El Washington Post, símbolo del periodismo de investigación desde 1877, atraviesa hoy una crisis que amenaza su esencia. De la cima alcanzada con el Watergate a la caída marcada por pérdidas millonarias y despidos masivos, su historia es la radiografía de los dilemas del periodismo en el siglo XXI.
“La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor.”
— Gabriel García Márquez
Inmediaciones
El Washington Post, fundado en 1877 en Washington D.C., ha sido durante casi siglo y medio un referente del periodismo estadounidense y mundial. Su historia es la de un medio que acompañó los grandes acontecimientos de la nación, que alcanzó la cima con el escándalo Watergate y que hoy enfrenta una crisis marcada por la pérdida de lectores, despidos masivos y dudas sobre su modelo de negocio.
En sus primeras décadas, el Washington Post fue un diario de alcance regional, centrado en la política local de la capital estadounidense. Poco a poco fue ganando relevancia nacional, especialmente durante la primera mitad del siglo XX, cuando cubrió con rigor la Primera y Segunda Guerra Mundial, consolidando su reputación como un medio serio y confiable.
El verdadero salto ocurrió en 1972 con el escándalo Watergate. Bajo la dirección de Ben Bradlee y con el trabajo de Bob Woodward y Carl Bernstein, el periódico reveló la trama de espionaje político que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon. Ese momento fue su cumbre: el Post se convirtió en símbolo del periodismo de investigación y en ejemplo de cómo la prensa podía fiscalizar al poder. Desde entonces, su nombre quedó asociado a la defensa de la democracia y la ética informativa.
La transición de lo impreso a lo digital
En su época de mayor circulación impresa, durante los años noventa, el Washington Post llegó a superar los 800.000 ejemplares diarios, consolidándose como uno de los periódicos más influyentes de Estados Unidos. Su edición dominical era considerada una de las más completas y prestigiosas, con secciones de política, cultura y deportes que marcaban agenda nacional.
Con la llegada de internet, el Post inició su migración hacia lo digital, un proceso que se aceleró tras la compra del diario por Jeff Bezos en 2013. Bajo su gestión, el periódico vivió un renacimiento: multiplicó sus suscriptores digitales y alcanzó cifras récord de audiencia. En 2021 llegó a tener 22,5 millones de lectores diarios en su versión digital, un número que lo posicionaba como líder global en la transición hacia el nuevo ecosistema informativo.
El auge digital fue efímero. Entre 2021 y 2024, el diario perdió casi el 90% de su audiencia, cayendo a apenas 2,5–3 millones de lectores diarios. La disminución de suscriptores y la caída de ingresos publicitarios provocaron pérdidas estimadas en 100 millones de dólares en 2024, lo que encendió las alarmas sobre la sostenibilidad del modelo.
A ello se sumaron tensiones internas, renuncias de editores y columnistas de alto perfil, y decisiones editoriales polémicas como la falta de respaldo a Kamala Harris en las elecciones de 2024. La crisis evidenció que el modelo de suscripción digital, aunque exitoso en un inicio, no logró sostenerse frente a la competencia de medios nativos digitales como Politico, Axios o BuzzFeed News.
La crisis actual
En febrero de 2026, el Washington Post anunció el despido de unos 300 periodistas, casi un tercio de su plantilla. Áreas como deportes, cultura e internacional fueron reducidas, debilitando su capacidad de cobertura global y poniendo en riesgo su identidad como referente del periodismo de investigación.
El editor ejecutivo Matt Murray reconoció públicamente que “hemos enfrentado desafíos financieros por algún tiempo… nos han afectado con múltiples rondas de recortes y restricciones en el gasto”. En otra comunicación interna, describió los despidos como “un reset estratégico necesario para competir en la era de la inteligencia artificial”, admitiendo que el diario “no había evolucionado con los tiempos”. Los propios periodistas reaccionaron con preocupación, señalando que la decisión “pone en riesgo la esencia del periódico”. Jeff Bezos, por su parte, ordenó directamente los recortes, aunque sin ofrecer declaraciones públicas extensas, lo que ha generado críticas sobre su compromiso con el futuro del medio.
El caso del Washington Post no es aislado. El New York Times, por ejemplo, ha logrado sostener su modelo digital con más éxito, alcanzando más de 10 millones de suscriptores en 2025 gracias a una estrategia de diversificación que incluye podcasts, newsletters y productos multimedia. The Guardian, por su parte, apostó por un modelo basado en donaciones voluntarias y ha conseguido mantener estabilidad sin recurrir a despidos masivos.
Comparar estos casos permite ver que la crisis del Post responde tanto a problemas estructurales del periodismo como a decisiones estratégicas específicas. Mientras otros medios han logrado adaptarse con innovación y cercanía a sus audiencias, el Post parece haber quedado atrapado entre su prestigio histórico y la dificultad de reinventarse.
Implicaciones para el periodismo digital
La crisis del Washington Post demuestra que incluso los medios respaldados por grandes fortunas no están inmunes a la transformación digital. La caída de suscriptores evidencia que el modelo de pago necesita constante innovación y valor agregado. Además, la reducción de cobertura internacional abre espacio para medios nativos digitales más ágiles, que pueden captar lectores desencantados.
El riesgo es doble: pérdida de credibilidad para el Post y fortalecimiento de competidores que entienden mejor las dinámicas de la audiencia digital. En este sentido, la crisis del Post no es solo un problema financiero, sino un síntoma de los cambios estructurales que enfrenta el periodismo en todo el mundo.
Los demás periódicos deben ver esta crisis como advertencia. No basta con tener una marca histórica ni con respaldo financiero; la supervivencia depende de la capacidad de adaptación. Es necesario diversificar ingresos, apostar por formatos multimedia, newsletters segmentados y experiencias interactivas. Al mismo tiempo, se debe proteger el periodismo de investigación, que sigue siendo el sello de calidad y credibilidad. La crisis del Post recuerda que el periodismo no es solo un negocio, sino un ejercicio ético y una herramienta de ciudadanía. Si un gigante como el Washington Post tambalea, los medios más pequeños deben redoblar esfuerzos para sostener su relevancia en la era digital.