Si un Mandela fuera Presidente de Bolivia…

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En 1994, se dieron las primeras elecciones libres en Sudáfrica. El 26 de abril, el Congreso Nacional Africano obtuvo la mayoría. Los sudafricanos otorgaron al partido de Nelson Mandela más del 62% por ciento de los votos y 252 escaños en la Asamblea Nacional.

El 9 de mayo, el Parlamento eligió por aclamación a Mandela primer presidente negro del país. Nelson Mandela se convirtió así en uno de los mas prestigiosos líderes del mundo por su lucha por la no discriminación y el respeto a los derechos humanos. Le bastó un solo periodo gubernamental para trascender universalmente como un indiscutible paladín de la libertad.

Como dice John Carlin en «Playing the Enemy», parafraseando a Garibaldi en el nacimiento de Italia, la elección había creado una nueva Sudáfrica, y ahora la tarea de Mandela es la creación de los sudafricanos. Este fascinante libro narra la excepcional campaña de Mandela para reconciliar a negros resentidos con blancos temerosos en torno a un evento deportivo, un partido de rugby.

La imaginación es la facultad de formar un cuadro mental de algo que no se percibe por los sentidos. Se da cuando se construye imágenes mentales que no existen o que no se dan en el presente o en el pasado.

La imaginación es un recurso que uno, a menudo, utiliza para aplacar adversidades de cualquier índole. Imaginemos, por unos instantes, cómo le iría a Bolivia si un Mandela fuera su presidente.

Se buscaría, en nuestro país, construir una reconciliación política entre todos los bolivianos, sin importar si son de oriente u occidente, originarios o no, de gobierno o de oposición, de este o de los anteriores gobiernos.

Se podría, entonces, alcanzar la unidad nacional y la confrontación cotidiana sería algo extraño al diario quehacer. Los ciudadanos confiarían en la justicia y todos nos ufanaríamos de la seguridad jurídica. Las grandes mayorías y las que no son, gozarían de los mismos derechos y no se excluiría a nadie de participar en el proceso de toma de decisiones que afecten al conjunto de la población.

El pueblo se sentiría satisfecho de sus gobernantes y los gobernantes gobernarían para todos. La oposición dejaría de criticar y coadyuvaría la labor gubernamental. El país, en armonía, avanzaría hacia un bienestar compartido; nuestra imagen internacional se nutriría, entonces, de aspectos positivos.

Este ejercicio imaginativo podría, sin embargo, colisionar con argumentos, aparentemente, irrefutables como, por ejemplo, el hecho de que Bolivia no es Sudáfrica o que en nuestro país se experimenta un proceso de cambio para transformar un país colonial en otro sin exclusiones.

Mas allá de la imaginación, está la realidad que vivimos donde, evidentemente, grandes mayorías excluidas o postergadas –como en Sudáfrica– han dado un paso hacia adelante en su legítimo derecho de integrar una sociedad mas participativa.

No obstante, esa realidad también nos está demostrando que los excluidores de ayer son los excluidos de ahora, algo que el liderazgo de Mandela, a diferencia de Bolivia, ha sabido manejar en función de construir un país sin excluidos de ninguna clase.

Si un Mandela fuese presidente de Bolivia, tendríamos que convenir que el país verdaderamente ha cambiado y que las utopías de tantas generaciones se convirtieron en realidad y que el ejemplo de Mandela hizo eco en toda la sociedad boliviana ya que, desde la prisión, proclamaba que “ser libre no es solamente, desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás…”

La imaginación que, al final de cuentas, es una expresión de deseo, me llevó a soñar desvergonzadamente durante unos breves momentos –aunque hubiera querido que sean eternos–, hasta que desperté y retorné a nuestra turbadora realidad de un país que, a pesar del denominado cambio, parece ser el mismo de antes.

Pero los sueños, cuando uno se despierta, dejan una especie de nostalgia de lo que, por unos instantes, fue una ilusión. Con esa añoranza y también con algo de envidia, a manera de homenaje a Madiba, uno de los grandes hombres/símbolo de la humanidad, es que sigo soñando en cómo sería mi país si un Mandela fuera presidente…

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