Pensar en la post pandemia

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Los estadistas toman decisiones difíciles para enfrentar las crisis actuales pensando en el futuro. Los gobernantes administran las crisis procurando que no empeoren. Los negligentes en posiciones de gobierno esquivan la responsabilidad de asumir las decisiones que hacen falta, carecen de miras que no sean las que resultan de sus obsesiones y ambiciones y pretenden convencer a sus gobernados con soluciones simplistas, incluso providenciales.

Los estadistas reconocen que las crisis más arduas son complejas y que no se les puede comprender, ni encarar, desde perspectivas únicas. Ante problemas intrincados, buscan opiniones especializadas. La diversidad de perspectivas para entender una situación compleja resulta, en vez de incomodidad, una oportunidad.

La pandemia es un problema biológico que tiene gravísimas consecuencias sanitarias que repercuten en la recesión de las economías, el debilitamiento de las sociedades, el estancamiento de la cultura y la aflicción de las personas, entre otras derivaciones. La crisis actual tiene ya alcances muy drásticos en términos de vidas humanas y padecimientos económicos, será terriblemente difícil en los siguientes meses, tendrá efectos por varias décadas y de las medidas que se tomen ahora mismo dependerán muchas cosas. Para enfrentar la pandemia es indispensable mirar hacia adelante.

La emergencia sanitaria obligó a los políticos a respaldarse en el diagnóstico y las recomendaciones de mujeres y hombres de ciencia. Ha sido necesario el trabajo de expertos en variadas disciplinas para entender la propagación del virus y la profilaxis necesaria, para saber cómo avanzan las curvas de infecciones y víctimas, o para apurar el desarrollo de medicamentos entre tantos otros asuntos. En los estados en donde se ha reconocido con más perspicacia la complejidad y la dificultad de esta crisis, la ciencia ha adquirido una nueva centralidad. Cuando se desatiende a los especialistas o se asumen apreciaciones dogmáticas para simplificar las medidas ante la pandemia o minimizar sus consecuencias, la epidemia persiste con muy dolorosos costos.

En Italia, donde hay casi 35 mil decesos, el gobierno hace un esfuerzo para superar sus imprevisiones iniciales. El primer ministro Giuseppe Conte designó a un grupo de 24 especialistas que ha preparado el documento “Iniciativas para la recuperación 2020 — 2022”. Allí participan directivos de empresas y bancos, economistas, sociólogos y ambientalistas y es encabezado por Vittorio Colao, ex presidente del consejo de la telefónica Vodafone. Sus propuestas están organizadas en seis capítulos. El primero, empresas y trabajo, sugiere propiciar liquidez para las empresas, especialmente pequeñas y medianas, con un programa de estímulos fiscales e inversiones. El segundo es infraestructura y medio ambiente. Un tercer tema, turismo y cultura, contiene medidas de respaldo a hoteles y empresas culturales. Para la educación, investigación y habilidades, en cuarto término, se propone articular la demanda del mercado con la oferta de las instituciones educativas, especialmente las universidades. El quinto apartado considera urgente mejorar la digitalización de la administración pública, con especial atención a la red territorial de servicios médicos que mostró problemas importantes en esta crisis. En un sexto capítulo llamado Individuos y familias hay medidas para una sociedad más equitativa: igualdad de género, servicios de guardería en todo el país, rediseño de subsidios para las familias pobres, entre otras.

El plan italiano propone medidas inmediatas para los próximos tres meses, a mediano plazo para el resto del año y reformas estructurales que se emprenderían en 2021. Entre las primeras se sugiere posponer pagos fiscales, estimular el uso de la banca electrónica, que el gobierno pague con rapidez anticipos de obras y servicios contratados con empresas privadas para que haya liquidez, incentivos para que las empresas que tienen inversiones en el extranjero regresen a invertir en Italia y exenciones fiscales a establecimientos turísticos. Habría un “Fondo Covid” para respaldar a museos y actividades culturales”.

Las propuestas de Colao y el grupo de especialistas han suscitado un fuerte debate en Italia. Los partidos de izquierdas las consideran demasiado liberales. Entre los autores mismos de ese documento hay posiciones encontradas. Por lo pronto ha tenido la virtud de organizar la discusión pública y subrayar la necesidad de pensar en una reconstrucción polifacética que no se limite a cicatrizar las heridas que ocasiona la epidemia.

En España, en donde han tenido más de 28 mil defunciones, el presidente Pedro Sánchez ha establecido un grupo de cien economistas, científicos sociales y especialistas de las ciencias naturales para que recomienden qué hacer tras esta crisis. Según el diario El País, el centenar de expertos trabaja en los siguientes temas: “crecimiento y productividad, desigualdad, desempleo estructural y precariedad, longevidad (con un análisis sobre el futuro del sistema de pensiones), mejora de los resultados sistema educativo, recualificar a los trabajadores, habitabilidad de las ciudades y despoblamiento rural, descarbonizar la economía, uso más racional de los recursos naturales y, por último, bienestar”. Las medidas que allí se propongan se añadirían a la aprobación, hace unos días, de un nuevo ingreso mínimo vital que respaldará a las familias más pobres y que peor han resentido las consecuencias de la actual recesión.

En Francia, con casi 30 mil muertes por coronavirus, el presidente Emmanuel Macron creó un grupo de 26 economistas encabezados por Olivier Blanchard, que fue economista en jefe del Fondo Monetario Internacional, y el Nobel de Economía Jean Tirole. A fines de este año deberán entregar un reporte sobre la situación posterior a la pandemia en tres ejes: clima, desigualdad y demografía. Además de los coordinadores, ese grupo está integrado por ocho economistas franceses, ocho europeos no franceses y ocho estadounidenses. Entre otros, allí participan el Nobel Paul Krugman y Dani Rodrik, que acaba de ganar el Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales.

Jean Tirole explica así la perspectiva de ese grupo de expertos: “El desempleo, el sobreendeudamiento y el poder adquisitivo ciertamente ocuparán un lugar central en los próximos dos años. Si bien estas son, por supuesto, preocupaciones cruciales, también debemos garantizar una visión global para el futuro de nuestra sociedad. El comité se centrará en los desafíos que enfrentan los países europeos en general y Francia en particular. Sobre los temas, había que tomar una decisión. Seleccionamos tres temas, clima, desigualdades y demografía y salud. Sin embargo, estos desafíos estructurales atraviesan muchos asuntos aparentemente olvidados: globalización, educación, progreso tecnológico… Y por supuesto el Covid se invitará a sí mismo en nuestras reflexiones a través de la desigualdad, la salud. Será fascinante reflexionar con esos destacados economistas sobre cómo responder de manera concreta, creíble y efectiva a estos desafíos a largo plazo” (entrevista en la revista francesa Challenges, 14 de junio).

Cuando hay respeto por la inteligencia, los gobernantes pueden diseñar políticas de Estado que les permitan a sus países recuperarse de crisis como la que ha desatado el coronavirus. La revaluación del conocimiento experto propicia abordamientos desde distintas perspectivas que no prescinden de enfoques políticos pero que no dependen de ellos. Las decisiones, al final, deben ser de los gobernantes y de sus sociedades. Como dice el filósofo español Daniel Innerarity en un libro recientísimo sobre las consecuencias de la pandemia: “la democracia no es un gobierno de los expertos, sino un gobierno popular y representativo en el que hay que articular un conjunto de voces, instancias y valores, entre los que el conocimiento, sin ser la única razón, es muy importante, especialmente en medio de una crisis como esta”. (Pandemocracia Galaxia Gutenberg, 2020).

Qué tristeza: mientras en otros países hay un esfuerzo para trascender banderías y mezquindades políticas con tal de reconstruir para todos y mirar a un futuro que no puede ser sino de todos, aquí el gobierno se dedica a promover la confusión y la desunión. Al presidente López Obrador le han interesado más las formas y las apariencias que las políticas públicas. Interesado en restarle importancia a la pandemia, como si el virus desapareciera si cerramos los ojos a esa realidad, el presidente menospreció las recomendaciones internacionales para promover sana distancia, usar cubrebocas y aplicar pruebas masivas.

A pesar de su interés para mostrarse como modelo de conducta e integridad ante sus conciudadanos, López Obrador ha ofrecido el peor ejemplo en los momentos en que más se necesitaba que mostrara una conducta responsable. Su fobia al cubrebocas va más allá de la anécdota: allí hay una mezcla de negación a la crisis, desprecio a las recomendaciones y desinterés por los demás. Ignorante o desdeñoso de las consecuencias de la epidemia, el presidente mantiene al frente de las medidas sanitarias a un especialista de humor intolerante y credibilidad devaluada.

El doctor Hugo Lopez Gatell despilfarra la confianza de la sociedad al asumir posiciones políticas (como cuando defiende el enriquecimiento inexplicado de la secretaria de la Función Pública y su marido) y al parapetarse en una soberbia irreductible incluso ante evidencias científicas como las que recomiendan cubrebocas, pruebas masivas y confinamientos forzosos en las zonas de más contagios. 

En México, en donde la información de anoche debe haber indicado ya más de 21 mil decesos, el gobierno considera que la pandemia le viene como anillo al dedo para intensificar el desmantelamiento del Estado, la expansión del clientelismo y la polarización política que promueve día tras día. A la sociedad le toca impedir esas acometidas políticas y, al mismo tiempo, pensar en el futuro a mediano y largo plazo. Es difícil, pero es posible.