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Psicólogos charlatanes (o gurús con título clínico)

Últimamente, se percibe en redes una cantidad significativa de psicólogos que crean contenido y ofrecen sus servicios, y están vinculados con las ideas de la Nueva Era; es decir, con una mezcla de creencias y prácticas espirituales que buscan el bienestar personal, además de una especie de conexión con el cosmos. Entre las herramientas de esa mezcla, se cuentan el yoga y la meditación, además de una serie de mantras de superación personal que sostienen, básicamente, que la respuesta a los problemas está en nosotros mismos e incluso que nosotros mismos somos nuestro propio dios.

Uno de los problemas de nuestro tiempo es, sin duda, la salud mental, debido a muchos factores. La aceleración de la vida, las guerras y la incertidumbre financiera, son algunos de los fenómenos que hacen que ahora las personas estén casi todo el tiempo tensas o en crisis nerviosas. Por ello, la demanda de los servicios de los psicólogos seguramente incrementó en los últimos años. Hoy, está de moda ir a terapia.

No obstante, al parecer muchos psicólogos están transformando la terapia en un producto de consumo rápido, pues no dicen (o directamente no saben) que la complejidad del psiquismo humano no se resuelve con frases motivacionales que resuenan en un reel de 30 segundos. Por lo que se percibe en sus publicaciones, sus ideas se resumen en que “querer es poder”. Repiten eslóganes que se los puede hallar en libros de automotivación: “Hay que tener la mentalidad correcta”, “Hay que pensar en positivo” o “Tú mismo eres quien debe sanar las heridas del pasado”. Por tanto, la respuesta a los problemas estaría solo en nosotros mismos. Pero esas ideas no tienen nada que ver con la psicología clínica.

Esta manera de ver la psicología y la vida misma es de un infantilismo alarmante. Esta psicología busca que el individuo tenga el control de todo cuanto lo aflige, cuando lo que en verdad provoca es que el paciente se sienta bajo el yugo de la búsqueda del optimismo: ya que los problemas sociales, económicos, culturales y políticos se trasladan al individuo, este se siente presionado y hasta obligado a mostrar su “mejor versión” los 365 días del año y a sanarse sin término, hasta encontrar la (nunca alcanzable) plenitud. Además, esta psicología muchas veces está vinculada con las ideas del karma o con las de la Ley de Atracción, que —y lo deberían saber quienes la consumen— no tienen evidencia científica alguna.

Por tanto, ¿no están siendo engañados los pacientes de estas terapias, al recibir una sarta de creencias espirituales y místicas, cuando creen estar recibiendo tratamiento científico?

El consumismo y el algoritmo, además de las tendencias postmodernistas, alimentan a aquellos charlatanes, ya que el algoritmo reluce lo estético y lo que reafirma nuestros prejuicios. Sucede como en el infantilismo religioso y o en la política populista: como a las masas les gusta escuchar discursos fáciles, que son como cajas de resonancia de lo que ellas desean, lo que más fama gana es lo banal. Así, la terapia de estos psicólogos se podría contar en las manifestaciones de la civilización del espectáculo, donde todo es relativo y superficial.

“Red flag”, “narcisista”, “tóxico”, “malas vibras”, son algunas de las palabras con las que esa psicología diagnostica ciertas situaciones, para convencer al paciente de que él no tiene culpa y de que lo que debería hacer es tomar distancia de las personas que no “vibran en la misma frecuencia”… alimentándosele así el ego.

Pero la verdad es siempre más incómoda de lo que nos gustaría. Un proceso de terapia llevado con seriedad y rigor es lento e incluso puede ser doloroso; de hecho, no es un reseteo fácil de la vida basado en historias inspiradoras o máximas optimistas, sino un proceso que se fundamenta en un método estructurado: diagnóstico, formulación clínica, tratamiento, seguimiento y prevención. Sanar, desde luego, no consiste en aprender a “vibrar alto” o “pensar en positivo”.

Y después de todo, deberíamos aprender que el ser humano, igual que el oro, debe pasar por el fuego para purificarse.

Ignacio Vera de Rada es politólogo y comunicador social

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