Andrés Canedo / Bolivia
Las notas caen como gotas que me mojan el corazón, y desde allí veo tus pies descalzos, perfectos, femeninos, caminar sobre las baldosas blancas del piso, y dirigirse hacia la puerta que se abre, por la que saldrás para no volver. Y yo, todavía arropado por la sensación de tus abrazos, te dejo salir, sin haber medido nunca lo que es la eternidad, y empezar a experimentarla en su infinita cadena de dolores y nostalgias. Nostalgias del tibio lecho donde yacíamos después de amarnos, de la dulzura de tus besos, de la aprehensión de tu cuerpo al mío, del tratar de retenerte inútilmente entre mis brazos de frío. Pero te marchaste y yo quedé viviendo la plenitud del abismo, aspirando la flor negra del desamparo, de la soledad infinita. Y aquí estoy dulce y maldito amor mío, a los pies de la noche, en la vigilia siempre inútil de tu estrella perdida.