Los abuelos

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Poema de Homero Carvalho Oliva / Inmediaciones

 

Los abuelos de mis abuelos
no imaginaron cómo era la patria,
porque la inventaban cada día.

En sus sueños

la patria era el hogar,
el techo que salvar de las lluvias de enero
y el árbol elegido para que se transforme

en la madera de la cama de los hijos.

No importaba si no conocían el país,
porque al despertar había que contar los sueños,

conjurando las pesadillas,

con salmos matinales

y tisanas de paja cedrón,
para que la esperanza

no sea enterrada con el hijo de los vecinos,

que murió de viruela y ningún santo pudo salvarlo.

Los abuelos de mis abuelos
no figuran en los libros de historia,
porque no fueron héroes ni villanos,
aunque muchos de ellos empuñaron la espada
cuando los hechos eran más urgentes que las palabras.

Los abuelos de mis abuelos

no despojaron a nadie de sus tierras,
su conquista fue la del territorio de sus amadas
y fueron guerreros de la alborada
alistando los machetes

para cortar el sol en pedacitos.

Hubo artesanos y costureras

entre los abuelos de mis abuelos
y alguno cantó a orilla de los ríos,

mientras otro escribía poemas.

También hubo ganaderos y herreros

y quién sabe qué otros de mil oficios

porque en el pasado los títulos los daba la vida.

Los abuelos de mis abuelos
fueron portugueses, indígenas y españoles,
¿acaso importa?
Importa el amor que nos legaron
y las palabras de este y del otro continente,

con las que narraban el asombro cotidiano.

En mi pueblo, Santa Ana del Yacuma,

la nación de los Movimas,
los nombres de Leónidas y Raquel,

mis abuelos paternos,
son pronunciados por niñas y niños

en las escuelas que ostentan sus nombres
y los de Nemesia y Humberto,

mis abuelos maternos,
son recordados en las cenas familiares.

En los abuelos, raíces mías,

semilla de muchas generaciones,

portadores de mi nostalgia

está el pueblo ausente.

Ellos, viejos sabios,

les contaban cuentos a sus nietos
en los que aparecían y desaparecían duendes y viuditas,
y sus rostros se transformaban en los monstruos de las leyendas.

Los abuelos de mis abuelos

creían en las aves agoreras
y en los cotidianos milagros de la Virgen.

Eran buena gente los abuelos de mis abuelos.
Y aunque no son los héroes de ninguna saga histórica,
la patria no habría existido sin los sueños de mis abuelos.

(Del poemario Bautizar la ausencia)