por plataformas digitales, constituye una tendencia tecnológica y comercial incontenible pero en México ocurre sin acción alguna del Estado para proteger a los consumidores. En otros países se pueden ver todos los partidos locales de futbol en un solo servicio: en España se contrata con Movistar, en Italia con Dazn, en Argentina se adquiere un paquete de futbol con el proveedor de señal de televisión, en Chile todos los partidos se pueden ver en TNT-HBO. 

En México, en cambio, cada equipo de futbol negocia por su cuenta con los sistemas televisión y de video en línea y no hay paquetes únicos. Si quisiera ver todos los partidos de la liga mexicana de futbol tendría que contratar al menos cuatro plataformas (Vix, Amazon Prime, Fox One, Disney-ESPN) y tener acceso a la televisión abierta. Claro que se requiere de mucha afición, y de cierta dosis de masoquismo, para estar interesado en un Juárez vs. Puebla o Necaxa vs. Atlante después de cinco semanas de ver partidos como los que ofrecieron Argentina y Cabo Verde, Paraguay y Alemania, Bélgica y Senegal, o México ante Inglaterra.

Raúl Trejo Delarbre es Investigador Emérito en el Sistema de Investigadoras e Investigadores. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia e Inteligencia Artificial, conversaciones con ChatGPT.

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