Márcia Batista Ramos

Olvidando las obligaciones diarias…

Estuve sentada allí, a la orilla de aquél río en que un día vinieron como batallones de hormigas, hombres rojos, amarillos y negros a llevarse el oro y a abandonar las piedras, cambiando drásticamente el paisaje y dejando todo en un desorden antinatural.

Apareciste hablando…

Que el destino tiene una mano que no viene a salvar, pero coloca a las personas en la misma orilla del río, por un momento. Entonces, fue cosa del destino, no es culpa tuya, ni mía, el habernos encontrado, cuando el río estaba casi seco y su lecho revuelto.

Expectante las palabras…

Hablaron de la sal, sol, tierra y mar; en una sintonía propia de almas viejas y conocidas, que se reencuentran después de haber soportado mucho silencio. Hablaron de un mundo que habitamos y otro en espera por habitar.

Metáforas temporales…

Cotidiano. Sucesión de ideas. Pensamientos y la temporalidad resultante, generando pasado y futuro o antes y después. Experiencia del tiempo. Eternidad, tan simple, apenas una experiencia en la conciencia transcendente e inmaterial.

Conclusiones intranscendentes…

Nos enseñaron el después para ser feliz. Diseñaron, en nuestro imaginario, la eternidad. En la eternidad podremos descansar en paz. Hasta el poeta, añoró el “tiempo sin tiempo”.

Las piedras bajo mis pies…

Torturando mis pasos. Recordando que todo lo que parece real es real. Tus pasos ligeros, la sonrisa parca, la mirada lejana. Caminata que fue quedando disipada en la línea del tiempo. Faroles del tiempo apagando espejismos.

 La aguja enhebradora…

Pasando, día tras día y noche…Nadie ha creado nuevas realidades. Todo ya estaba ahí. Además, no se trata de irrealidades. Se trata apenas de cosas cuyo intelecto normal o limitado no logra entender. Le escuché en silencio…

Las reverberaciones del pensamiento…

Nadie dijo al poeta, que el “tiempo sin tiempo” es una forma posible de nuestra experiencia. ¡Basta suprimir un antes y un después! Bajo el cielo destrozado, nunca te olvides, que todo es posible.

Pan y vino…

La metáfora del cotidiano es la comida a cada momento, como un reloj que no deja probar la eternidad, antes de comer hay que pensar en qué comer, después de comer hay que vivir hasta la próxima comida que debe ser pensada y sucesivamente. ¡Acuérdate del pan!

Seguimos hablando…

Obviando las noches. Sorprendiendo el sol antes que amanezca. Multiplicando los días. Descartando, como de un film, la acción que no valió. Cosas de sentimientos… Sin cuerpos para vivir la eternidad del momento.

La intangibilidad de las cosas no las hace irreales…

Entonces, hablamos del tiempo, de emociones, del mundo en que vivimos que está en astillazos como una granada cuando explota. Y no hay trincheras. La indescriptible exactitud: la vida es corta, nada de lo que vivimos tiene sentido…

Retazos…

Pedacitos coloridos de la vida, fragmentos diarios, nuestra vasta experiencia, inconsciente, de la inmortalidad. Las metáforas del cotidiano sirviendo para conceptualizar nuestras experiencias de la temporalidad primigenia.

Hasta que aparecieron otras personas a la orilla del río…

Llegó la distancia trayendo la memoria. Como si nada. Nos fuimos de nosotros. Dejamos apenas, un recuerdo borroso de todo lo que pudimos haber sido. El destino es irreversible y normalmente, no es conmovedor. La muerte, será una parada obligatoria. Ninguna hoja se marchitará por eso.

Después de todo, no sé si es necesario decir que, entre el sol y la nada, existe un espacio tan grande que cabría todos los sueños del universo y sobraría tanto espacio todavía, que se podría llenar con cualquier cosa infinita, que puedas imaginar.