De elefantes, pumas y fantasmas

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La discusión planteada por el portavoz presidencial sobre los modelos estatal centralista y cruceño, a raíz de la corrupción fantasmagórica expuesta en el municipio oriental, es un falso debate. El vocero confunde un modo de gestión del Estado nacional o local con diferentes formas de organizar la economía.

Respecto a la forma de gobernar, no existe diferencia alguna entre la corrupción del Gobierno nacional y la descubierta en el municipio cruceño, pues en Bolivia, luego de 15 años de régimen “socialista”, rige un modelo clientelar de gobierno. Es la colonización del Estado, la captura del poder en beneficio de la “tribu”. A costa de la nación.

La alianza secreta que existió entre oficialismo y “oposición” entre el municipio cruceño y el Gobierno central está basada en la corrupción administrativa institucionalizada; en el asalto a las arcas públicas con la complicidad del Gobierno nacional, y el silencio de los diferentes órganos de fiscalización del Estado, empezando por la Contraloría General y terminando en los concejos municipales.

“Robar y dejar robar” pareciera ser el “moto” del socialismo Laissez-faire.

El Estado clientelar está basado en su preeminencia sobre la economía, en detrimento de una economía popular privada e individual. Por tanto, el empleo lo provee principalmente el sector público.

Medio millón de funcionarios en el Gobierno central, es decir, ¡1 burócrata por cada 22 habitantes!; o también se pudiera analizar lo ocurrido con la anterior administración municipal de La Paz, que tenía 9.000 empleados: ¡1 por cada 100 habitantes!, lo que representa un 70% a 90% del presupuesto destinado solo a sueldos y salarios.

Esto significa que el país está al servicio del gobierno de turno, y no al revés, como debiera ser. Equivale a tener una empresa cuya totalidad de ingresos se consumen en el pago al gerente y sus amigos.

El Presupuesto General de la Nación de EEUU o Chile, por ejemplo, está en alrededor del 30% de su PIB, que es el tamaño del Estado respecto a sus economías. En Bolivia, en cambio, es equivalente al 90% del PIB (bienes y servicios producidos por todos nosotros). Y, aquí, además de alimentar a sus respectivas “tribus” con la casi totalidad de los ingresos, su negocio está también en crear empresas públicas. “Elefantes blancos” a costos siderales que producen jugosas “coi-misiones”, y que funcionan a pérdida requiriendo fuertes subsidios, de hasta 90% de sus costos, como es el caso del teleférico o el PumaKatari, en La Paz.

Los 800 ítems fantasmas en Santa Cruz representarían una erogación de 200 millones de Bs (28,5 millones de $us), en 5 años, según estimaciones del concejal Manuel Saavedra. ¿A cuánto sumarían en La Paz? Y ¿a cuánto en el Gobierno central? Aplicando el mismo criterio para estimar el costo de supernumerarios y/o fantasmas, pero por un periodo de 10 años, en el municipio de La Paz, sobre 3.000 supernumerarios, darían algo más de 214 millones de dólares; y el del Gobierno central aplicado solo a 50.000 burócratas masistas excedentarios, alcanzaría a los 3.600.000.000 (3 mil seiscientos millones de dólares). ¡Una fantasía!

La corrupción estatal tiene su origen principalmente en el carácter monopólico, centralizado y discrecional, algo típico de los gobiernos socialistas, por definición. Peor aún cuando esos gobiernos utilizan al Estado para alimentar a sus huestes políticas, sean estos de izquierda o de derecha. El robo es ambidextro.

La forma de subvertir el “modelo clientelar de gobierno”, que cual virus satánico se ha expandido por toda la administración pública, es descentralizando la provisión de servicios, movilizando la inversión privada –bajo regulación del Estado– y reduciendo la planilla de funcionarios a un máximo de 30% del presupuesto.

Por lo tanto, es evidente que el modelo de gobierno clientelar corrupto, popularizado por el régimen del MAS, se ha generalizado en el país, y es absurdo querer atribuirlo exclusivamente a Santa Cruz.

Otra cosa muy distinta es hablar del modelo de desarrollo productivo que tiene que ver con la forma de organizar la economía. Santa Cruz y el oriente, con su economía básicamente agrícola, de uso intensivo de mano de obra, privilegia el desarrollo privado e individual, la mejor distribución de riqueza, y por tanto es más democrático; mientras el occidente, principalmente minero, es por esencia intensivo en el empleo de capital y tecnología, no en mano de obra, y tiende a concentrar las rentas, y por tanto ser mas oligárquico. O estatista.