Cuando veo sus rostros, sus ojos, sus manos…

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Cómo me emociona oír de quienes son parte del exitoso modelo productivo cruceño, que soy el Vocero de los Productores. Un halago ser la voz de esos seres sin voz; de esos héroes anónimos del campo que empeñan su esfuerzo, su patrimonio, su salud y hasta su familia, para darnos de comer. Para ellos mi cariño y mi más profundo respeto.

Abogo por todos los productores del agro, principalmente por los más pequeños, la mayoría. Peleo por esa mujer campesina que llegó a Santa Cruz con la esperanza de una mejor vida, expulsada de su terruño en Occidente por la pobreza, por los bichos que se comían su cosecha o porque con su monocultivo no le daba para vivir.

Lucho porque nuestros productores campesinos -quechuas, cambas, aymaras y chapacos, hermanos bolivianos todos- puedan vivir tan bien, como viven quienes los critican por pedir biotecnología. ¡Cuánto me gustaría que ellos también disfruten de lujosos autos, viajes en aviones, cruceros en el altamar y bocadillos gourmet en restaurantes-top! (aunque ellos solo aspiren a vivir mejor, a tener salud y a que estudien sus hijos).

Hablo por quienes precisan de la ciencia y la tecnología para que el clima, los insectos, las malezas y los hongos no arruinen sus cultivos; reclamo, además, que nuestros campesinos sean considerados sujetos, y no objetos a quienes hay que mantener pobres para “hablar por ellos”.

Peleo por los productores del agro que se rajan el lomo para que en la ciudad tengamos para comer cada día, así como también millones en el mundo que consumen los alimentos que exportamos.

Defiendo a los que no son capísimos haciendo memes y videítos, o reciclando información-basura (fake news); a quienes no engañan ni difaman; a los que no son caraduras ni violentos; a los honestos que viven de su trabajo.

Sus códigos y su ética son como ellos, sencillos: buscan con su trabajo hacernos bien; son valiosos para la sociedad porque aportan con su esfuerzo al desarrollo; lo suyo es producir y producir; viven de su faena; no reciben apoyo del extranjero ni dádivas de nadie; persisten contra viento y marea para darnos la comida que necesitamos para vivir; su misión tiene que ver con el alimento que es vital y, para lograrlo, cuántas veces riegan los campos con sus lágrimas en la sequía, o su llanto aporta más al cultivo ya inundado, porque lo han perdido todo…

Cuando veo sus rostros, sus ojos, sus manos…¡cómo no sentirme honrado de ser llamado el Vocero de los Productores, solo porque hablo de su sacrificio en nuestro beneficio!

Gary Antonio Rodríguez Álvarez Economista y Magíster en Comercio Internacional