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Microrrelatos – Colección de literatura breve CCXXIV

Gol Fantasma

Jorge Larrea Mendieta – Bolivia

El árbitro nunca vio el gol fantasma. Pero en la memoria del barrio, aquel disparo aún atraviesa la red invisible.

Seducción

Rodolfo Lobo Molas – Argentina

Adán deambulaba solitario por el Paraíso. La víbora aprovechando la circunstancia desplegó sus encantos y lo sedujo. Cuando Dios advirtió esto, dijo: No, no; no es bueno que el hombre esté solo, y creó a la mujer. Adán, entusiasmado, empezó un romance con Eva. La serpiente, despechada, urdió el plan de la manzana.

Efecto placebo

Karla I. Herrera – Honduras

Amalia era hipocondríaca. Se figuraba todo tipo de enfermedades: jaquecas, dolencias cardíacas, dolores menstruales, afecciones en los riñones, en los pulmones y en el hígado. Tenía a todo el mundo de cabeza, su marido estaba al borde del colapso y su madre a punto de enloquecer.

Así que el médico de cabecera optó por idear una estrategia para controlar su ansiedad y su sicosis desbordada. Les habló de una pastilla mágica, sin componente químico alguno, inocua e imaginaria que debían suministrarle unas dos veces al día. El placebo funcionó y al cabo de unas pocas semanas, Amalia recobró la salud que en ningún momento estuvo comprometida.

Caricaturas de ayer, hoy y siempre

Rubén García García – México

Una muñeca ha llegado a la sala de juguetes y observa:

El gato se impulsa para cazar al ratón.

—¡Lo va a atrapar!

Pero el roedor se transforma en perro.

—¡No lo puedo creer!

El can persigue al gato, que sube por la cortina. Esta, al desgarrarse, lo deja al alcance del perro.

—¡Lo va a matar!

El felino le hace frente como gato salvaje y lo toma del cuello, pero el can logra zafarse gracias al claxon del Carro Maravilla, que distrae al cazador.

El gato lo sigue y, a punto de atraparlo, salta al vacío.

Irritado, el gatuno ladea la cabeza.

Ve a la muñeca y se dirige hacia ella.

Da un salto y, poco antes de caer sobre su cara, desaparece.

Solo queda un tierno y lindo gatito.

Cuando la muñeca es cargada por su “mamá”, le dice que le contará el cuento de un cachorro y un pirata minino.

La bambina tiembla… se infarta.

La niña grita y llora:

—¡Mamá, mamá! ¡La muñeca se murió, ya no abre los ojos!

Lo más profundo es la piel

Esther Andradi – Argentina

Estaba escrito en mi piel que un día iban a descubrirme. Pero ellos, incapaces de leer los mapas, tardaron años en darse cuenta de que lo comestible de mí no eran las flores, ni las hojas, ni el tallo, sino mi raíz, el tubérculo. Pero igual: era Europa, y yo había dado la vuelta al mundo.

Reyes y ejércitos se rindieron a mis pies, literalmente, porque sólo accedían a mí de rodillas sobre los campos. Los indios conocían todos mis parientes, varios centenares y de todos los colores y gustos, porque en casa siempre fuimos promiscuos, gracias a dios. 

Ahora la tecnología me quiere reducir a un par de primos, de piel amarillenta y despintada, sosos, en una norma de laboratorio. Pero yo, que estuve en todas acá abajo, sueño con conocer el universo y no les voy a dar el gusto. 

No soy ninguna papafrita.

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