Tiltyard lady
María Elena Lorenzin – Argentina
Un tronco corroído se desprende del viejo pino Monterey en los jardines del Dartington Hall.
Una mirada le da forma.
La neblina
Rubén García García – México
En el claroscuro de una fría y lluviosa tarde pasó el vaquero cubierto por la manga de hule. Sombrero texano y con las manos en el fuste. Cansado de la cara y espuelas de plata. A quien no logré divisar fue al caballo; aunque, sí se escuchaban los cascos sobre el trenzado de piedra.
Prisión encubierta
Amalia Cordero – Cuba
En el alféizar, mira a las gaviotas escarbar la orilla. Ellas defienden su territorio. Sus dedos palpan el sitio del pecho donde los sueños de ser ella se clavan como espinas. Detrás, él mueve los muebles a su lugar. Decide. La puerta tiene un nuevo cerrojo. Ella observa a las aves, el punto fijo del horizonte. Cuando por fin levantan el vuelo, ella solo tiene que cerrar los ojos para seguirlas.
Ahora, desde la ventana vacía, solo se escucha el rumor del mar y, a lo lejos, un nuevo graznido en la bandada.
Salinidades
Rodolfo Lobo Molas – Argentina
A Jorge Paolantonio
La historia bíblica de Sodoma y Gomorra en verdad también ocurrió en otras partes, solo que las Sagradas Escrituras no lo consignan.
Es así que en muchos lugares –al igual que la mujer de Lot- otras mujeres se convirtieron en estatuas de sal. El inexorable paso del tiempo fue desmoronándolas y hoy sus restos llegan a nuestras mesas en artísticos saleros.
Encuentro
Adriana Azucena Rodríguez – México
Ayer vi a mi padre del brazo de otra mujer. El asunto es que papá está muerto desde hace cinco años. Lo que me quita el sueño es que, al pasar junto a mí, murmuró: “No le digas a tu madre”.
Revisé su agenda, quizá ahí descubriría la identidad de la desconocida. Hallé entre las páginas algunos billetes antiguos, pero aún en circulación: ¿un soborno o el último domingo?