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Bolivia es clasificado por primera vez como país de “Desarrollo Humano Alto”

Sin embargo, el país mantiene grandes desafíos en materia de reducción de desigualdades.

Hoy en Bogotá se lanzó el «Informe sobre Desarrollo Humano 2019: Más allá del ingreso, más allá de los promedios, más allá del presente: desigualdades del desarrollo humano en el siglo XXI”. En este informe global insignia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Índice de Desarrollo Humano (IDH) ha colocado a Bolivia, por primera vez desde que es calculado, en el grupo de países de “desarrollo humano alto”, alcanzando un IDH de 0.703 en el puesto número 114 de 189 países y territorios.

Fuente: PNUD Bolivia, elaboración propia con base en datos del Informe Mundial de Desarrollo Humano 2019.

En cuanto a los componentes del IDH entre 2000 y 2018, la esperanza de vida al nacer incrementó en 8,7 años, los años esperados de escolaridad aumentaron en 0,3 años y los años promedio de escolaridad en 1,6 años. El ingreso nacional bruto (INB) per cápita ($PPA del 2011) aumentó en aproximadamente 60 por ciento entre 2000 y 2018. Los datos muestran un desempeño positivo y sostenido del desarrollo humano en el tiempo debido, fundamentalmente, a las mejoras registradas en los ingresos y en la esperanza de vida al nacer.

Sin embargo, al ajustar el IDH por desigualdad, el país pierde 24,2% de progreso en desarrollo humano y su valor desciende a 0.533. El componente que presenta mayor perdida por el ajuste a la desigualdad es el ingreso (29,7%), esto significa que a pesar del alto crecimiento económico del país con respecto a su Producto Interno Bruto (4.9% de crecimiento anual en promedio en los últimos 10 años), los ingresos derivados no se han podido distribuir de una manera más equitativa entre la población. Todavía persisten desigualdades significativas por área geográfica, condición étnica, género y estrato socio-económico. Según datos oficiales del INE, en 2018 la diferencia urbano rural de la incidencia de pobreza moderada y extrema permaneció significativa. En el área rural, el 54% estaba en situación de pobreza moderada y el 33,4% de pobreza extrema. En el área urbana, el 26% en pobreza moderada y el 7,2% en pobreza extrema. Así mismo, la diferencia de la desigualdad monetaria medida por el coeficiente de Gini también fue significativa por área geográfica: 0,38% en el área urbana y 0,49% en el área rural el 2018.

Lo anterior demuestra que todavía existen brechas significativas en el desarrollo humano de Bolivia. Reducir las desigualdades en los servicios de suministro de agua y saneamiento, en los servicios de salud, en la cobertura de los esquemas de protección social, en la calidad de los empleos, en la resiliencia climática y en los aspectos de género, requiere de una reflexión profunda que permita diseñar una nueva arquitectura de políticas públicas diferenciadas para los contextos urbanos y rurales.

La desigualdad sistemática y estructural es el tema principal abordado por el nuevo Informe Global de Desarrollo Humano del PNUD de 2019. A pesar del progreso que muchos países han tenido en materia de crecimiento económico, persisten desigualdades de orden estructural que evidencian nuevas demandas por acceso a la justicia, libertades políticas, igualdad de género, entre otras.

La desigualdad tiene un impacto crucial en el desarrollo humano. El Informe plantea la necesidad de repensar la manera en la cual se mide, y más importante aún, la manera en la cual se encaran los desafíos y tareas pendientes en materia de desarrollo humano. Bajo esta lógica es que se incluye también la medición del Índice de Desarrollo Humano Ajustado por la Desigualdad 2019.

El informe plantea la creciente generación de nuevas desigualdades en torno a la educación, tecnología y cambio climático, áreas desde las que se podrían desencadenar nuevas divergencias en la sociedad no vistas desde la Revolución Industrial, dejando muy por detrás a personas y países enteros.

El informe plantea la necesidad, como su nombre indica, de medir el desarrollo humano y las desigualdades primero: “más allá del ingreso”. El IDH compuesto por tres elementos: ingreso, salud y educación, debe ahora tomar en cuenta las desigualdades al interior de estas dimensiones. Por ejemplo, la inversión en educación debería ocurrir aun antes de que las niñas y niños ingresen a la escuela, pues la desigualdad es acumulativa: una persona con menos oportunidades al momento de nacer, aunque ingrese al sistema educativo a la edad que debe hacerlo, lo hará ya con desventajas si no se ha invertido en su primera infancia y nutrición.

Segundo, el Informe señala que debemos avanzar en el análisis “más allá de los promedios”: éstos ayudan a la lectura de un plano general. Sin embargo, son usualmente poco útiles al momento de pensar en políticas públicas que alcancen a quienes se están quedando atrás. Precisamos de mejores herramientas para identificarles y así atacar de manera efectiva desigualdades de género, promover el empoderamiento económico, la inclusión de personas con discapacidad, entre otras.

El informe afirma que mientras el silencio por la violencia y abuso hacia las mujeres se está rompiendo, aún no ha pasado lo mismo con el techo de cristal que evita su progreso. Según las tendencias, tomará 202 años en cerrarse la brecha de género tan solo en oportunidades económicas.

Por último, “más allá del presente”, el Informe plantea la necesidad de mirar más allá de lo urgente y pensar en cómo las desigualdades evolucionan, cuáles serán las desigualdades del futuro, en particular. tomando en cuenta dos cambios cruciales: el cambio climático y las transformaciones tecnológicas, ambas afectando en forma desproporcionada a quienes hoy son los más vulnerables.

El Informe recomienda, por ejemplo, políticas de protección social que garanticen la inversión en aprendizaje permanente, para ayudar a los trabajadores y las trabajadoras a adaptarse a nuevas ocupaciones para la construcción de una economía digital segura y estable como fuerza de convergencia, y no divergencia, en el desarrollo humano.

El mensaje central del Informe de Desarrollo Humano 2019 es un llamado a tomar conciencia sobre cómo las desigualdades sistémicas causan daños a la sociedad, abordando las causas raíz centrales. Propone superar un enfoque que piensa la desigualdad en términos monetarios y, en cambio, pensarla desde enfoques más complejos, incluyendo la distribución desigual de riqueza y poder y las normas sociales, que ya hoy desencadena manifestaciones en las calles. Central en esta tarea es brindar herramientas para que líderes y lideresas tracen una nueva ruta para que en un futuro esto cambie. El Informe propone que estas soluciones no deberán entonces, ser únicas ni aisladas sino pensar en todos los segmentos poblacionales y a lo largo del ciclo de vida.

Nota publicada en la página del PNUD

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