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Las grajillas se organizan con otras aves en dormideros comunes para hacer frente a los efectos de la transformación del paisaje

Íñigo Palacios-Martínez  Guillermo Blanco

La forma en que las grajillas sobreviven al invierno está cambiando, y con ella, las claves para conservarlas, esta es la principal conclusión que se extrae en dos artículos científicos recién publicados basados en los resultados del primer censo coordinado de dormideros de grajilla, Coloeus monedula, en España y Portugal. El censo, que ha contabilizado alrededor de 100.000 individuos detectados en 232 dormideros en la Península, confirma que más del 70 % de los lugares escogidos para pasar la noche son compartidos con otras especies, como estorninos, garcillas bueyeras, palomas torcaces u otros córvidos. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) ha liderado esta investigación que muestra cómo las aves, más allá de compartir el lugar para dormir, crean nodos ecológicos de comunidades mixtas, una red social de aves. Los resultados de este censo también apuntan al uso de entornos urbanos como lugares en los que protegerse de la depredación y demuestran que, a pesar de su abundancia en el pasado, la grajilla está experimentando un declive acusado de sus poblaciones en la península ibérica. 

Grajillas, estorninos, palomas torcaces y otros córvidos crean auténticos nodos ecológicos de comunidades mixtas de apoyo mutuo

Las ventajas de dormir acompañado

“La intensificación agrícola, la pérdida de hábitats tradicionales y la presión humana, incluida la caza, podrían estar detrás de esta tendencia tan negativa que hemos registrado en la especie”, contextualiza el investigador del MNCN Íñigo Palacios-Martínez. Los cambios en el hábitat están favoreciendo estas agrupaciones porque compartir dormidero aporta ventajas clave, como mayor protección frente a depredadores y la posibilidad de intercambiar información sobre recursos alimenticios. En los dormideros, cuya organización responde a la compatibilidad entre las especies asociadas, la disponibilidad de alimento o la creciente influencia de las actividades humanas, la grajilla suele desempeñar un papel central. “Su abundancia y comportamiento social contribuyen a estructurar los grupos, por lo que su presencia influye directamente en muchas otras especies, por eso, proteger los dormideros de grajilla significa conservar puntos calientes de biodiversidad”, matiza Iñigo Palacios-Martínez.  

Muchas grajillas duermen en entornos urbanos para protegerse, una respuesta al deterioro del hábitat que está reduciendo sus poblaciones

Los dormideros mixtos suelen albergar más individuos que los exclusivos, especialmente cuando se encuentran en árboles o vegetación palustre, y en paisajes cercanos a zonas urbanas o vertederos. “En estos entornos no hay líderes fijos: la dominancia dentro del dormidero depende del contexto, lo que refleja una gran flexibilidad social”, puntualiza el investigador del MNCN Guillermo Blanco. 

La adaptación al entorno urbano

En vez de depender de un único hábitat, las grajillas han desarrollado una estrategia flexible: utilizan áreas urbanas como refugio nocturno, mientras se desplazan diariamente a zonas agrícolas para alimentarse. Este comportamiento, conocido como urban commuting, les permite aprovechar la seguridad de las ciudades, donde hay menos depredadores y presión cinegética, sin renunciar a sus recursos alimenticios tradicionales, como semillas e invertebrados en campos de cultivo y pastizales. “Las grajillas están adoptando una estrategia, pero dependen de campos agrícolas cada vez más degradados para alimentarse. Esto incrementa los costes energéticos diarios y podría estar contribuyendo a su declive poblacional”, explica Iñigo Palacios-Martínez.

Los modelos predictivos del estudio indican que, si se excluyeran los hábitats urbanos, existirían muchas más áreas potencialmente adecuadas para la especie, lo que sugiere que la urbanización no está expandiendo el nicho de la especie, sino forzando un repliegue hacia refugios humanos ante la pérdida de calidad del medio rural.

Implicaciones para la conservación de aves comunes

Ambas investigaciones ponen de relieve que entender cómo y por qué las aves comparten espacios como los dormideros es esencial para anticipar el impacto de la transformación del territorio y diseñar estrategias eficaces de conservación. 

Entre las medidas prioritarias que se desprenden del estudio se incluyen la conservación de arboladas y humedales, la protección de paisajes agrícolas extensivos y la revisión de prácticas como la caza de especies en declive. Además, los investigadores advierten de que los conflictos crecientes en entornos urbanos deben abordarse desde la gestión preventiva y no desde la persecución. “Proteger los grandes dormideros comunales significa proteger redes enteras de especies que dependen de ellos, porque la pérdida de grajillas puede tener efectos en cascada sobre otras aves de medios agrícolas”, concluye Guillermo Blanco. 

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