Homero Carvalho Oliva
La Feria Internacional del Libro de Santa Cruz obtuvo el éxito esperado, pese a que algunos libreros, editoriales y autores del interior del país no pudieron llegar a la capital cruceña por los conflictos que bloquean una buena parte del territorio nacional.
Entre el 28 y el 30 de mayo se realizó el Encuentro de Literatura Latinoamericana que reunió a escritores de Colombia, Perú y Bolivia. Los participantes, reconocidos autores, no solo presentaron libros, sino que vinieron a recuperar que la literatura sea una conversación auténtica, solidaria e integradora. En tiempos donde el debate público se fragmenta en destellos digitales, reunir escritores de distintos países para confrontar experiencias y pensar cómo se narra hoy América Latina desde sus márgenes, memorias y conflictos, es, para nosotros, un acto de resistencia. El encuentro tuvo como objetivos centrales los diálogos con estudiantes de secundaria y las mesas redondas sobre el papel actual de las letras latinoamericanas y su proyección internacional. Hacemos un breve recuento de las exposiciones en las mesas redondas, para dejar constancia de la necesidad de integrarnos a través de la palabra:
Fernando Rollano, de Bolivia, señaló que la literatura latinoamericana alcanzó proyección universal durante la segunda mitad del siglo XX gracias al fenómeno editorial y cultural conocido como el Boom, protagonizado por autores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo y Alejo Carpentier. Recordó que sus novelas ofrecieron al mundo una imagen fascinante de América Latina, marcada por el realismo mágico, los conflictos políticos y una poderosa innovación narrativa. Sin embargo, hacia finales del siglo XX surgieron movimientos como McOndo y el Crack, cuyos autores cuestionaron esos modelos y propusieron una literatura más urbana, cosmopolita y acorde con una realidad globalizada. Desde entonces, las letras latinoamericanas han ampliado sus horizontes temáticos y geográficos, alejándose de los estereotipos que durante décadas definieron la identidad literaria regional. Concluyó señalando que hoy, más que pertenecer a una corriente o etiqueta, los escritores latinoamericanos aspiran a ser reconocidos por la singularidad de sus obras, renovando constantemente la tradición narrativa. Rollano también tuvo la ocasión de presentar su nuevo libro Las voces de las aguas.
El escritor colombiano Jandey Marcel Solviyerte realizó la presentación de su más reciente libro de poesía erótica, Piel: jardines íntimos (2025). Además, realizó una ponencia en torno al tema de violencia y literatura, basada en la historia de Colombia y, en especial, en un conflicto que cerró en el país suramericano el siglo XIX e inició el siglo XX. Este conflicto, conocido como la Guerra de los Mil Días (1899-1902), incluyó la secesión de Panamá, la pérdida de ese antiguo departamento colombiano y el surgimiento del nuevo país del istmo. Así mismo, hizo lectura de algunos poemas de su libro Versos de los Mil Días (2007 y 2017), ante un público atento y dispuesto a conocer un poco más sobre la historia y la literatura del hermano país latinoamericano.
Dany Mirage, poeta boliviana, la más joven del encuentro, poseedora de una lucidez extraordinaria, se preguntó: “¿La literatura latinoamericana actual permite a la sociedad definir su identidad? La polarización política que vivimos en Bolivia se refleja muy bien en la literatura: escritores que escriben desde Latinoamérica sobre Latinoamérica; y autores que lo hacen sobre mundos o universos inexistentes, o sobre otros países o continentes fuera del nuestro. Las juventudes lectoras son las que definirán nuestra identidad luego. De ellas, las que leen por voluntad lo hacen en línea en plataformas digitales como Wattpad, donde, si bien publican autores bolivianos de ambos tipos, los más leídos no escriben casi nada sobre Bolivia. Pero eso no debería importarnos, ¿verdad? Mientras nuestra juventud lea a autores locales, nos conformamos con que estén leyendo a bolivianos, aunque no haya nada sobre Bolivia en las obras que leen. Como autores, ¿nos bastará con decir que nacimos en Bolivia para afirmar que escribimos literatura boliviana?”

Jorge Abastoflor, historiador boliviano cuestiono la historia oficial: “Bolivia es un país que ha olvidado sus victorias. En los campos de Yanacocha y Socabaya, o en las cumbres de Humahuaca, nuestros mayores no marcharon como víctimas de la historia, sino como sus protagonistas. Eran individuos que creyeron en la gloria de sus armas y en la dignidad de su pueblo con una convicción que fue capaz de mover ejércitos, redactar constituciones y trazar el mapa de un continente. Esa herencia no se ha extinguido, pero duerme bajo el peso de un relato que nos muestra pequeños, despojados y postergados. Recuperar ese pasado marcial es un acto de justicia con nosotros mismos. Es reconocer que quienes nos precedieron enfrentaron circunstancias infinitamente más adversas y, con menos recursos y mayor coraje, construyeron instituciones, ganaron batallas y sostuvieron el honor nacional. Si ellos pudieron hacerlo, la pregunta no es si nosotros somos capaces, sino si tenemos la voluntad de recordar y de marchar, como marcharon ellos, hacia el sitial de riqueza y de honor que Bolivia merece”.
Duvan Carvajal, poeta, periodista, cronista y activista por la paz en Colombia, se refirió al libro Construyendo comunidad. Experiencias desde la reincorporación (2022), editado por la Biblioteca Popular Alfonso Cano en la vereda Agua Bonita, Caquetá, constituye una de las expresiones más significativas de la edición popular y la literatura testimonial contemporánea en América Latina. El libro relata el tránsito de excombatientes de las FARC-EP hacia la vida civil, narrando la construcción colectiva de una comunidad basada en el trabajo, la memoria y los principios del Buen Vivir. Su principal valor radica en la polifonía de voces que integran experiencias cotidianas, saberes botánicos, prácticas comunitarias y reflexiones críticas sobre género, paz y reincorporación. Lejos de idealizar el pasado, la obra documenta las dificultades materiales, las pérdidas humanas y los incumplimientos estatales, pero también la capacidad de resistencia y organización de sus protagonistas. Más que un testimonio político, es una afirmación de que la literatura puede convertirse en herramienta de arraigo, memoria y construcción de futuro.
Nonato Aronés, escritor peruano, nos habló de la cultura de paz desde la perspectiva del mundo quechua. Nos hizo conocer que la cultura de paz desde la perspectiva quechua se fundamenta en el Sumaq Kawsay, un modelo de vida que prioriza el equilibrio y la armonía sobre la acumulación material. Esta visión integra el diálogo y la reciprocidad, mediante el Ayni, para resolver conflictos restaurando el orden social sin castigos punitivos. Asimismo, la paz incluye una profunda relación con la Pachamama, considerando a la naturaleza como un ser vivo con quien interactuar. A través de una cosmovisión transdisciplinar y tradiciones locales, se transmiten valores de solidaridad y no violencia, fomentando la tolerancia y la convivencia sana entre generaciones y su entorno.
Víctor Tenorio, también de la delegación de Ayacucho, Perú, presentó el poemario Memorial de recuerdos, y en su ponencia nos explicó la complementariedad de opuestos como la base de la filosofía quechua. Según sus investigaciones, el universo se sostiene por un equilibrio dinámico donde dos fuerzas contrarias se necesitan. El principio de Yanantin establece que nada existe solo; todo tiene su par obligatorio, formando una unidad. A diferencia del pensamiento occidental, que separa el bien y el mal, la visión andina los integra en reciprocidad. El Tinku explica que el choque de fuerzas genera vida y fertilidad en lugar de destrucción. Finalmente, Tenorio destaca que esta relacionalidad está grabada en la lengua quechua, donde los sufijos denotan pertenencia mutua entre los elementos del cosmos.
Gigia Talarico, poeta chilena radicada en nuestro país desde hace muchos años, aclaró que: “No somos en mayoría nómades, pero sí somos mayorías migrantes y cargamos el dolor de migrar, necesidad, exilio, exclusión; muchas son las causas de migrar que se traducen en dolor, exploración, nuevas experiencias que aparecen luego en la literatura, que sí es nómade y se ocupa de recogerlas y desparramarlas a modo de siembras. La literatura latinoamericana se nutre tanto de las culturas locales como de las que, una vez como foráneas, terminaron mezcladas y enriquecidas con las locales. Esa es la realidad de todos los pueblos, que a través del tiempo van mezclándose e integrándose, a veces a través de los milenios. En el caso de la literatura latinoamericana, bastaron apenas unos siglos y seguimos reinventándonos a diario en el proceso de universalización que toda la literatura experimenta actualmente”.

Willy Del Pozo, escritor, poeta, presidente de la Feria del Libro de Ayacucho, invitada especial a la FIL cruceña, hizo un breve recuento de las ponencias: “La violencia en Colombia se lleva tatuada en la piel, como cicatrices que la escritura insiste en nombrar antes de que la desmemoria las borre. En Perú, la identidad no se hereda en silencio: se mezcla al fuego lento del fogón, donde lo ancestral y lo moderno se disputan el mismo alimento sin que ninguno sea el sabor dominante. Bolivia, mientras tanto, aún está en el acto de nombrarse a sí misma; sus voces más nuevas escriben no solo para contar, sino para decidir qué clase de literatura quieren ser. Tres territorios, tres heridas distintas, un mismo pulso debajo de la página. Porque al sur del continente, la literatura nunca ha sido ornamento. Es el sitio donde se va cuando el relato oficial cierra sus puertas: cuando la historia pública borra un nombre, cuando la tradición exige silencio, cuando la identidad que nos asignan no nos cabe. Allí, en ese espacio poroso entre la voz y la letra, los escritores siguen haciendo lo que siempre hicieron los que no tenían otro tribunal: tomar la palabra, devolverle rostro a los invisibles y disputar, oración a oración, la versión autorizada del mundo”.
El sábado 30 de mayo cerramos el encuentro con lecturas de cuentos, poemas y testimonios de los participantes al encuentro, entre ellos: Gigia Talarico, Dany Mirage, Willy Del Pozo, Jandey Marcel Solviyerte, Duvan Carvajal Restrepo, Víctor Tenorio, Gamajo Rocío, Nora Alarcón, Amilkar Jaldín, Sixto Sarmiento, Miguel Ángel Vallejo, Humberto Echavarría, el poeta norteamericano Alexander Selimov y Sandra Concepción Velasco que además fue la fotógrafa oficial del encuentro. Fueron dos horas intensas que disfrutamos de los textos de cada uno de los invitados.
Andrés Plaza, presidente de la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, nos ofreció, el viernes, un paseo a un hermoso parque ecológico y Claudia Liliana Rodríguez Espitia, empresaria colombiana, nos halagó con una recepción para que los visitantes disfrutarán de la comida típica de Santa Cruz.


