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El pato es el mensaje

El pato Merlín tiene el magnetismo de lo repentino y gracioso; es atractivo por sencillo y vistoso, alcanza la popularidad extendida de los personajes que destacan desde la calle. En un entorno saturado de emblemas, marcas y frases en busca de notoriedad, la fama del pato se ha desplegado sin campañas de marketing ni inversiones en medios.

La popularidad de Merlín condensa los atributos deseables para que un contenido se vuelva viral: claridad y simplicidad, propagación expedita, identificación colectiva, impacto emocional y pertinencia coyuntural. No hay un discurso específico que se busque comunicar con él. Merlín está más allá de intencionalidades políticas y ambiciones mercantiles, por mucho que políticos y empresas se disputen la cercanía con él. El pato es el mensaje, podría decirse —en doméstico y palmípedo homenaje a McLuhan—.

Ilustración: Estelí Meza

Merlín apareció de repente, caminando con su andar de pato —valga la enfática redundancia— en medio de la euforia en Reforma por el primer juego de la Selección Mexicana en el Mundial. Ya se le conocía porque, al menos desde hace un año, Karla Ivette Gómez y su hijo Christian, que ahora tiene 14 años, recorren con él las calles del Centro Histórico ofreciendo “¡Agua de a diez!, ¡agua de a diez!” mientras empujan un carrito con su mercancía. En meses recientes se le había visto en otras movilizaciones sociales donde crecen las ventas de agua y refrescos.

El pato, que antes portaba una pañoleta con la marca Ciel, ahora luce la camiseta mexicana. Su imagen ha sido exitosa, también, porque es fácil de entender y reproducir. De inmediato fue replicada, pero además parodiada en memes y copias de lo más variados. Difundidas inicialmente en las redes sociodigitales, esas imágenes fueron retroalimentadas por medios de todo el mundo, en un ecosistema comunicacional perfectamente integrado. El pato se volvió viral, y literalmente mundialista, cuando sus imágenes después del México-Sudáfrica fueron difundidas en medios internacionales.

La intensa concurrencia de corresponsales extranjeros que vinieron a la inauguración del Mundial y que buscan notas de color favoreció la fama de Merlín. Un video, grabado por un corresponsal de la BBC, tenía más de 700 mil visualizaciones entre el 12 y el 22 de junio. Otro, también en X y en la cuenta de ABC News, alcanzaba 610 mil reproducciones. Han aparecido notas acerca de él en medios como la BBC, CNN, Los Angeles Times, The New York Times, la agencia AP, Le Parisien o The Nation, en Tailandia. En el espacio de ESPN en TikTok, un video de Merlín lleva 3 millones de vistas desde el 13 de junio. Otro, de TUDN, alcanzó 822 mil vistas en seis días.

En Vancouver, una mexicana encontró en una tienda patos decorativos parecidos a Merlín, vestidos con playeras de las selecciones del Mundial; ese video, colocado el 17 de junio, había sido visto en 323 mil ocasiones. Hay creaciones como el video que muestra a Merlín y a sus dueños en versión Lego, imitando a los muñequitos de esa marca. En México, la Selección Nacional saludó el respaldo del patito en un video con 187 mil visualizaciones entre el 13 y el 22 de junio. La FIFA se ha querido apropiar de Merlín nombrándolo “embajador” de la Ciudad de México, en un video que en cuatro días reunió un millón 700 mil vistas.

Los dueños de Merlín habían buscado notoriedad para el pato apoyándose en las redes digitales. Desde agosto de 2024, una cuenta en TikTok registra escenas del pato vendedor de agua, disfrazado de varias maneras. Esas caracterizaciones no tuvieron el éxito que les trajo el Mundial. La firma que maneja el navegador de internet DuckDuckGo anunció que buscaba a los propietarios de Merlín para hacer un trato comercial con ellos. Karla Gómez dijo, por otra parte, que registraría el nombre y la figura del pato para ofrecerlos a la fábrica de refrescos Pascual.

Lo que esa mujer y su hijo querían, por lo pronto, era acudir a partidos del Mundial. Con veloz sentido de oportunidad, para decirle de alguna manera, el empresario Ricardo Salinas Pliego dijo que él los invitaba. Televisa fue más convincente y el miércoles 17 llevó a doña Karla y a su hijo al Colombia-Uzbekistán en el Estadio Azteca y les aseguró que tendrían sitio una semana después, en el México-Chequia. El lunes 22, Karla, con sus hijos Christian y Carlos —de 22 años—, estuvieron en la conferencia mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum.

La figura del pato con la playera verde es de meridiana sencillez. Se adapta bien a la brevedad y al golpe icónico que requieren las redes digitales: es una imagen que no necesita explicaciones, capaz de comunicar emociones sin rodeos y sin ruido que la opaque. De allí, entre otros factores, la generalizada aceptación de Merlín. Será una fama breve, como sucede con la celebridad que se logra a partir de actitudes o escenas momentáneas, pero extensa. A los medios y empresas que difundan esa figura les proporcionará likes y rendimientos cuando sea vista por millares, pero es incierta la eficacia que pueda tener la apropiación política de Merlín.

Este lunes 22 de junio, el pato ocupó en Palacio Nacional uno de los asientos habitualmente destinados a secretarios de Estado. La presidenta y sus propagandistas quisieron mostrar una imagen sensible y amable. Merlín puede aparecer junto a personajes variados, pero el intento por politizarlo arruinaría la imagen de espontaneidad de la mascota y sus propietarios.

Karla Gómez, madre soltera, y sus hijos —el mayor, según dijo ella misma, con un padecimiento mental— son parte de los mexicanos que trabajan, sufren carencias económicas y, junto con ellas, tienen ingenio y se divierten. “Es un pato trabajador, que se levanta temprano, le friega… y, aparte, sabe jugar futbol”, ha dicho. El pato, como capital simbólico, tiene limitaciones. Su ámbito está en la calle, en la economía informal, en la fiesta.

La pretensión de aprovechar propagandísticamente al animal y a sus propietarios al llevarlos a Palacio Nacional contrasta con el rechazo de la presidenta a recibir a otros mexicanos. El periodista y académico Jorge García Orozco señala con precisión: “Claudia Sheinbaum invita al Pato Merlín a la mañanera. Nunca ha invitado a una madre buscadora o a una víctima. Pero sí se hace pato, invitando a un pato literalmente…”.

La popularidad repentina, sin apoyos institucionales ni mercantiles, ha contrastado con los esfuerzos de la FIFA para que el jaguar “Zayu” sea aceptado como mascota del Mundial en México y de Clara Brugada para imponer a sus ajolotes. Merlín es la mascota no oficial del Mundial mexicano, a pesar de los personajes diseñados en consultorías internacionales y en oficinas de propaganda oficial. Tiene el encanto de lo natural. Por eso tropiezan los intentos políticos o comerciales para usufructuar su imagen. La única apropiación que no le quita autenticidad al pato es la que hacen las personas en memes, reenvíos y menciones en la conversación pública, dentro y fuera de las redes digitales.

El pato, como por lo general el futbol, expresa un nacionalismo, por así decirlo, de baja intensidad. Es un nacionalismo sin dogmas doctrinarios, pero con vehementes expresiones emocionales y afianzado en la fiesta y los emblemas visuales. Allí, el pato encaja como representación afectiva. No es más que un pato caminando como pato, pero de pronto la gente lo adopta como amuleto nacional.

Todos somos niños al celebrar la magia de un gol. Lo somos también cuando sonreímos frente al pato. El Mundial es un crisol de nacionalismos. El pato ya existía y andaba por las calles antes del Mundial, pero solamente ahora, en este carnaval que pasa por México, alcanzó la popularidad que lo vuelve símbolo. Merlín despunta gracias a la propagación que le dan medios de comunicación globales, pero es lo que es porque tiene puesta la camiseta verde. El pato muestra a una sociedad que, a pesar de políticos aprovechadizos y negociantes de ocasión, se divierte y se asombra.

Raúl Trejo Delarbre

Investigador Emérito en el Sistema de Investigadoras e Investigadores. Sus libros más recientes son: Posverdad, populismo, pandemia e Inteligencia Artificial, conversaciones con ChatGPT.

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