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Así tan lejos del rumor, así tan cerca de la orilla

Maurizio Bagatin

Con Víctor hablábamos de Joseph Barnadas, debe haber sido su alumno por un tiempo, se cruzaban anécdotas sobre la historia y la literatura boliviana y no calentaban asientos. Investigaban, curioseaban hasta criticar algunas ponencias que no le parecían pertinentes. No mezclaban un tema con el otro y sin embargo era necesario: la polémica es siempre la lucha o la guerra, porque siempre fue así, donde hay lógica no hay guerra. La Grecia Clásica es maestra en esta disciplina. No podría haber historia y literatura sin polémica, recordaban las grandes polémicas nacionales: Bolívar- Sucre, Arguedas-Marof, Tamayo-Freyre, Céspedes-Diez de Medina. Hoy las letras y las historias se encuentran en esta Ágora perdida de nuestros días, sin penas, y sobre todo sin glorias.

Hoy un j’accuse no servirá de nada. Zola los escribió en otros tiempos y Germinal quien lo leería hoy con el entusiasmo de aquella época? Desvelaría toda esta falsa atmósfera, todos los privilegios pequeños burgueses, mientras los callos y el sudor siguen en el lugar de siempre. Hiere la trompeta de Chet Baker como un cuchillo de Toledo, en las últimas horas frías de agosto, cuando el silencio dirige cualquier lectura: una poesía de Hölderlin o una prosa de Fernando Pessoa.

Me reconforta el navegar en subliminales paginas la lectura de mi hijo Matteo, le aconsejé leer Danubio de Claudio Magris, porque viviendo él en un antiguo rincón de la Mitteleuropa, no hay cosa mejor que dejarse llevar por este viaje a lo largo de este laberíntico rio. Se encontrará con Jean Paul y con Heidegger, puede chocarse con Joseph Roth y con Robert Musil, y nadar entre Canetti y Kafka. Delicias de las palabras y del pensamiento. Un vals vienés vale el jazz que lo acompaña en sus horas al calor de este tórrido verano europeo. ¿Qué lo esperará en el Mar Negro?

Muy pronto habrá multitudes de refugiados climáticos. La hamaca nadie quiere colgarla y seguimos apretando locamente el acelerador…sonaba la orquesta mientras el Titanic se hundía…y con los Calígula que dirigen el desenfreno no habrá carcajada que nos sepulten. Otra cuestión es preguntarse, como hacía más de cuarenta años atrás un amigo: “¿Todo lo que sacamos del vientre de la tierra no será que un dia nos hará temblar?” “Un dogma desastroso” lo llamó, con tanta visión hacia el futuro, Paul Lafarge a este amor al trabajo, una locura que nos está llevando a la sexta extinción.

La orilla y el rumor pueden ser metáforas o parábolas, la distancia será para siempre la medida de nuestro ser en el mundo.

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