José Orlando Peralta B.

En el contexto internacional las redes sociales, principalmente Facebook, han sido herramientas útiles para que mujeres y jóvenes se constituyan en nuevos actores sociales en la esfera pública e interpelen a las clases políticas que dirigen gobiernos. Esto no es casual, son respuestas ciudadanas a: imposiciones de políticas públicas, abusos de poder, incapacidad para resolver problemas socio-económicas, y por último, no respeto de las reglas de juego que devienen de un pacto social. Con todo, la democracia es la institución que sale más afectada.

A pesar que el ciberpesimismo y romanticismo digital son categorías con la perspectiva de que las redes sociales no ayudan al cambio en la comunicación, conductas políticas y organización estructural de los movimientos ciudadanos; además, como el medio de circulación de la amenaza constante de noticias falsas, cuales pueden deslegitimar los fundamentos y valores de los movimientos ciudadanos cuando las hacen virales; se pretende argumentar lo contrario: dichas herramientas no son una condición sine qua non para el cambio social y transformación política, su utilidad depende de la inteligencia estratégica de los usuarios.

Así, por ejemplo,  el caso #Yosoy132 (México) demuestra la utilidad de las redes sociales para un momento político específico de movilización ciudadana, porque con el transcurrir de los días  sufre un “dislocamiento de su destino”: anarquismo por una parte, y la cooptación política, por otro. Un hecho que sugiere sus límites en cuanto a su capacidad de mantenerse en el tiempo y generar resultados claros para el cambio social y nuevo orden político. Se puede decir que es un modelo típico que sirve para alimentar el campo de la crítica sobre los movimientos ciudadanos nacidos en internet.

Para ilustrar mejor dicho aserto, se trae a colación lo planteado por Bauman (2016):

A cierta distancia del polo de la individualización extrema y de la pulverización de las totalidades sociales se extiende una amplia gama de ideologías interesadas en la búsqueda /probatura de nuevas formas de acción colectiva como alternativas posibles a ese Estado que tan presente está, aunque sea principalmente por su ausencia. El fenómeno de la gente en movimiento, movilizada en las calles y las plazas públicas, es una de esas ideologías en acción. Incipiente y precoz, evidentemente no formado aún del todo, consistente más en un tanteo en la oscuridad que en un movimiento decidido y sistemático en una determinada dirección  prediseñada/ preelegida; se encuentra de momento, pues, en fase de prueba (p. 130).

Ahora bien, es más abundante la literatura con respecto al argumento de que depende de la inteligencia estratégica de sus usuarios. Verbigracia, para Cansino (2017): “más allá de los resultados concretos alcanzados por estos movimientos, su verdadero éxito hay que buscarlo en la dimensión simbólica de la política (…)” (p.399). Más aún, de acuerdo a Durán Barba y Nieto (2017) “La red aumentó exponencialmente la autonomía de la gente y eso está en la base de la crisis de la democracia representativa”.  (p.137). Dicho de otra manera, de acuerdo a Castells (2014):

El verdadero efecto que producen los movimientos sociales en general, y los actuales en red en particular, es el cambio de mentalidad, la transformación de la conciencia  de las personas. Porque se comunican nuevos valores, y juicios alternativos, y se someten a debate, y van surgiendo nuevos consensos y nuevos desacuerdos en un proceso deliberativo (p.13).

Resumiendo, a pesar de la cooptación política de los movilizados (México), pero pasando por la revocación de políticas públicas que afectaban el bolsillo de ciudadano (Brasil), las luchas por libertades políticas y el pluralismo político (primavera árabe), y la interpelación a las elites políticas y económicas por su falta de vinculación y respuestas favorables a la ciudadanía (España y EE.UU), las redes sociales han dejado su impronta simbólica como medio para ejercer la libertad de expresión y cambio en las lógicas de pensar y actuar de los movilizados en las diversas esferas públicas por donde se han desplegado.

En el caso de Bolivia, las movilizaciones ciudadanas nacidas en las redes sociales  han girado en torno a dos acontecimientos: resultados del referendo del 21 de febrero del 2016, y su posterior desconocimiento por parte del gobierno central. Como efecto, las plataformas de jóvenes y mujeres han generado nuevas narrativas, anteponiendo la democracia como régimen y la libertad como valor para transformar el estado político actual.

Como se afirmó arriba, según estudios empíricos, los jóvenes en Santa Cruz ven con escepticismo a los representantes políticos, sean estos oficialistas y opositores, porque  los consideran corruptos. Lo peor del caso: la credibilidad en la democracia se va desvaneciendo, y como señala el informe de Latinobarometro 2017: “no se han producido suficientes voces de alarme para contrarrestar sus males”, donde además se indica que el apoyo a la democracia en Bolivia tiende a la baja.

Lo dicho hasta aquí supone, tomando como caso específico las plataformas ciudadanas nacidas en internet en Santa Cruz, que jóvenes y mujeres se han constituido en actores sociales y ocupado la esfera pública con nuevos relatos, cuales “sirven para advertir, inspirar, (…) tornar real y posible lo que puede parecer irreal e imposible, (…) permiten imaginar la transformación de nuestras vidas y el mundo” (Selbin, 2012, p. 13).

Es posible que algunos preserven   su condición de autónomos en la esfera pública mientras no sean cooptados por organizaciones partidarias, tanto en función de gobierno  como opositoras, pues, como devienen de un proceso de luchas discursivas y apariciones mediáticas constantes, son actores sociales  potenciales  para fines electorales.

Conviene subrayar la legitimidad de cambiar su condición de actores sociales autónomos en militantes políticos-partidarios en la coyuntura pre-electoral 2019-2020, así mismo su derecho de elegir nuevos representantes políticos para gobernar. La democracia implica alternancia en el poder, y su condición de actores sociales en movimiento sugiere potencial político para formar parte de estructuras políticas.

Con todo, los resultados del  referendo del 21 de febrero del año 2016, y su desconocimiento por parte del gobierno, son acontecimientos políticos que han provocado una eclosión de movilizaciones ciudadanas en Bolivia: el caso de Santa Cruz, las plataformas  nacidas en internet son indicadores de una nueva dinámica política en la esfera pública, pues han superado la prueba de que se puede alcanzar un objetivo: la abrogación del código penal.

En consecuencia, las posibilidades políticas del valor simbólico de estas plataformas ciudadanas  se aclararán en los años electorales 2019-2020,  cuando se ponga a prueba su potencialidad de actores sociales movilizados en las calles pero sin programa y escépticos con la clase política tradicional, para constituirse en sujetos políticos (Cerroni,1997, p.97)  que desarrollen una actividad política continuada y manejen elecciones, con un proyecto de poder que contenga estructura, liderazgo visible y discurso ideológico, y sobre todo, propongan una alternativa fundamentada para la reconstrucción del  Estado.

Empero, en la práctica, muchos ya han sido cooptados por organizaciones políticas del campo opositor y posiblemente sean candidatos a la asamblea plurinacional bajo el liderazgo de actores políticos tradicionales, como ya sucedió en otros países.

Bibliografía

-Bauman, Z. y  Bordoni, C. (2016). Estado de Crisis. PAIDÓS.

-Cansino, C. (2017). Viejas y nuevas tesis sobre el Homo Twitter. Revista Mexicana de

Ciencias Políticas y Sociales. LXII (231), 389-405.

-Castells, M. (2014). El poder de las redes. En J. Godó (Ed.), Vanguardia dossier. El

poder de las redes sociales. La Vanguardia ediciones.

-Corporación Latinobarómetro (2017). Informe 2017. CAF-IDB.

-Duran Barba, J. y  Nieto, S. (2017). La Política en el siglo XXI, Arte, Mito o Ciencia.

Buenos Aires. Debate.

-Ortiz, P. (2018, enero 12).Una multitud desborda la plaza, sin políticos, en la víspera del

paro cívico. El Deber. Recuperado de:

https://www.eldeber.com.bo/bolivia/Una-multitud-desborda-la-plaza-y-sin-

politicos-20180112-0011.html

-Selbin, E. (2012). El poder del relato. Revolución, rebelión, resistencia. Buenos Aires.

InterZona editora.

Waisbord, S. (2015). El optimismo digi-activista y sus problemas. En  A. Amado. O.

Rincón (Ed.) La comunicación en mutación. FES Comunicación.