¿Quién se rinde? Nadie se rinde…

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Desde muy joven la historia es algo que me apasiona, una de las épocas que me hubiera gustado vivir sin duda alguna, fue la guerra civil española. El libro de Ernest Hemingwey “Por quién doblan las campanas” fue mi primer acercamiento, después con el tiempo vi dos grandes películas “Hay Carmela” de Carlos Saura y “Las bicicletas son para el verano” dirigida por Jaime Chavarri basada en la obra de Fernando Fernán Gómez.

Seguramente muchos se preguntaran si no estoy enfermo o algo parecido, eso de vivir una guerra civil, es algo que no suena muy sano, déjenme que les explique el por qué. Las dos películas que les nombró aparte de retratar muy bien cómo vivía la gente la guerra civil, sobre todo los repúblicanos, nos muestran los valores que impulsaban a la gente a seguir luchando, el cariño, la solidaridad y la necesidad de construir una sociedad en que se respeten los derechos políticos de la gente, son los grandes ejes en los que se realiza la acción, acompañado de una infinidad de detalles de una ternura maravillosa, a pesar de lo complicado que era vivir y sobrevivir en guerra.

Después de las elecciones que vivimos el 20 de octubre, de alguna extraña manera, lo que fuimos viviendo me hacía recuerdo a lo que conocía de la época de la guerra civil española. Después del asqueroso fraude que organizó el gobierno y cuando se decretó el paro indefinido en Santa Cruz, fruto de las resoluciones del cabildo que se realizó días antes de las elecciones, en previsión al fraude que iba a realizar el gobierno. Justo ese día miércoles, yo tenía que ir a un colegio a entregar los libros que me habían pedido algunos alumnos, pero cómo el día que había ido antes, el miércoles anterior, los alumnos no tenían efectivo, cómo solemos hacer quedé en llevarles los libros para que me paguen, justo ese miércoles que se inició el paro, obviamente no pude entregar los treinta libros que me habían pedido, lo que me permitiría aguantar los días sucesivos que no se pintaban nada fáciles.

A partir de ese día me incorporé a los grupos de vecinos que realizan el paro en la rotonda del Segundo Anillo con la Av. Roca y Coronado, poco a poco fui conociendo a los vecinos, si bien conocía algunos, la cantidad de los que participan fue mucho mayor de lo que en principio yo esperaba, familias enteras, el padre, la madre los hijos, a veces algunos tíos, algunos abuelos, nos fuimos concentrando en una carpa que compraron, pero que se rompió al tercer o cuarto día, otra vecina puso otra, que también ha sufrido las inclemencias del tiempo, pero dura todavía.

Al tercer día llevé un par de mis poemarios, para que la gente que este descansando no se abura y creo que también era una manera de presentarme, en el lugar todos los días funciona una olla común, gracias al esfuerzo de algunos, se trata de que alcance para todos los que participan, no faltan tampoco lo que se quieren aprovechar y solo llegan a la hora de comer, por suerte son los menos, en la noche se les deja algo a los que se quedan hasta les seis, un sandawich y aguas, a las seis llega el otro grupo, al que normalmente los vecinos invitan café agua refrescos, alguna empanada, al medio día hay comida, alguna veces inclusive, bastante abundante se reparten más de 100 platos, y de alguna manera cuasi milagrosa aparece algo más y comemos un segundo plato, algo pasa con el té y en la noche o al final de la tarde.

Pero todos en espíritu de hermandad alguna señora trae 19 panes, otras traen agua fría de sus casas, alguno llevan un par de sodas, otro helados caseros, gelatinas, mientras se realiza el bloqueo, se para a la movilidades, se revisa si tienen pase, sin están llevando a alguien al médico, en general se deja pasar casi a todos, la idea no es perjudicar, salvo casos de urgencia, se pide a la gente que quiere pasar en auto, moto, bici, que se baje y pase caminando, no falta quien se enoje, pero tampoco falta quien a su vuelta traiga algo, unas empanadas, un par de botellas de agua, que con el calor es indispensable.

Pero, todo eso solo es posible con el apoyo, la participación y el cariño de la gente, es como que nadie manda porque ya está mandado. En lo personal me tocó vivir dos incidentes, un día me tropecé y me caí aparatosamente, al día siguiente me atoré y me comencé a ahogar, después de varios intentos fallido s de ayudarme, paso una ambulancia y lograron desatorarme. Pero no tiene idea del cariño que todos me brindan cada día, no me dejan ir a recoger mi plato, alguien me lo trae, algunos me hacen bromas, que me van a traer la comida licuada, me siento más cuidado que nunca, yo trato de retribuir ese cariño con lo que puedo, aportando con el humor, prestando mis poemarios, viendo de que nadie se quedé sin apoyo, gritándolas consignas, etc.”

Lamentablemente no faltó el otro lado, el lado cruel de la guerra, todos estamos sujetos a una presión constante, los rumores de que los masistas están viniendo a atacar de algún lado, rumores muchas veces creados por los mismos masistas. Hace un par de días sufrimos el golpe más duro, nos llegó la noticia de la muerte de dos personas en Montero, uno de ellos era pariente de algunos cuya familia es del norte, a mí en lo personal la noticia me dolió mucho, el otro asesinado era un gran amigo mío, los hospitales del estado se negaron a recibirlos y atenderlos, porque tenían órdenes de no recibir heridos de la parte que pide el respeto al voto y no oponemos al fraude. Lamentablemente ayer no pude asistir ni a su entierro ni la misa que se hizo en su honor, tampoco pude abrazar a sus hijos que estudiaban en el mismo colegio que mi hijo.

Desde aquí te puedo decir querido Marcelo que no cesaremos hasta que se enjuicie a los culpables de tu asesinato, incluidos el Ministro de Gobierno y otros que pretenden mentir sobre tu muerte. No sé muy bien que va a pasar, mis amigos intelectuales quieren que nos reunamos, para ver la influencia del artículo de uno en el cabildo de ayer, otros quieren discutir sobre la correlación de fuerzas, otros que conozco, mientras la gente muere, siguen enfrascados en su guerra sucia, mucho antes de las elecciones.

Por el momento me voy a quedar con esta gente maravillosa con la que me toca estar en la misma trinchera, todo el tiempo se discute y nacen ideas sobre lo que deberíamos hacer, unas son viables otras no tanto, pero esto seguro que aquí seguiremos gritando nuestro grito de guerra:

¿Quién se rinde?
Nadie se rinde…
¿Quién se cansa?
Nadie se cansa…
¿Evo de nuevo?
Huevo carajo…