Javier Vayá Albert

Una luz vieja y arcana despelleja las carreteras y pareciera que el corazón del diablo se encogiera. Paz en la tierra brindan con mano de témpano los mendigos con el vino barato de la dignidad. Santa Claus y los Reyes Magos olvidan a propósito ciertos vecindarios y los calendarios mudan en obituarios de sueños y matanza de esperanza. Una dulce violencia se desparrama en pregunta infantil en el recreo de flamante y precoz crueldad. Los escaparates reflejan el disparate y el chantaje del cariño mide la capacidad de la master card. Paz en la tierra brindan con muñones los heridos de las guerras que nadie quiere pronunciar con el agua sucia de los pozos yermos. Los milagros se malogran en la app de la caridad y un aguinaldo de horas extras extraña la entraña de la mucama que se retuerce haciendo la cama porque no puede más.

Un raquítico árbol de ramas de cobre cobra el impuesto de la felicidad mientras el escuálido puchero del tequiero acompaña la patraña universal. El afecto por defecto y por efecto del champán exacerba el acervo familiar. Paz en la tierra brindan con mano trémula y asaetada de sondas los pacientes de hospital con el placebo en diminuto vaso de plástico. La conciencia se regala con la apariencia de una bala envuelta en celofán a la vez que las ausencias se mudan en insoportables presencias. Juegan los críos en el alambre del hambre y la lumbre exigua que santiguan los obispos avispando la oportunidad. Paz en la tierra brindan los niños-esclavos con manos de artrosis que tejen simpática ropa navideña en un sótano de Bangladesh. Un adorno en el torno de entrada a la mina, oro, incienso y coltán. El fantasma de las navidades futuras se suicida tragándose un polvorón de alquitrán. El dios de la abundancia se pavonea por las capitales que supuran la sustancia viscosa del capital.

José y María son dos refugiados desahuciados por las empresas de alarmas y los fondos buitre que sobrevuelan la carroña de la miseria. Ella dará a luz en una gasolinera abandonada tras quedarse embarazada por una paloma transexual. Los reyes de oriente y occidente, aunque les desoriente el accidente jamás pasarán por aquí en vehículo oficial. El niño Jesús tendrá una cuna improvisada de orines y papeles de periódicos que mienten paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. María se pregunta porqué nunca dijeron nada de las mujeres de buena voluntad, si acaso ellas no eran merecedoras de esa paz. Mira al cielo dolorida y esperanzada contemplando como atraviesa la noche le estrella de Navidad, un meteorito o el último misil nuclear. Se encoge de hombros mientras susurra un qué más da.

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