Otra ala rota

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Terminé mi anterior artículo recordando a poetas, músicos y actores que ayudaron a la Humanidad en sus momentos más duros, especialmente en el último siglo. Así ha sido siempre. A las pocas horas de enviar la nota al periódico supe del cierre del Ministerio de Cultura.

Otra ala rota. El gobierno presidido por Jeanine Añez intentó censurar las opiniones ciudadanas hace menos de un mes; ahora arremete con otra área del pensamiento, ligada además a la estética y a la creación.

Aquiles existe porque existió un poeta llamado Homero. Los héroes son recordados más por los versos de los juglares y las trovas que por sus batallas, o por sus heridas. Antes de salir al combate, Alejandro Magno dijo al pintor Apelex: “Tuya es la gloria”. Dibujar es un don solo permitido a los seres humanos; las bestias también pelean.

Recuero el 2000, cambio de siglo, cambio de alcalde en La Paz. Juan del Granado asumió el cargo, en uno de los momentos más difíciles de la ciudad. Muy lejos del esplendor del 90, la urbe se caía a pedazos en medio de la corrupción y el dañino populismo condepista. Entonces, junto a sus asesores, dio el mayor impulso al área de la cultura.

Normativa, presupuesto, más escenarios, festivales dentro y fuera de los teatros, concursos, premiaciones, publicaciones, enlaces con ciudades hermanas del continente y de Europa. Intercambio de artistas. Intercambio de saberes.

Eligió colaboradores comprometidos como Walter Gómez, experimentado en el notable Festival de Jazz, quien amplió la noción de Cultura a culturas como evidencia de una inclusión social y étnica.

Luis Revilla siguió y amplió esa huella; Andrés Zaratti la elevó más, con una amplísima convocatoria y con la aprobación de leyes que ayudan a los artistas, un orgullo para los habitantes de la ciudad y de su montaña de luz.

Las muchísimas ofertas culturales en La Paz, desde el esplendoroso Gran Poder, las mágicas Alacitas, el resistente Fitaz, la multitudinaria Noche de Museos, o la original apertura sabatina en la casona de Flavio Machicado (para que cualquier persona ocupe una silla, disfrute la chimenea abrigada y escuche dos o tres piezas de música clásica universal), no solo ayudaron al goce, sino a la autoestima ciudadana, a la convivencia y al encuentro. Además, han sido fuente de ingresos económicos, como ya experimentaron otras metrópolis, algunas en situaciones amargas, como Medellín o Bogotá.

Cabe decir que no vi a varios de los actuales ministros y asesores en estos encuentros, en una exposición de pintura, en un festival de teatro, en un concierto.

Quizás, no coincidí. Quizás, no estuvieron.

Lo cierto es que la cultura es una de las experiencias que mejor convoca a la sociedad civil. Así lo vivimos cuando Carlos Carafa, con respaldo de la Cooperación Suiza, organizó una gira extraordinaria de niños y jóvenes músicos, procedentes de múltiples destinos del país, para construir patria. Aún recuerdo con emoción una de sus presentaciones en el Teatro Al Aire Libre, cuando uno de esos jóvenes, un violinista aimara, tocaba para una niña chiquitana.

También hemos sido testigos del poder para construir nación a través de la música, de la mano de Piraí Vaca. El guitarrista cruceño que en cada una de sus presentaciones nos habla a todos como bolivianos, desde su entrañable guitarra.

Sí, los poetas o los actores no necesitan ministerios para crear y conmover. Pero es evidente que cerrar el Ministerio de Culturas para ahorrar unos pesos es una muestra simbólica de un gran extravío. Que si hizo poco, que si fue florero, que si las ministras servían, que si esto o lo otro. No hay suficientes argumentos. Porque si es por economía y por servicios, opciones creativas hay varias. Y para la creatividad, pregunten a los artistas.