Es la palabra que más usan en tiempos de campañas los candidatos. Prometen el cambio en todos los niveles y en todas las medidas. Incluso prometen cambio los que buscan ser reelegidos.
Si usted le pregunta a Google o a la IA la cantidad de menciones de la palabra cambio en la política, ambas herramientas tecnológicas, no tienen la respuesta precisa, pero que se la usa para todo momento, espacio, lugar y tiempo. Es considerada una de las palabras y eslóganes más repetidos históricamente en el marketing electoral y los discursos populistas para capitalizar el descontento social.
La habilitad y la astucia política del MAS fue impregnar y sellar la palabra PROCESO DE CAMBIO desde el principio y mientras duró sus mas de veinte años de gobierno. Eso caló hondo en las clases populares, en los intelectuales, en los analistas, en los profesores de la izquierda o los que se creen revolucionarios.
Incluso el Papa Francisco dijo: Qué bonita palabra y se escucha lindo: el proceso de cambio.
Dejamos el pasado atrás, pero no para olvidarlo ni para enterrarlo, sino como dice el escritor norteamericano, Michael Lowy: “No implica un retomo al pasado, sino un rodeo por el pasado hacia un nuevo porvenir…”.
Pero la palabra cambio siempre estará presente, y se la usará con fines electorales. Así como arengó y flameó el presidente Rodrigo Paz, que en tiempos de campañas, nos prometió el cambio en todo el aparato del Estado: cambio de políticas, de autoridades, de mentalidad, de la forma de ejercer el poder, de administrar los recursos económicos, cambio, cambio, cambio hasta en la sopa.
Pero a estas alturas nos preguntamos ¿qué cambió? ¿quién cambió? ¿hubo algún cambio?
Las respuestas la tendrán ellos, los del poder; pero al observar los acontecimientos el cambio se estancó, se paralizó ni bien empezaron a ejercer la gestión pública o el cambió también está bloqueado, pero lo está desde el interior del gobierno. No está con piedras, palos, arenas o dinamitazos de factores externos.
El cambio se hace esperar y grita a pulmón lleno que el pueblo sienta las primeras señales de cambio en los gobernantes, que no solo pasa por un simple anuncio de rebaja de los salarios del Presidente y ministros de Estado. Son maquillajes o anuncios sin efectos.
El cambio al parecer está bloqueado, porque desde el primer momento, Paz, Lupo, Espinoza, Oviedo, Justiniano, Bascopé, Lara y otros del poder no supieron ni pudieron manejar este grave conflicto de los bloqueos desde el principio y dejaron que la protesta crezca de forma peligrosa. Si hubiera existido un cambio real desde el primer día de sus gestiones, ante la primer alerta o anuncio de marchas o bloqueos, lo primero que se hace es contener y aplacar el descontento. Y dar respuestas a sus demandas.
“Hay una manera de contribuir al cambio, y es no resignarse”, decía el escritor argentino, Ernesto Sábato. Eso lo haremos desde la ciudanía y haciendo uso de nuestros derechos a la libre expresión, la opinión, a la participación y a indignarnos si el cambio no vaya a cambiar nada.