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Alejandra Echazú asume la presidencia de la FC‑BCB junto a Rossana Barragán, Homero Carvalho, Freddy Chipana y otros referentes culturales

Inmediaciones

La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FC‑BCB) abrió un nuevo capítulo en su historia con la posesión de Alejandra Echazú como presidenta de su Consejo de Administración. El acto, realizado este lunes bajo la dirección de la ministra de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, Cynthia Yáñez, y el presidente del Banco Central de Bolivia, David Espinoza Torrico, reunió a figuras de la investigación social, la literatura y las artes plásticas, quienes tendrán la responsabilidad de diseñar y aplicar un modelo cultural acorde con los cambios históricos que atraviesa el país.

Un Consejo plural y diverso

El nuevo Consejo está integrado por siete personalidades que representan distintas vertientes del pensamiento y la creación cultural. Alejandra Echazú, investigadora y gestora cultural, asume la presidencia con el reto de articular las voces que conforman el panorama cultural boliviano. Su experiencia en proyectos de preservación patrimonial la convierte en una figura clave para garantizar que los repositorios culturales administrados por la Fundación —como el Museo Nacional de Arte, el Museo Nacional de Etnografía y Folklore, la Casa de la Libertad en Sucre o la Casa de la Moneda en Potosí— se conviertan en espacios vivos de memoria y creación.

La historiadora Rossana Barragán, reconocida por sus investigaciones sobre procesos sociales y culturales, aporta una mirada crítica y académica que permitirá fundamentar las decisiones del Consejo en un sólido conocimiento histórico. Su tarea será fortalecer la investigación en los repositorios y conectar la memoria con las nuevas generaciones.

El escritor y poeta Homero Carvalho, con amplia presencia en la literatura boliviana contemporánea, representa la voz de la creación artística. Su incorporación abre la posibilidad de que la Fundación impulse la promoción literaria y artística, integrando las artes vivas en la programación cultural y fomentando la pluralidad de narrativas.

El artista plástico Freddy Chipana, promotor de expresiones urbanas, será clave para tender puentes entre las instituciones culturales y los colectivos artísticos emergentes. Su rol apunta a abrir espacios para el muralismo, el arte digital y otras manifestaciones contemporáneas que buscan reconocimiento.

Las investigadoras Paola Claros y Alicia Cortés, con experiencia en gestión cultural y análisis social, representan el componente técnico del Consejo. Ellas deberán garantizar que las políticas culturales se diseñen con base en diagnósticos rigurosos y que respondan a las necesidades reales de las comunidades, impulsando la descentralización cultural hacia regiones históricamente marginadas.

Finalmente, el gestor cultural Gonzalo Azurduy aportará su experiencia en proyectos regionales, articulando la visión nacional con las demandas locales. Su papel será fundamental para que la Fundación se convierta en un espacio de diálogo entre las culturas regionales y el proyecto cultural nacional.

El Consejo enfrenta tareas complejas y urgentes. La primera es garantizar la preservación del patrimonio cultural en un contexto de acelerada transformación tecnológica, lo que implica digitalizar archivos y colecciones para hacerlos accesibles a un público más amplio. La segunda es promover la inclusión de expresiones urbanas y modernas, respondiendo a la demanda de una sociedad que busca ver reflejada su diversidad en los espacios oficiales. La tercera es trabajar en la descentralización cultural, llevando proyectos y exposiciones a regiones como Santa Cruz, Cochabamba y Potosí, donde la diversidad cultural exige una presencia institucional más activa. Y, finalmente, fortalecer la conexión internacional, estableciendo vínculos con instituciones culturales de otros países latinoamericanos que enfrentan desafíos similares.

Un nuevo horizonte cultural

La ministra Cynthia Yáñez subrayó que el nuevo Consejo deberá aplicar lineamientos que respondan a los cambios históricos que vive Bolivia. “Queremos ser leales a nuestras raíces antiguas y, al mismo tiempo, incorporar con todos los derechos las expresiones urbanas y modernas de las culturas nacionales”, afirmó durante el acto.

La posesión de Alejandra Echazú y su equipo no es solo un acto administrativo, sino el inicio de un proceso que puede redefinir la política cultural boliviana. La FC‑BCB, como entidad estatal encargada de preservar y promover el patrimonio, tiene ahora la oportunidad de convertirse en un espacio donde converjan las memorias históricas y las nuevas narrativas del país. El reto será lograr que los museos, archivos y centros culturales bajo su administración se transformen en síntesis vivas de las voces históricas, artísticas y sociales de Bolivia, y que al mismo tiempo se abran a las expresiones emergentes que reflejan la riqueza cultural del presente.

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