¿Beber de su propio veneno?

0
497

Hay palabras que a veces incomodan pero es necesario decirlas sin ribetes ni condicionamiento alguno. Las elecciones del 6 de septiembre próximo quizás no sean las más adecuadas, pero tampoco hay que obviar ni subestimar que la Asamblea Legislativa – quiérase o no – está controlada por el MAS, y por ello si no se maneja con cuidado esta situación, puede provocarse efectos indeseados de ingobernabilidad para la difícil y muy meritoria transición de la Presidente Jeanine Áñez.

La premisa de ir a toda costa arrastrando el problema de las elecciones indefinidamente durante un gobierno transitorio, desde mi punto de vista solo genera mayor incertidumbre y una eventual vuelta al caos social, y ello debería ser bien ponderado antes de cualquier acción o análisis más o menos sereno y ajustado a la realidad sanitaria en el breve, mediano y largo plazo. Pero también, llama la atención que un mero pronunciamiento de Evo Morales en el que dijo haber coordinado con el Presidente del Tribunal Supremo Electoral la fecha de las elecciones, desate ahora una inusitada sospecha respecto a la imparcialidad del ente y haga tambalear todo el tablero de ajedrez. ¿Tanto se le cree al expresidente Morales?. ¿O es que acaso nos encontramos ante la estrategia de postergar las elecciones generales para fundirlas – mediante un mentado cálculo político – con las subnacionales?.

Pero acaso ignorando lo anterior, se suscita otro problema de envergadura: la cancelación de la personalidad jurídica del Movimiento al Socialismo. Sobre este asunto, el abogado del MAS Iván Lima, ha anunciado un recurso abstracto de inconstitucionalidad, que en la práctica jurisprudencial podría suspender cualquier decisión del órgano electoral sobre la problemática ya planteada.  En efecto, según la agencia ABI, el abogado precitado informó que el partido azul presentará al Tribunal Constitucional Plurinacional una acción abstracta de inconstitucionalidad contra el artículo 136, numeral III de la Ley del Régimen Electoral, y advirtió que mientras no sea resuelto ese recurso el Órgano Electoral no puede sancionar al MAS.

En paralelo, sobre el Tribunal Supremo Electoral arden por otra parte varias denuncias formuladas por organizaciones políticas contra el MAS. Todo este panorama provoca una inusitada incertidumbre – al menos desde el inicio del gobierno de la Presidente Jeanine Áñez – y cualquier decisión del ente colegiado debería ser tomado sobre la base de argumentos legales sólidos antes que en meras conjeturas políticas.

Tengo una opinión propia al respecto: creo que se debería ganar al MAS en la cancha, no repetir la expulsión de Evo Morales del Parlamento por decirlo de alguna manera, y no avanzar en la escalada de un conflicto social. Me llama poderosamente la atención, por otro lado, que muchas personas en redes sociales hablen de que los azules deben “beber de su propio veneno” (textual). Mahatma Gandhi, decía, que el mundo quedaría ciego si se aplicase el ojo por ojo, y el diente por diente.

No defiendo al MAS, por el contrario, considero que su tiempo ha llegado inequívocamente a un sendero de final sin retorno. Pero al mismo tiempo soy consciente de la necesidad presente de mantener la calma y la prudencia porque los populismos tienen siempre su crepúsculo y su adiós. Y hay que ser igualmente inteligente para no crear otros mitos de la izquierda radical, como los “Che Guevaras”.

La última palabra, en todo caso, la tendrá el Tribunal Supremo Electoral, o en su defecto, el Tribunal Constitucional. El problema es que si el TSE no se ajusta a derecho y no define la situación caeremos como sociedad en una suerte de agonía.