Christian Jiménez Kanahuaty
La educación es una labor de todos los ciudadanos por principio democrático, debido a que todos hemos transitados por instancias pedagógicas, educativas y formativas a lo largo de nuestra vida. Y no tienen que ver sólo con las enseñanzas establecidas desde la familia, o el círculo de amigos ms cercano.
Tiene que ver ante todo es que el primer aprendizaje sucede por emulación. Luego hay filtros sociales, económicos y políticos que hacen de la educación un proceso constantemente determinado por las relaciones sociales de producción. Pero además se haya determinado por el lugar vital en el que la persona se encuentra al momento de recibir información y asimilar un aprendizaje. Y esto lo podemos constatar cuando vemos una película o leemos un libro en más de una oportunidad. Por más que sean la misma película y el mismo libro, la distancia temporal entre la primera visita a ese objeto y la segunda o la tercera, son diferentes. En principio porque nuestra percepción del mundo ha cambiado y luego, porque el libro o la película también cambiaron por que el contexto en que las visitamos ya no es el mismo, entonces encontramos nuevos códigos o símbolos con los cuales no habíamos estado familiarizados.
Lo mismo sucede con la educación que es recibida en todo momento y a lo largo de la vida, desde colegio hasta los ciclos universitarios y la educación de posgrado. En todo momento la información, el conocimiento y el aprendizaje recibido se aglutina alrededor de la experiencia, del contexto y de las posibilidades de conectar los saberes y conocimientos ya sea para realizar investigación o para alumbrar nuevos conocimientos que sirven a la actualidad.
Sin embargo, cuando pensamos en educación es imposible no pensar en el Estado y en la sociedad de las cuales, la educación es un componente no sólo que guía la profesionalización o la renovación de conocimientos en una cultura que crece y se fortalece en su relación con el mundo, sino que también se piensa y se conoce mejor a través de sus propios procesos de investigación, revisión, valoración y proyección, y esto sucede porque la educación es sustancial para proyectar el país hacia el futuro desde un presente en constante transformación.
En ese espacio es que se desarrolla la posibilidad de pensar la educación como una articulación entre el mundo de la economía y el mundo de la cultura.
Hay que colocar la educación al centro del debate, pero también de la constitución estatal. Hacia la derecha la cultura y hacia la izquierda la economía. Estas tres cajas de herramientas conceptuales se comunican y de cada una de ella se desprenden los demás ministerios, entre la intersección entre educación y cultura, está el ministerio de salud y deportes. En la intersección entre educación y economía está el ministerio de desarrollo productivo. Y de ahí hacia abajo siempre conectando toda la acción de confección de políticas públicas con líneas directas hacia la educación, la cultura y la economía.
Esta forma generará un conocimiento certero sobre las dimensiones de lo que significa una reforma educativa de amplio espectro y de largo aliento. Pero también significa que existe la posibilidad de generar un modelo de desarrollo no sólo basado en competencias o capacidades o habilidades. Sino en verdaderos modelos de creación de conocimiento de modo colectivo. Por ejemplo, en el ámbito agrario, retomar los saberes de las comunidades añadiéndoles los conocimientos científicos y tecnológicos, dará como resultado mejores formas de trabajar la tierra, de cuidarla, y de tener seguridad alimentaria sin vulnerar ni el modelo económico ni la comunidad y sus tradiciones.
Por otro lado, si pensamos la educación como central, también se fortalece todo lo que conocemos como cultura de paz y modos alternativos de resolución de conflictos para generar mecanismos reales, adecuados y propios para ejercer estas prácticas y no esperar que los modelos externos propiciados por expertos sean aplicados a una realidad muy distintas, con la esperanza de que sea la realidad la que se adapte a la metodología y al concepto con los que se intenta pacificar un país, cuando lo que hay que hacer es que sea la propia realidad la que imponga sus formas de construir paz, resolución de conflictos y aminoramiento de la crisis.
Sin embargo, este modelo donde la educación debe estar al centro, es una posibilidad de reorganización jurídica del Estado, dando como ejemplo, un nuevo organigrama y un proceso diferente de administración estatal.
La educación puede generar modelos de desarrollo, cuando la educación arroja indicadores y variables con las cuales se puede construir políticas públicas. La educación no sólo cumple el rol de regular los ciclos educativos o de extender títulos que validan un conocimiento. Tampoco es la adjudicación de un presupuesto para el contrato de un cuerpo docente o para resolver los problemas que genera el crecimiento vegetativo al interior de colegios y universidades.
La educación de este presente histórico además de cumplir con todas esas tareas debe enfocarse a la reflexión sobre el tipo de país y la forma estatal en que se proyectará el futuro, por ello su relación con la economía es determinante. Un modelo de desarrollo pasa por un espacio donde la cultura y los patrones de acumulación de la riqueza se conectan para formar mercados de trabajo donde cada sujeto profesional oferta su saber a un empleador, pero también cristaliza el mercado de bienes y servicios tal y como lo conocemos donde la oferta y la demanda guía la conducta de productores y consumidores.
Además de ello, la educación genera la posibilidad de pensar los grados de profesionalziación, es decir, cuan eficiente y eficaz será un profesional al saber sólo aquello que es parte de su profesión o reconociendo que la complejidad genera pensamiento crítico, trabajo en equipo, poco estrés frente a las demandas laborales, creatividad, innovación y flexibilidad constante sobre los procesos de resolución de un tema planteado de forma crítica. La educación da como resulta un tipo muy concreto de profesional que puede adaptarse a la transformación tecnológica o puede darle la espalda. Pero este simple hecho, genera que el país se piense de ese modo.
Todo esta conectado y encadenado porque la educación es una pieza fundamental para entender y resolver además de la identidad, las facetas en las que la identidad construye desarrollo, porque por ejemplo, el turismo, es una manera práctica y creativa de generar riqueza, pero un turismo sin educación ambiental o lingüística sobre culturas e idiomas o sin la capacidad de gestionar el territorio y la diversidad, es un turismo poco sustentable y expropiador. En cambio, un turismo que se involucra con las destrezas, habilidades, tradiciones e historia de una comunidad, por medio de la educación, encuentra el modo en que sean procesos dinámicos donde las comunidades se comprendan cómo tratar a los viajeros, el tipo de necesidades que requieren y lo que buscan, sin que eso afecte el entorno o las condiciones culturales que se presentan.
Por esto es que la educación debe ser central. Visualmente la colocamos debajo de la estructura de los poderes del estado y dependería sobre todo del ejecutivo, pero con la colaboración en cuanto a leyes y reglamentos, del legislativo. Pero esta coordinación se debe dar desde comisiones y secretarias donde las bancadas políticas declaran a personas conocedoras del tema en comisión para trabajar con todas las instancias territoriales que tienen algo que ver con la educación. Porque lo que hay que tener en cuenta es que los procesos de educación para la transformación social y económica de un país son procesos que suceden de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo.
Esta retroalimentación constante entre sociedad y Estado es también un modo distinto de construir estatalidad y gobierno. Sin un proceso de esta naturaleza la sociedad se queda en la orfandad y el estado cae en una espiral de descrédito y con el tiempo se vuelve poco fiable y carece de legitimidad porque no representa a la ciudadanía y no tiene capacidad de gestionar lo público y lo común.
Sobre esta base es que la educación debe constituirse como respuesta a la crisis. Debe plantearse la educación como un escenario multidimensional y como un espacio de diálogo y construir de una nueva forma de la burocratización del estado para reorganización su estructura interna con el fin de que la faceta educativa esté conectada con la razón de ser de un Estado en democracia.