Tres premisas y una conclusión sobre el asedio a Santa Cruz

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La muerte de Julio Pablo Taborga en Puerto Quijarro y el ataque a Mario Rocabado (periodista de Unitel) en el municipio de La Guardia, son hechos lamentables que dan muestra de la confrontación violenta a la que se llegó porque el Gobierno nacional no respetó una fecha (16 de noviembre de 2022) establecida para el censo. Ese giro político inesperado activó una protesta ciudadana (paro) y una reacción militante (cerco). ¿Es válido entender el cerco como un asedio político a Santa Cruz? Sí. Lo argumento a continuación con tres premisas.

Primera premisa. Pretender erróneamente doblegar la resistencia social, rebeldía política e identidad cultural. El cerco ha rodeado la ciudad para evitar el paso de alimentos, combustible y basura. Su propósito es cruel porque recurre al hambre como arma o recurso táctico para doblegar al paro. La falta de gasolina infló su precio y generó desesperación en la gente. La acumulación de basura amenazó la salud pública. Por su parte, las amenazas discursivas desde organizaciones sociales del interior del país hacia los representantes políticos y los ciudadanos apostados en las calles y rotondas, insuflaron los ánimos políticos, la movilización social y defensa de la cultura en calles y rotondas. En otras palabras, dieron más poder a los anillos cruceños.

Segunda premisa. El sesgo cognitivo histórico desde el centralismo contra toda protesta que se origina en Santa Cruz. Por ejemplo, a mediados del siglo XX, el presidente Hernán Siles Zuazo dio luz verde para que se movilicen tropas regulares del ejército y milicias campesinas y mineras y arremetan contra movilizados cruceños. En la tercera década del siglo XXI, el Gobierno central incentivó a organizaciones sociales afines para que cerquen la protesta. La motivación política obedece a un error cognitivo en las alturas sobre la activación política ciudadana desde el llano. Lo real es que cuando no son atendidas y respondidas las demandas y necesidades cruceñas, a causa de la permanente transformación social como efecto de la migración constante hacia el departamento, se genera un malestar colectivo y, por ende, una movilización sincronizada.

Tercera premisa. El odio masista que proyecta sus pulsiones hacia el gobernador cruceño. Desde 2019, Luis Fernando Camacho emergió en el escenario político nacional por su pedido de renuncia al entonces presidente, Evo Morales. Luego de su renuncia y huida de éste, Camacho quedó en la memoria de simpatizantes, militantes, dirigentes e intelectuales del MAS como el origen del mal y el actor político que se debe destruir a cualquier costo. Por eso, todo lo que se mueve políticamente desde Santa Cruz es atribuido al gobernador cruceño, como si el departamento fuera un califato.

Pretender doblegar la resistencia, rebeldía e identidad cruceña; mantener un sesgo cognitivo desde el centralismo ante cualquier demanda legítima cruceña; y considerar desde el poder nacional al departamento como un espacio-tiempo políticamente premoderno, permiten concluir que Santa Cruz debe dejar de reconocerse como víctima de un Estado centralista y asumirse como un sujeto político autónomo.

Constituirse en motor económico (riqueza) y epicentro de la política (empoderamiento ciudadano), son dos condiciones necesarias y suficientes para desapegarse de las lamentaciones históricas y activar un nuevo ideario político donde predominen las lógicas del consenso y el conflicto, no de la violencia política.