Cargar con tantas muertes

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“Todos los días le pido al Señor perdón, porque si yo siento tanto dolor, me duele mucho más el dolor que a esas mamás les hayan causado mis hijos” decía Margot Leongómez de Pizarro, madre de Carlos Pizarro, candidato colombiano asesinado por un sicario y de otros hijos torturados.

Sobrevivió a tanto luto y siempre manifestó que respetó a sus hijos guerrilleros, siendo esposa y familiar de militares. Comprendía los ideales que los motivaron para luchar por la justicia social. Lo que nunca aceptó fue cuando el M-19, la agrupación que fue esperanza para Colombia, se metió con el narcotráfico y con la violencia terrorista causando tantas muertes inocentes y el dolor a inocentes.

Cuando el M 19, casi al mismo tiempo que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el sandinismo de Daniel Ortega, se involucró con finanzas ligadas al tráfico de drogas sepultaron su moral. Ninguna lucha social justificaba tal envilecimiento. Droga, terrorismo, sexo desbordado, poder sin democracia, decisiones equivocadas, falta de consideración al derecho a la vida del otro, marcaron la decadencia de las últimas agrupaciones armadas inspiradas en Cuba.          

El pecado original del Movimiento al Socialismo (MAS), invisibilizado por ser tan evidente, fue su relación con la materia prima de la cocaína y con ello el vínculo inevitable con el bandolerismo, el dinero negro, los castigos, los asesinatos, selectivos y ahora masivos. Leonardo Loza y Andrónico Rodríguez deben ser procesados.

Los bolivianos, sobre todo los más pobres, soportan las órdenes del jefe cocalero Evo Morales Ayma para destruir al país. Sin escrúpulos, con claros signos de insanía mental, sometido a la forma más brutal de las tentaciones carnales, amparado por Alberto Fernández, Morales envenena a Bolivia.      

De él, todo es posible esperar. Mas, ¿por qué alguien como Luis Arce Catacora acepta la destrucción de las carreteras a tal punto que pone “condiciones” para levantar los bloqueos, alentando la destrucción de asfalto que tanto costó al país?       

David Choquehuanca envió un mensaje al exterior: “los pueblos indígenas están cada vez más cerca de la armonía, construir la hermandad, en tiempos de sanar”, al mismo tiempo que sus seguidores golpeaban a un soldado de Bolivia en Sayari. Hace creer que la epidemia es un acuerdo del gobierno con la enfermedad.         

Juan Carlos Huarachi Quispe, ni cumple con la asistencia familiar a su pequeña, pero no duda en alentar que jóvenes enmascarados cerquen cisternas con oxígeno. ¿Quién devuelve las ambulancias dañadas, quién sana a miles de personas agredidas, ¡cobardes, no dan ni la cara!; en 2018 Felipe Quispe lo calificó como pelele del oficialismo. Ahora están juntos obligando a madres a bloquear con la amenaza de dejarlas sin agua de riego.         

Betty Yaníquez, la exfiscal opaca, defiende a las turbas armadas, como acepta la muerte de 40 personas que podrían hoy estar recuperadas. ¡Todo vale por el miserable curul! Hace poco tildaba a la bancada de las “bartolinas” de “gente muy sucia, corruptas, maleantes, demonios”. Eva Copa es madre de una criaturita y no se conmueve ante los neonatos al borde de la muerte por falta de oxígeno.         

 Los dirigentes ferroviarios se han preocupado por que nadie afecte los trenes administrados por Carlos Gil, al mismo tiempo que permitían los alambrados en puentes de Yapacani. ¡Qué les importaba los transportistas enfermos y sin alimentos!       

Segundina Flores, Jacinto Herrera, Tata Pelagio Condori, Juan Vilca, Edmundo Luna, Gustavo Torres, en sus espaldas están tantas muertes, tantas agonías, tanto sufrimiento que han causado a millones de bolivianos. Que el alma de don Mario Limachi se los recuerde siempre. Ninguna consigna política justifica el dolor que han causado a tantas madres en todo el territorio nacional.