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A manera de Prólogo de la novela «Potosí, entrada del virrey arzobispo Morcillo, 1716»

Mariano Baptista Gumucio

Cuando entrevisté en mi programa «Identidad y Magia de Bolivia» de «Cadena A» a Ivette Durán Calderón la califiqué como embajadora de Potosí en el Mundo, pues sin ser funcionaria de la cancillería, ella se ha a ocupado en los últimos años de difundir en México, España y en otros países, el esplendor y gloria de Potosí en los Siglos XVII y XVIII.

En esta segunda edición de su obra «Potosí, entrada del virrey arzobispo Morcillo, 1716» la autora ha imaginado la reunión convocada en la hacienda de Cayara a 13 kilómetros de Potosí, a lo más granado de las autoridades políticas, religiosas y jurídicas de la Villa Imperial de Carlos V. Uno de los invitados no tiene cargo público alguno, es Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, modesto maestro de primeras letras y cronista de la Villa que volvería espectacularmente a la vida 250 años después con la publicación completa de su monumental historia de Potosí en tres tomos de formato mayor por la universidad de Rhode Island de los Estados Unidos en 1965.

Ivette describe a cada uno de los personajes y el ambiente señorial en el que discuten animadamente nada menos que la próxima llegada a Potosí del arzobispo Diego Morcillo y Rubio de Auñon, que luego pasará a Lima como Virrey, ¿tuvo lugar esta reunión? ¿Quién sabe?, pero la autora ha recreado magistralmente con prosa elegante y amena las discusiones que habrían tenido lugar en ese sitio para tratar todos y cada uno de los detalles de la visita real, desde los manjares que devoraría hasta los espléndidos regalos que le tenían reservados, un poco a la manera de José Enrique Viaña, en su novela «Cuando vibraba la entraña de plata» Ivette hace hablar a sus personajes en el lenguaje que corresponde el del siglo XVIII.

Entre los que no están y figuran en este volúmen, se halla el gran pintor Melchor Pérez de Hollguín, Antonio López de Quiroga el minero más rico de ese asiento, José de Quirós capitán del cuerpo de azogueros y otros varios como el virrey Francisco de Toledo que vivió por largo tiempo en Potosí y se ocupó mucho, además de las leyes sobre la mita, del orden urbano de la ciudad que nació sin partida de bautizo.

Es sumamente curioso que los dos personajes históricos más importantes de Potosí, Arzans de Orzua y Vela y Melchor Pérez de Hollguín aparentemente no se conocían entre sí. El segundo describió minuciosamente con sus pinceles el paso del arzobiso virrey, episodio registrado también por Arzans Orsúa y Vela en su Historia de la Villa Imperial de Potosí.

En todo caso, el resultado de esta visita ha quedado inmortalizado en la tela de seis metros por dos de altura que es hoy día la pieza más importante del museo de América de Madrid.

No cabe más que felicitar a Ivette Durán Calderón por esta obra que recrea un momento fulgurante de la historia del Perú y Potosi.

Mariano Baptista Gumucio
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