De magos, astrólogos y consejeros políticos

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Releyendo El arco y la lira, de Octavio Paz, encontré un breve ensayo titulado “El ritmo”, en el que el escritor mexicano analiza el carácter mágico de las palabras. En un párrafo, a propósito del poder de la palabra, Paz afirma: “Una de las formas de la magia consiste en el dominio propio para después dominar a los demás. Príncipes, reyes y jefes se rodean de magos y astrólogos, antecesores de los consejeros políticos”.

Este párrafo me hizo reflexionar sobre la historia de nuestra patria y recordé al primero de los grandes consejeros políticos que hubo en la República: Casimiro Olañeta (1795-1860), a quien se le atribuye la creación de Bolivia, admirado por unos y despreciado por otros, encarna el oportunismo político en su más patética versión. En una carta a Antonio José de Sucre, Olañeta le confiesa: “No quiero regresar jamás al territorio de los tiranos a quienes he servido con el único propósito de mantener la discordia que introduje entre ellos y que he mantenido hasta el final”. Sin comentarios. Olañeta fue consejero de varios presidentes, entre ellos Miguel de Velasco y José Ballivián.

Otro famoso consejero fue Mariano Donato Muñoz (1823-1894), Secretario General del gobierno de Mariano Melgarejo, quien mandó acuñar monedas con las efigies de Melgarejo y la suya, con la “humilde inscripción”: “A los pacificadores de Bolivia/ Melgarejo/Muñoz» y en el reverso la frase: “Al valor y al talento”, egolatría elevada al peso boliviano.

Desde la recuperación de la democracia, en 1982, los medios de comunicación empezaron a desatacar la influencia de ciertos consejeros que también eran operadores políticos. Su importancia era tal que los canales de televisión, radios y periódicos se disputaban las entrevistas con ellos. Sin duda alguna que Oscar Eid Franco, del MIR, fue uno de los más notables; a él le atribuyen, entre otras “vivezas criollas” la invención del eufemismo “triple empate”, que permitió al candidato de su partido, que había salido tercero en la votación nacional (16%), cruzar “los ríos de sangre”, que lo separaban del dictador Banzer, para llegar a ser presidente de Bolivia. Años más tarde, este absurdo fue modificado. Uno de los consejeros de Banzer fue el siniestro Alfredo Arce Carpio, que ni siquiera cayó en desgracia luego de que se descubrieran videos en los que aparecía negociando asuntos estatales con el entonces “Rey de la cocaína”.

Otro de los célebres consejeros fue Carlos Sánchez Berzaín, operador de Gonzalo Sánchez de Lozada y responsable de la línea dura del MNR que provocó la masacre de la Guerra del gas; ninguno de esos esclarecidos asesores pudo reconocer las sombrías señales que anunciaban las explosiones populares del 2003 y todos, junto a sus partidos y sus “acuerdos patrióticos”, cayeron en el olvido.

Evo Morales, creador del Estado Plurinacional, tuvo varios asesores, nacionales y extranjeros, se habla de cubanos y venezolanos; el más visible fue el peruano Walter Chávez, que, a manera de chamanes, yatiris y/o expertos en leer los santificados textos del marxismo, le aconsejaban sobre el manejo político. Jeanine Añez tuvo a uno muy peculiar, por decir lo menos del antipático Arturo Murillo, aunque se habla de otros en la sombra. De Luis Arce no se sabe, a ciencia cierta, quien o quienes constituyen su círculo de fuego de pitonisas con turbantes y bolas de cristal, se especula de Jorge Richter, en fin… La historia y usted amable lector dirán si estos clarividentes supieron leer correctamente los mensajes de la hoja sagrada, del movimiento de los astros, de las entrañas de los animales y de las cartas del tarot. Mientras tanto, nosotros, simples pasajeros de la vida, ante del desasosiego del mañana, debemos estar atentos al horóscopo del día y a las señales de la calle que, en Bolivia, marcan los vaticinios políticos. Alea jacta est.