Han pasado menos de un mes desde la captura del dictador Nicolás Maduro. Muchos pensaron que aquel 3 de enero de 2026 marcaría el inicio de la democracia en Venezuela. Lamentablemente, no fue así. Donald Trump dio un paso decisivo al remover a Maduro, pero optó por designar a Delcy Rodríguez como presidenta encargada. En la práctica, esto significó pasar de un dictador a otro: de Maduro a Rodríguez.
El país transitó de depender del imperio cubano a convertirse en parte del imperio yanqui. La calidad de vida, sin embargo, parece destinada a mejorar inevitablemente, lo que refleja lo grave de la situación anterior. La nueva mandataria es la garante de cumplir los deseos de Trump, que abarcan desde el petróleo hasta los minerales. Trump no engañó a nadie: sus intenciones eran claras desde el principio. Es posible que, por presión interna y externa, ceda y convoque a elecciones libres que permitan gobernar a María Corina Machado. No obstante, no hay certeza de que esos comicios se realicen a corto plazo. Ni siquiera el gesto de Machado al entregarle a Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz 2025 parece haber sido suficiente para acelerar el proceso.
La dictadura del régimen continúa, incluso sin Maduro. Se trata de un sistema criminal con múltiples facciones y jefes, antes unificados bajo su figura. Ahora, esos dirigentes se acomodan bajo un nuevo jefe: Donald Trump, impredecible y sin interés en la democracia venezolana. Podría suceder que el régimen entregue el poder ejecutivo a cambio de evitar ser extraditado, como ocurrió con Maduro. Incluso Diosdado Cabello, considerado uno de los hombres más duros del régimen, estaría negociando un exilio dorado. En el mejor de los casos, se realizarán elecciones democráticas que permitan desmontar el sistema socialista dictatorial incrustado en el Estado venezolano por más de 20 años, aunque siempre bajo la mirada y los intereses del imperio yanqui.
Para quienes sostienen que Venezuela se ha convertido en una colonia de Estados Unidos, cabe recordar que durante 25 años fuimos una colonia cubana. La diferencia es que, bajo esta nueva forma de dependencia, la calidad de vida podría mejorar. Ya no habría escasez de electricidad, agua, alimentos ni medicamentos. La falta de estos bienes básicos era el día a día de los venezolanos bajo la influencia cubana. En menos de 20 días, han comenzado a llegar materiales para recuperar el sistema eléctrico, así como alimentos y medicinas que alivian la vida del ciudadano común.
Con la colonia cubana, los ingresos del petróleo terminaban en los bolsillos de los jefes del régimen, narcotraficantes y hasta otros mandatarios en el mundo. Ahora, aunque la calidad de vida de los venezolanos podría mejorar, la gran incógnita persiste: ¿se logrará recuperar la democracia venezolana?
Ronald Valera Filósofo