“Panta Rei”

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“Todo fluye, todo cambia, nada permanece…” dicen que dijo Heráclito, el griego. El rio que fluye es, a mi parecer, la más acertada metáfora del tiempo. Cuando las aguas dejan de fluir se estancan y las aguas estancadas se pudren, se vuelven insalubres, se convierten en el caldo de cultivo ideal para muchos parásitos patógenos mortales.

Esto es lo que le pasó al régimen castrista cubano. Se quedo anclado en las aguas putrefactas de una ideología fracasada y delirante. La guerra fría terminó, el bloque soviético se derrumbó como un castillo de naipes barrido por las aguas turbulentas de la historia. Esas aguas que no se pueden detener, por un tiempo, quizá, pero no por mucho. El régimen cubano, estancado y maloliente, está próximo a comprobarlo.

“La revolución” siempre fue creadora de mitos. Mitos que justifican, de alguna manera, su razón de ser. Pretende reescribir la historia e inventa su propio calendario escatológico, convirtiendo en un infierno el paraíso prometido. Los líderes revolucionarios siempre están exigiendo al pueblo sacrificios que ellos no están dispuestos a hacer. Son los sumos sacerdotes de una religión de muerte, avaricia y destrucción.

Existen muchos mitos sobre los logros de la revolución cubana que seria bueno revisar. Uno de esos mitos es el que, antes de 1959, Cuba era un desastre. Que la educación y la salud son producto de la revolución, solo por citar dos. He aquí algunos datos:

Antes de 1959 Cuba era uno de los países más desarrollados de América Latina y mostraba índices socioeconómicos superiores a los de muchas regiones del centro de los EEUU o el sur de Europa, zonas de referencia para el cubano de a pie, que no solía compararse con sus homólogos de América Central o del Caribe.

A pesar de su pequeño tamaño y que solo contaba con 6,5 millones de habitantes en 1958, Cuba ocupaba la posición 29 entre las mayores economías del mundo.

En 1955 Cuba era el segundo país de Iberoamérica con menor mortalidad infantil: 33.4 por cada mil nacidos.

En 1957 la ONU reconoció a Cuba como el mejor país de Iberoamérica en número de médicos per cápita (uno por cada 957 habitantes), con el mayor porcentaje de viviendas electrificadas (82.9%) y viviendas con baños propios (79.9%) y el segundo país (tras Uruguay) en el consumo calórico per cápita diario.

En 1956 la ONU reconoció a Cuba, también, como el segundo país de Iberoamérica con más bajo índice de analfabetismo (solo el 23.6%)

En 1958, según el Anuario Estadístico de Cuba, había en la isla 7567 escuelas primarias publicas (gratuitas) y 869 privadas, o sea, 8436 en total. De las escuelas públicas, 1206 estaban en el campo. A mediados de los años 50 la educación publica contaba con 25000 maestros, y la educación privada con 3500. Había siete veces más maestros públicos que privados

A juzgar por estos datos, no veo que la revolución cubana se deba jactar de algo. Tomaron un país prospero y lo convirtieron en un país miserable

Ahora, no hay nada mas reaccionario y conservador que una revolución triunfante. Necesita, exige el poder total, no tolera disidencias. Dicta lo que se debe hacer y pensar. Carece de escrúpulos cuando de conservar el poder se trata. Promete, miente, engaña y mata. Dicen que la revolución se come a sus hijos, yo diría que se los come y los caga, para que con esa mierda se alimente la patraña revolucionaria.

Pero como la mierda también fluye, solo espero que la gerontocracia cubana y sus esbirros terminen en la cloaca de la historia