Marina
Adriana Azucena Rodríguez – México
Haces de un vaso de agua una tormenta, un naufragio, un acuario de monstruos marinos. Y yo, muerta de sed de ti, bebo hasta la última gota.
Los hijos de Lucy
Rubén García García – México
La hierba, las raíces y los frutos son insuficientes. Los vientos de otoño presagian un invierno atroz. Cada día se mueren más y nacen menos. A este paso, un día seremos rocío».
Apartaron a un lechón de la manada y lo sacrificaron. Meses después las madres tenían suficiente leche, y había una chispa de poder en la mirada de los niños.
Delirio
Estéfani Huiza Fernández – Bolivia
Mientras unos perros hambrientos se paseaban por los basurales, vi una premonición. Vos y yo caminábamos por un sendero de árboles altos y pisábamos orquídeas que estaban tendidas en el suelo. Miramos el cielo; los rayos y truenos anunciaban la lluvia. Me sentía como una canción de domingo, como una película de Bogart, como aquello que siempre nos quedará. Sí, París, nuestro pequeño París.
¡Eureka!
Paola Tena – México
Arquímedes se hunde en el agua caliente de la bañera y exhala un «¡ah!» de puro placer, mientras el exceso de líquido rebosa por los bordes. Súbitamente, su mirada se ilumina con el fulgor de la epifanía. Consciente de que acaba de descubrir el principio del empuje hidrostático, corre desnudo por los pasillos del hospital psiquiátrico proclamando su hallazgo a la voz de «¡eureka!», por quinta ocasión en el mes. Los enfermeros, hartos de perseguirlo, planean exigir que le retiren de una vez por todas el permiso de los baños de inmersión a este paciente.
La donna è mobile
Esther Andradi – Argentina
Mamá, la cigarrera, era mujer de rosas en la liga y deseada por todos. Hasta que la disputó un guapo de mala leche y poco seso. Dicen que me salvé por un pelo, pero yo era muy chica entonces y no tengo memoria. Me crió la patrona en el silencio. Hasta que un día me enteré que mi vieja había muerto a navajazos y no de cáncer de pulmón como me habían contado, que su asesinato inspiró una ópera famosa, y un montón de películas llevan su nombre: Carmen.
Desde entonces bailo su historia. Recuperé su vestido rojo, sus sedas y su talante. Taconeo su gloria con sólo subirme al ruedo. Su vida es la mía, su pasión mi deseo. La diferencia es que yo quiero morirme centenaria, con un búho en el hombro y un gato en la falda.
Solo reemplacé la rosa por un puñal.
Por las dudas.